Latin Lover, el bailarín que conquistó la lucha libre y domó el espectáculo mexicano

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Latin Lover durante la conferencia de prensa de Triplemanía XXX. (Jaime Nogales/Medios y Media/Getty Images)
Latin Lover durante la conferencia de prensa de Triplemanía XXX. (Jaime Nogales/Medios y Media/Getty Images)

Latin Lover provocaba revuelo en cada presentación arriba de los encordados. Un deportista de entretenimiento de su calibre no era aceptado en la escena de la lucha libre profesional. Encontró en el baile una herramienta para forjar su estilo y romper con la tradición del cuadrilátero. Acalló las críticas con trabajo. Se distinguió como una estrella. Aun en su paso a la televisión, nunca dejó de brillar.

Desde muy temprana edad, Víctor Manuel Reséndez Nuncio tomó a su padre con un ejemplo. Su mentor jugó al beisbol, lo amaba de forma incondicional, anhelaba que uno de sus hijos entregara su vida al diamante. A los 13 años, alzó la mano con tal de cumplir esa promesa. Pero, en el camino, descubrió que ese sueño no le pertenecía. Él sólo quería hacer pesas como un loco y bailar hasta el cansancio.

No deseaba que, derivado de sus 1.82 metros de altura y 67 kilogramos de peso, en la escuela siguieran apodándolo “La Tripa”. El gimnasio lo cambió por completo. El físico que construyó provocó que se olvidara del mote. En suma, conoció a un grupo de atletas que ejercían como strippers. Jamás se le había presentado una oportunidad tan perfecta para enaltecer su ilusión.

Latin Lover gana el Premio Arlequín en 2019. (Medios y Media/Getty Images)
Latin Lover gana el Premio Arlequín en 2019. (Medios y Media/Getty Images)

Durante el inicio de la aventura, montaba los performances de sus compañeros. Luego, se inmiscuyó de lleno en las tarimas de Monterrey. Entonces, probó suerte en San Antonio, Texas. No tenía pasaporte, así que modificó los documentos de identidad de su hermano para cumplir el sueño americano. Retornó a casa con el estatus de un consagrado.

Procuró ganar más dinero, requería abastecer a su familia. Impartía clases como instructor personalizado. A la par, sostenía un negocio de hamburguesas con su esposa. En las noches, retomaba el striptease junto a su agrupación: Los Latin Lovers. En realidad, siempre tuvo madera para el espectáculo. Su vuelco al pancracio resultó una casualidad que deleitó su corazón.

El promotor Carlos Elizondo acudía al gimnasio donde a menudo se encontraba. Bajo la premisa de “para ser luchador hay que parecerlo”, alabó su cuerpo. Lo instó a ingresar al circuito. Le obsequió boletos para un show en el que aparecieron El Vampiro Canadiense, Konnan y Mil Máscaras. Los tres estandartes de la época fijaron su convicción: su siguiente paso era establecerse como un gladiador.

Entrenó por seis meses en la Arena Solidaridad. Allí, fue seleccionado por un productor de cine como doble en una escena de lucha. La leyenda Sangre Chicana, con el que compartió el rodaje y que después lo despojaría de su máscara, reconoció que estaba listo para debutar en los noventa. Pese a su nula experiencia sobre la lona, Elizondo no dudó en programarlo para futuros combates.

Víctor Manuel Reséndez Nuncio se apropió de Latin Lover. No eludió lo que mejor sabía hacer: bailar. Lo disfrutaba como nadie, solo que tuvo que lidiar con la crítica. Compañeros como El Satánico y Pierroth lo golpeaban de más en sus primeras batallas, debido a que lo consideraban como un elemento profano. Creían que su personaje echaba abajo el respeto que merecía la lucha libre.

Latin se consolidó como un pilar del norte del país, de ahí que intentó robarse los reflectores de Ciudad de México. Llegó al Consejo Mundial de Lucha Libre, en que imperaba la seriedad. No era capaz de danzar con la plenitud que acostumbraba. Tras su paso a Lucha Libre Triple A, explotó como un imán de taquilla. Su imagen reforzaba la presencia femenina en los coliseos.

La Caravana Estelar lo vendió al público como un sex symbol. Cada que desfilaba hacia el ring, se quitaba la ropa. Y sí, bailaba más de lo que luchaba, pero tenía éxito. Aún así, conquistó el Rey de Reyes y la Copa Triplemanía, dos de los torneos más importantes de la empresa. Se mantenía en la cima. Tenía dinero, fama, prestigio; dominaba nuevos horizontes en el deporte-espectáculo.

Juan Osorio, productor de Televisa, no le perdió la pista. En 2003, lo contactó para ofrecerle un rol en una telenovela. 'Velo de novia' fue el punto de partida de una larga carrera en la actuación. De a poco, abandonó la lucha libre. Era su turno de despegar en los foros.

Su reconocimiento se extendió al retornar como stripper en obras de teatro y adaptarse como presentador. También al triunfar en competencias de baile: le daba lo mismo acabar con los sueños de mexicanos y rumanos. Hasta en 'Roma' participó, el filme del director Alfonso Cuarón que fue galardonado con el Oscar a Mejor Película Extranjera de 2018.

A finales de abril de 2022, Lucha Libre Triple A le brindará un homenaje en su ciudad natal. Un deportista de su jerarquía, que se encargó de ampliar la difusión de su producto a niveles inimaginados, no podía pasar desapercibido en la celebración de sus treinta años de historia como compañía. La polémica acompañó su recorrido, él la tomó como impulso para destacar.

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