Último Guerrero, el soldador que arriesgó todo por la gloria, incluida su máscara

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Oriundo de Gómez Palacio, Durango, Último Guerrero es uno de los luchadores más importantes de México desde los años noventa. (Foto: Faustino Alcántara)
Oriundo de Gómez Palacio, Durango, Último Guerrero es uno de los luchadores más importantes de México desde los años noventa. (Foto: Faustino Alcántara)

Último Guerrero es uno de los luchadores más influyentes del Consejo Mundial de Lucha Libre. Padeció con tal de hacerse de un nombre en el pancracio, pero valió la pena. A sus 50 años, es uno de los gladiadores más condecorados de México. Su máscara cayó, aunque él nunca se dio por vencido. Es un guerrero de mil batallas. Está en otro nivel y no le avergüenza demostrarlo.

“Eres una estrella, una moda, el más fuerte, el número uno, el que lo ha ganado todo. Lo que te mantiene es la dedicación. Siempre he trabajado mi estilo en el gimnasio. Me dediqué a ser original, debes dar el ejemplo a las siguientes generaciones. La gente aún quiere ver a Último Guerrero por cómo lucha y cómo se entrega. Estoy muy contento con mi carrera”, contó a Yahoo Deportes.

El vínculo de José Gutiérrez Hernández, el hombre que le da vida al personaje, con la lucha libre derivó del apoyo de sus progenitores. Desde los nueve meses, su padre lo llevaba en brazos a los shows de la Plaza de Toros de Torreón. Conforme creció en Gómez Palacio, Durango, juntos también disfrutaban del boxeo y el béisbol.

A la par, su madre le compraba juguetes de luchadores y cuadriláteros de triplay, así como máscaras. El interés por adentrarse de lleno en la industria se volvió realidad cuando estudiaba la secundaria. Con 15 años ingresó a una “arenita” de la colonia Sacramento para practicar lucha amateur. Optó por no despedirse jamás de la lona. Su debut fue una mezcla de casualidad y compromiso.

“Hacían funciones los sábados. Como faltó alguien, me propusieron. Dijeron ‘ahí está el que siempre se queda a entrenar’. Subí a pelear a la primera lucha; casi descalzo, con unos calcetones nada más. Uno de los maestros, Toñito El Detector, preguntó por mí. Me dijo que al día siguiente empezaría a entrenar con los profesionales”, recordó acerca de su primera aparición, en que le asignaron el mote de Cóndor Dorado.

Ese momento lo dotó de ímpetu para convertirse en una megaestrella. Sin embargo, lo orilló a tomar una de las decisiones más desafiantes de su vida: abandonó el bachillerato con tal de enfocarse por completo en el deporte-espectáculo. “Le prometí a mis padres no ser un luchador del montón. Me salí de la prepa cuando me faltaba un semestre. Aunque acabé cuatro cursos de soldadura: eléctrica, autógena, corte con soplete y pailería”.

Entrenó en el Palacio de los Deportes de Torreón con Halcón Suriano, el profesor más galardonado de la Comarca Lagunera. Aprendió de Gran Markus, uno de los gigantes de la región del noreste mexicano. A su vez, reconoció a otro de sus mentores: Asterión, quien le dedicó un tiempo adicional para elevar sus cualidades en los encordados. En 1990 estaba listo para exhibir su talento.

Una conexión con el pasado le permitió llegar a la gloria. Se unió con Super Punk, gladiador que había sido su compañero de escuela. Derivado del matiz de su aliado, inició con el proceso creativo para que ambos compaginaran. De ahí que adoptó el personaje de Flanagan, inspirado en una de las creaciones del comediante Héctor Suárez. El grito “Queremos rock” nunca había tenido tanto sentido.

La fama de la pareja de rudos aumentó hasta las nubes, eran las estrellas más ilustres de La Laguna. Ocasionalmente deslumbraban a los fieles de Monterrey. Querían tomar nuevos desafíos más allá de la zona. En 1995 surgió una aventura. Panterita del Ring, hermano de Super Punk e ídolo del norte del país, los invitó a probar suerte en Ciudad de México. No tenían ningún contrato seguro, pero querían ganarlo todo.

Fuerza Guerrera y Blue Panther, dos de los estetas del pancracio, los cobijaron. Les permitieron dormir debajo de un ring, por dos años, en un gimnasio ubicado en Iztapalapa. Fuerza Guerrera le ofreció trabajo en una fábrica de veterinaria en La Merced. Debido a sus conocimientos de soldadura, su labor era clave en la construcción de jaulas para animales.

“Prácticamente llegas de la provincia sin nada, únicamente con ilusiones y hambre de triunfo en la maleta. No te conoce nadie. Conseguí cobijas y ropa. Diario comía un kilo de tortillas y dos aguacates. De repente me iba mejor, así que compraba frijolitos y un huevo. Es difícil, te desanimas. Piensas que si vas a trabajar de soldador, es mejor hacerlo en tu tierra. Pero quería ser un luchador reconocido: cuando batallas para ser algo lo valoras más al estar arriba. Eso te hace no despegar los pies del piso”.

Último Guerrero durante una rueda de prensa del Consejo Mundial de Lucha Libre con Blue Panther (izquierda) y Lizmark Jr. (centro) en 2007. FOTO: ISAAC ESQUIVEL/CUARTOSCURO.COM
Último Guerrero durante una rueda de prensa del Consejo Mundial de Lucha Libre con Blue Panther (izquierda) y Lizmark Jr. (centro) en 2007. FOTO: ISAAC ESQUIVEL/CUARTOSCURO.COM

Gutiérrez Hernández encontró en la empresa Promo Azteca una oportunidad para relanzar su carrera. En ella, volvió a echar mano del oficio que adquirió en su tierra natal: edificó las estructuras de iluminación que el consorcio utilizaba en sus shows. Él era el encargado de darles forma y desarmarlas una vez terminadas las presentaciones. Tampoco dejó de competir, sólo que el promotor de la compañía tenía otros planes.

Ricardo Reyes consideró que las identidades de Super Punk y Flanagan no encajaban con los estándares de la afición capitalina; por lo que forjó las de Último Rebelde y Último Guerrero. Para rediseñar a la dupla se inspiró en el maquillaje de los estadounidenses Road Warriors, que aparecían en la WWE. Los dos modificarían su imagen con el tiempo.

La propuesta de un duelo de apuestas al lado de su colega le hizo replantear sus objetivos. Argumentó que no se sentía preparado para afrontar un choque de tal magnitud. Aún era muy temprano en el trayecto para arriesgarlo todo. Declinó la oferta y tocó a la puerta del Consejo Mundial de Lucha Libre. No obstante, requería diferenciarse en el plano individual. Su paisano Ángel Azteca, exluchador que hacía de mascarero, le regaló la tapa que lo resguardaría por más de 25 años. Lo mejor estaba por venir.

En diciembre de 1997 despegó dentro del Embudo de la Lagunilla. El sacrificio no fue en vano; el esfuerzo había rendido frutos. Pronto viajó a Japón como parte de una gira, despojó de su incógnita a Mr. Águila, conquistó el torneo La Gran Alternativa bajo la tutela de Blue Panther. Estaba designado a ser el próximo gran proyecto del CMLL.

La máscara de Último Guerrero es una de las más representativas dentro del Consejo Mundial de Lucha Libre. FOTO: ISAAC ESQUIVEL/CUARTOSCURO.COM
La máscara de Último Guerrero es una de las más representativas dentro del Consejo Mundial de Lucha Libre. FOTO: ISAAC ESQUIVEL/CUARTOSCURO.COM

El último de su estirpe no falló en el intento. Alineó con El Satánico, uno de los maestros más respetados de la nación. Cargó con múltiples cinturones en solitario, al igual que en la división de parejas y de tríos. Desfiló por Estados Unidos, Japón, Francia e Inglaterra. Con sangre y sudor destronó de su máscara a Villano V, hecho que no logró repetir frente a Atlantis en 2014.

“Tuve un pique con Atlantis, otro pilar de la lucha libre. Se partió mi carrera en dos. Fue una pérdida muy dolorosa, era como un escudo para intimidar e ir a la guerra. Pero un guerrero no es el que gana la batalla, es el que regresa sin miedo. José le dio vida a esa máscara, José tenía que darle vida al personaje de Último Guerrero aún sin ella”

Último Guerrero continúa en los planos estelares, sólo que ahora trata de potenciar la faceta de guiador en la que lo encomendaron desde la década del 2000. La confianza que la empresa le transmitió, en dicha época, fue tan grande que asesoró a atletas japoneses del calibre de Hiroshi Tanahashi y Shinsuke Nakamura para que entendieran mejor el estilo de lucha mexicana.

Admite que no le gusta que lo llamen “maestro”, pues su única función es la de aconsejar mediante la experiencia. Ayudó a cimentar la categoría femenil y la de las microestrellas del Consejo Mundial. Cada semana entrena a jóvenes en sus gimnasios de las colonias Apatlaco y Morelos en Ciudad de México. Sonríe cuando escucha las menciones de Bandido y Templario, dos de sus alumnos más laureados. En la actualidad, procura el desarrollo del hijo de su verdugo: Atlantis Jr.

Último Guerrero posa junto al réferi El Mosco y promesas del pancracio que entrenan junto a él: Tacle 83, Blaze, Tonalli, Thunder Storm, Troyano, Lasser, Reptil, Hijo de Stuka, Cachorro, Último Rebelde Jr. y El Estudiante Jr. (Faustino Alcántara)
Último Guerrero posa junto al réferi El Mosco y promesas del pancracio que entrenan junto a él: Tacle 83, Blaze, Tonalli, Thunder Storm, Troyano, Lasser, Reptil, Hijo de Stuka, Cachorro, Último Rebelde Jr. y El Estudiante Jr. (Faustino Alcántara)

Lleva más de 30 años en el circuito, pero toma la canción “Seré” de José José como aliciente para seguir en marcha. No le interesa ser el rudo del cuento, la gente lo acepta tal cual es. Sabe que su corazón es el de un técnico de cepa. El de un guerrero que sorteó un sinfín de obstáculos con tal de cumplirle una promesa a sus padres: regresar a Gómez Palacio como uno de los luchadores más emblemáticos de México.

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