Súper Muñeco, la muerte del héroe cuyo poder fue la fantasía desde la tercera cuerda

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Súper Muñeco, el líder del Trío Fantasía, en una sesión de fotos efectuada en septiembre de 2021. (Aidee Martinez/Eyepix Group/Barcroft Media vía Getty Images)
Súper Muñeco, el líder del Trío Fantasía, en una sesión de fotos efectuada en septiembre de 2021. (Aidee Martinez/Eyepix Group/Barcroft Media vía Getty Images)

El clamor y la nostalgia son sentimientos que solo las figuras más reconocidas del deporte logran transmitir de manera simultánea a sus fanáticos. El fallecimiento de Súper Muñeco es la representación equivalente en la lucha libre. Partió el héroe que cautivó a una generación entera, integró una de las tercias más icónicas del pancracio y despojó de sus máscaras a más de ochenta gladiadores. El show deberá continuar, pero la fantasía será eterna.

Una herida en la cabeza, a causa de una caída, había provocado complicaciones en la salud del referente mexicano. El 23 de enero fungió como el máximo galardonado de un homenaje en Los Ángeles, California; el último que recibió por haber liderado al Trío Fantasía, agrupación que formó con Súper Ratón y Súper Pinocho, y que dejó huella desde la década de los ochenta. ¿Quién dijo que los personajes cómicos no podían enamorar a los fieles de la disciplina?

A diferencia de sus apariciones públicas anteriores, entró en escena en una silla de ruedas. Agradeció a sus espectadores por el apoyo recibido a lo largo de su carrera. Algunos días más tarde, fue hospitalizado en Ciudad de México, donde perdió la vida a los 59 años. Los vitoreos del “Muñeco, Muñeco” se extenderán hasta la Arena Celestial.

Y es que la grandeza de Súper Muñeco reside en su capacidad por cambiar la dinámica del espectáculo: ayudó a reconfigurar el arquetipo del luchador azteca. Encontró un factor llamativo, muy distinto a los estándares de la época, para conectar con el público. Abandonó la rudeza que heredó de su padre Alejandro Palafox Montiel, pues descubrió que era un técnico de cepa. Decidió no ser más un sanguinario, pues buscaba ser fiel a sus adentros.

Un consejo de su novia, quien se convirtió en la artífice de su éxito, lo orilló a reflexionar. No encajaba con un rol atroz, tenía claro que poseía un buen corazón. A la par, la efervescencia de Cepillín invadía al país entero. Entonces, pensó en repetir la fórmula, en trasladar esa parte de la cultura televisiva hacia el cuadrilátero. Era tiempo de ser un payaso. Pero no uno temido, sino uno de los buenos.

Así nació la idea en torno a Súper Muñeco, el frenesí de la juventud. Un estandarte que empatizó con los niños y adultos que seguían la lucha libre mexicana. Con una sonrisa en la máscara, una nariz roja y un par de estrellas en los ojos; a su vez, con la cabeza destapada. Un fenómeno que despertó una nueva chispa en el ring, dispuesto a romper con la monotonía del entorno.

No le importó que no lo tomaran en serio. Eludió el veneno de las críticas y echó abajo los comentarios destructivos. Quería hacer las cosas a su modo. La inspiración en la caricatura también le sirvió a sus aliados para forjar sus personajes. Para 1986, el Trío Fantasía no permanecía más en la imaginación de sus impulsores, era una realidad.

El equipo desfiló por los coliseos y empresas más importantes de México, juntos ganaron el Campeonato de Tríos del Distrito Federal. Mezclaron su conocimiento de lucha olímpica con el calor de los reflectores. Ganaron las tapas de Los Thundercats, Las Tortugas Ninja y Los Black Hunters; colisionaron con otras facciones como Los Fantásticos, Los Brazos, Los Cocos y Los Misioneros de la Muerte.

En el terreno individual, Súper Muñeco destacó como casi nadie en el deporte. Salió airoso en más de cien combates de apuesta. Destapó a gladiadores como Ángel o Demonio, El Hijo del Huracán Ramírez y Médico Asesino Jr. Asimismo, se apropió de ciertas cabelleras de prestigio como las de Adorable Rubí, Ray Richard, Bronco y Scorpio Jr.

Se aferró a tal grado a su incógnita que nadie fue capaz de revelarla encima de los encordados. Siempre sobrepasó las espaldas planas y las sumisiones con tal de mantenerla intacta. La máscara lo acompaña aún tras su deceso. Miles de aficionados lamentan el adiós de un ídolo que sólo procuraba repartir sonrisas arriba del cuadrilátero.

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