Todos fueron Isaiah Thomas, ahora todos deben volver a ser los Celtics

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 La imagen de Isaiah Thomas derrumbado antes del partido, la de sus lágrimas mientras sonaba el himno de Estados Unidos, el suspiro desmedido cuando lideró la salida de sus compañeros a pista.

Las lágrimas del base de Boston Celtics fueron comprendidas por todos los que fueron conscientes que tan solo 37 horas antes, su hermana había fallecido en un accidente de tráfico con tan solo 22 años de edad.El mundo se le cayó encima y el resto de los mortales empatizaron con el dolor de la estrella del equipo mejor clasificado de la Conferencia Este. Claro que como en todo, siempre hay excepciones.

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El exjugador y comentarista de TNT, Charles Barkley, fue la única voz que le puso un ‘pero’ a la actitud de Thomas tras afirmar que a él le incomodaron sus lágrimas. 

“No estoy seguro sobre qué decir. No me siento cómodo viéndole en la banda llorando de esa manera. Me incomoda. Me dice que eso significa que no está en forma para jugar. No sé como irá la noche pero el verle llorando minutos antes del partido es algo que me incomoda”, afirmó. 

Bien preso de la audiencia y el show televisivo o bien porque realmente Barkley pensó de esa manera, lo cierto es que la figura se olvidó de que la cuestión no era si a él le incomodaba o no ver a Thomas de esa manera, sino las agallas de estar presente. Sus palabras sonaron a “soy el ombligo del mundo” y su punto de vista no tuvo sentido alguno.

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La presencia de Thomas en el primer partido de la serie ante Chicago Bulls dijo mucho de la capacidad de sacrificio del jugador de menos envergadura de la competición. Habló de su compromiso con el equipo, con sus compañeros, con el cuerpo técnico y con la afición. Estar presente fue suficiente para alabar su acción. 

Me pregunto qué hubiera hecho Barkley en idénticas circunstancias. No haber asistido al juego también habría sido motivo de crítica, o acaso no se acuerdan de los dardos que la prensa de Boston lanzó contra Al Horford cuando se perdió el juego de comienzos de temporada ante Miami Heat para estar presente en el nacimiento de su hija. 

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Nunca llueve a gusto de todos y a Thomas no se le puede negar su valentía. Se puede batallar con lágrimas, porque por encima de todo se es soldado. Y si nos ponemos pragmáticos, no hay duda de que los Celtics son mejores con un Isaiah a medio gas que sin él. Y así lo demostró, porque a pesar de la derrota en casa, el jugador logró 33 puntos en 38 minutos. Nada, absolutamente nada que reprocharle, todo lo contrario. 

La realidad es que el golpe de la muerte de Chyna Thomas no sólo afectó al jugador, sino al equipo al completo. Se trata del individuo con más peso en el equipo, del jugador más importante y de uno de los más queridos. Isaiah es muy particular, pero se le quiere y la piña se vio fracturada con la muerte de su hermana. La duda es ahora, cómo se sobrepondrá el plantel y de si serán capaces de afrontar el resto de la serie con la moral más alta.

El domingo, todos fueron Thomas. Ahora es necesario que todos vuelvan a ser los Celtics

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