Dos nuevas polémicas en la Libertadores

Jorge Chusit

La polémica es parte integral del fútbol de su ADN. De ahí que existan tantas controversias respecto a la utilización o no de la tecnología.

No hay partido en el que no haya jugadas que deriven en discusiones, en interpretaciones opuestas que generen peleas y acusaciones.

Este miércoles, en una nueva jornada de la Copa Libertadores se dieron dos episodios que se enmarcan en ese entorno.

Uno fue en Colombia, donde Independiente Medellín recibía a River Plate por el Grupo 3. Para comenzar, ese partido no debió haberse jugado. La lluvia torrencial anegó el campo de juego del Atanasio Girardot a tal punto que el árbitro Wilton Pereira Sampaio interrumpió el partido a los 25 minutos.

Luego de una hora de debates, se reanudaron las acciones e inmediatamente se produjo una jugada polémica, cuando Andrés Mosquera derribó a Lucas Alario en el borde del área y el juez marcó la pena máxima.

¿Fue penal? Para mí, sí. Más allá de que el delantero argentino supo sacar provecho de las condiciones del campo de juego, el defensor colombiano fue demasiado fuerte, con fuerza desmedida, desplazándolo. Torpeza de Mosquera que sabiendo de las condiciones en las que se estaba jugando no supo controlar su temperamento.

La segunda se produjo en Brasil en el partido que protagonizaron Palmeiras y Jorge Wilstermann. Hubo una terrible entrada del visitante Juan Pablo Aponte a Miguel Borja.

Fue lisa y llanamente criminal y mereció tarjeta roja directa que el árbitro chileno Eduardo Gamboa no marcó. Por el contrario sólo lo amonestó. Una barbaridad.

Dos polémicas. Una para mí clara, la otra para llamarle la atención a un juez que actuando de esa manera no hace más que favorecer la violencia en el fútbol.

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