Al límite de una nueva tragedia

Jorge Chusit

Parece que la tragedia de Chapecoense no dejó ninguna enseñanza. Se sigue improvisando, se siguen utilizando recursos ajenos y alejados a lo correcto.

Ya es más que conocido el luctuoso hecho que sufrió el plantel brasileño cuando viajaba en un avión que no contaba con las condiciones necesarias para hacer el trayecto que tenía asignado.

Todo por querer ahorrar en lo que no se debe. Hay situaciones en las que hay que recurrir a elementos confiables, en este caso preciso en aerolíneas que cumplan con los requisitos mínimos de confiabilidad y profesionalismo.

Este fin de semana el plantel de Racing Club, que regresaba de Córdoba luego del partido que disputó con Belgrano por el torneo argentino, experimentó un suceso que no se transformó en tragedia de milagro.

En el momento del despegue una de las puertas de la pequeña aeronave se abrió, pero la rápida acción de los propios integrantes de la delegación, que a los gritos le avisaron al piloto, evitaron una posible catástrofe.

¿Vale la pena llegar a estos límites? ¿Es que un club como Racing no tiene los recursos para viajar en aviones comerciales, muchos más seguros y confiables que esos pequeños aparatos?

Muchas preguntas que deberían ser aclaradas por los responsables de semejantes desatinos.

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