Soy científico neurólogo y dejo que mi hijo juegue al fútbol americano

Peter Cummings, neuropatólogo, decidió que permitiría que su hijo Fionn Parker-Cummings jugara al fútbol americano (Cortesía de Peter Cummings).

Por el doctor Peter Cummings

Mi nombre es Peter Cummings. Soy patólogo forense y neuropatólogo, lo cual significa que estudio los traumas cerebrales a lo largo de la vida. También soy entrenador de fútbol americano y dejo que mi hijo de 11 años juegue a este deporte. Puede que sea el único neuropatólogo del planeta que permite que su hijo juegue al fútbol americano.

Llegar a esta decisión fue una empresa seria y resultado de muchas horas dedicadas a indagar en revistas médicas y libros de reglas del fútbol americano.

Antes de comenzar este viaje, el fútbol americano estaba prohibido en mi casa. Ni siquiera lo sintonizábamos en la televisión porque no quería que mi hijo lo viera y le generara el deseo de jugar. A pesar de mis esfuerzos, descubrió el fútbol americano a través de un videojuego. Inmediatamente se enamoró de este deporte y me vi obligado a hacer un análisis serio: ¿debería permitirle que siga sus intereses y que juegue?

Sinceramente, me daba miedo la encefalopatía traumática crónica.

En palabras comunes, la encefalopatía traumática crónica significa daño cerebral causado por lesiones reiteradas. El sello distintivo de la encefalopatía traumática crónica es la deposición en el cerebro de la proteína llamada “Tau”. Las Tau tienen una serie de funciones, incluida la estabilización de la estructura de las neuronas. Cuando las neuronas son dañadas, se acumulan las proteínas Tau y eso puede causar problemas.

Hay un artículo publicado recientemente en el que se detectó encefalopatía traumática crónica en los cerebros del 99% de los antiguos jugadores de la Liga Nacional de Fútbol americano examinados. Los hallazgos de este estudio llevaron a los medios de comunicación al frenesí y se produjo mucha prensa negativa hacia el fútbol americano. Como resultado de la atención mediática, las personas están diciendo que el fútbol americano juvenil debería desaparecer. Incluso hay quienes insinúan que estoy abusando de mi hijo al permitirle jugar al fútbol americano.

La gente está saliendo del constante bombardeo mediático con la creencia de que las conmociones cerebrales son la causa única y directa de la encefalopatía traumática crónica, de que la mayoría de jugadores de fútbol americano tienen encefalopatía traumática crónica, y de que esta ha llevado a muchos futbolistas a convertirse en personas violentas, al suicidio y a desarrollar demencia.

Tenía la misma impresión antes de decidir indagar en profundidad, pero cuando me puse a leer literatura sobre encefalopatía traumática crónica, descubrí que las evidencias científicas para respaldar el relato mediático eran escasas. De hecho, encontré evidencias en sentido opuesto y toda una producción científica que en gran medida está siendo ignorada.

No estoy solo. Varios investigadores y miembros de la comunidad científica también están expresando serias dudas en torno a que la ciencia esté vinculando los golpes y la encefalopatía traumática crónica.

De hecho, no queda totalmente claro si la encefalopatía traumática crónica es algo exclusivo de una lesión cerebral traumática. También se han visto patologías de este tipo en cerebros de personas que han muerto de epilepsia y que no tenían antecedentes de traumatismo craneal. Hay casos de muerte por sobredosis de opioides en los que los cerebros tenían señales de envejecimiento prematuro, incluida la acumulación de Tau. Esto podría sugerir que existen otros factores atenuantes que hacen que haya personas más propensas a desarrollar encefalopatía traumática crónica que otras.

La replicación y la verificación independiente son dos pasos cruciales en los procesos científicos. Sin embargo, muchos hallazgos asociados a la encefalopatía traumática crónica no han superado estas pruebas. Al contrario de lo que aparece en los titulares, hay varios investigadores que no han observado una relación significativa entre el hecho de jugar al fútbol americano y el riesgo de violencia, suicidio y demencia entre la población que practica este deporte. Es más, los estudios han demostrado una menor tasa de mortalidad debido a violencia y suicidio en jugadores de la NFL en comparación con la población en general.

Ninguno de estos estudios llega a ocupar los titulares, por no hablar de las notas al pie de página en la mayoría de noticias publicadas en los medios de comunicación. Así, cuando los titulares declaran: “Encefalopatía traumática crónica detectada en el cerebro del 99% de jugadores de la NFL muertos”, esto solo hace que azuzar el miedo a esta patología neuronal. Están dando por hecho, igual que hice yo al principio, que el 99% de jugadores de fútbol americano tendrán encefalopatía traumática crónica.

Pero uno debe tener cuidado a la hora de interpretar los titulares, y te diré por qué:

La población estudiada en el artículo más reciente sobre la encefalopatía traumática crónica representa una muestra sesgada, tal y como lo reconocieron los mismos autores. Esto significa que únicamente fueron estudiados los cerebros de las personas autoseleccionadas que tenían síntomas neurológicos mientras vivían. Esto es importante porque esta muestra no refleja la población general que juega al fútbol americano. El estudio se basó en 202 cerebros de entre millones de personas que han jugado a fútbol americano; 111 de los cuales fueron jugadores de la NFL.

Así que, cuando uno escucha que el “99% de jugadores de fútbol americano han sufrido encefalopatía traumática crónica”, eso no significa que casi todos los jugadores van a tener encefalopatía traumática crónica, y no significa que tus hijos tengan un 99% de posibilidades de desarrollar encefalopatía traumática crónica si juegan al fútbol. Simplemente quiere decir que el 99% de una muestra concreta seleccionada para un estudio tuvo algún grado de encefalopatía traumática crónica; y no el 99% de la población que juega al fútbol. Se trata de una distinción importante.

Debido a este sesgo en el muestreo, no podemos estimar la prevalencia o incidencia de la encefalopatía traumática crónica (es decir, el número total de casos y el número de casos que se esperan cada año entre jugadores de fútbol americano). Tampoco podemos determinar riesgos o relaciones de causa-efecto entre las lesiones en la cabeza y el desarrollo de encefalopatía traumática crónica; para eso se necesita una muestra de población seleccionada de forma aleatoria compuesta por personas que sufran la enfermedad y otras que no la sufran.

Es decir, no disponemos de la fotografía completa sobre qué es lo que causa encefalopatía traumática crónica, qué tan común es o cuáles son las posibilidades de que cualquier persona la sufra, o incluso qué síntomas, si es que los hay, están vinculados a la encefalopatía traumática crónica.

El hijo de Peter Cummings, Fionn Parker-Cummings, asistió al estadio de los Patriots y se hizo una foto con la estrella Julian Edelman (Cortesía de Peter Cummings).

La mayoría de los casos de encefalopatía traumática crónica publicados son exjugadores de la NFL. Cómo el fútbol americano puede afectar a los cerebros de nuestros jugadores jóvenes es una pregunta que la investigación no ha contestado aún.

A pesar de la falta de casos y pruebas, algunos investigadores del ámbito de las conmociones cerebrales han declarado que los niños no deberían jugar al fútbol americano hasta llegar a la escuela secundaria. Hay quienes incluso claman por el final del fútbol juvenil en su conjunto.

Ellos reforzaron su opinión con un artículo publicado en 2015 en el que se concluía que los exjugadores de la NFL que comenzaron a jugar al fútbol americano antes de los 12 años eran más propensos a experimentar problemas neurocognitivos a largo plazo. Sin embargo, un estudio más reciente llevado a cabo con jugadores de la NFL retirados –publicado el año pasado por un grupo diferente de la Universidad de Vanderbilt– no encontró asociaciones entre la edad de exposición inicial al fútbol americano y resultados neurológicos adversos posteriores.

Otros grupos de investigadores no han encontrado vínculos significativos entre jugar al fútbol en la escuela secundaria y un mayor riesgo de déficits cognitivos en el curso de su vida.

Dos artículos separados de la Clínica Mayo fracasaron en demostrar un aumento de la demencia entre exjugadores de fútbol americano en escuelas secundarias en comparación con otros deportistas y no deportistas que asistieron a la escuela secundaria entre 1946 y 1956. Otro estudio, publicado a finales de agosto, también fracasó a la hora de comprobar déficits cognitivos en exjugadores de fútbol americano de Wisconsin en su período en la escuela secundaria en los años 50.

Se podría alegar que el fútbol americano era diferente en los años 40 y 50 y que los jugadores de hoy son más fuertes, rápidos y sufren más golpes, pero también se debe tener en cuenta que el fútbol americano era más violento en aquel entonces. Era una época en la que se prestaba menos atención a las cuestiones de seguridad. Ciertamente el equipamiento ofrecía menos protección.

El fútbol americano está en crisis, al menos en parte, porque la cobertura sensacionalista de los medios está generando una falsa impresión de la validez de lo que la ciencia dice sobre la encefalopatía traumática crónica. Las noticias están asustando a deportistas de todos los niveles. Cada vez que un deportista se olvide las llaves o tenga un dolor de cabeza, tendrá miedo de padecer encefalopatía traumática crónica.

La historia del exjugador de la NHL Todd Ewen es un triste ejemplo de cómo este miedo puede llevar a una tragedia. Todd sufrió depresión y creyó que se debía a una encefalopatía traumática crónica, y que no se podía tratar. Tristemente, se suicidó. Incluso antes de que se realizara la autopsia, el veredicto fue el siguiente: la encefalopatía traumática crónica era la culpable. No obstante, la autopsia posterior no pudo detectar ningún signo de encefalopatía traumática crónica.

El miedo a la encefalopatía traumática crónica también puede afectar al rendimiento en el terreno de juego. El año, pasado hablé con un jugador de la NFL que me preguntó: “¿Opinas que no tengo un 100% de posibilidades de sufrir encefalopatía traumática crónica?” Le dije que no. Más tarde me informaron de que se sintió aliviado y que mejoró de forma considerable su rendimiento en el terreno de juego.

Las conmociones cerebrales no son exclusivas del fútbol americano: las encontramos en el hockey, el rugby, el fútbol, el waterpolo e incluso la natación sincronizada. Al poner toda la atención en el fútbol americano, otros deportistas que pueden enfrentar riesgos quedan fuera del análisis, también las mujeres. Los datos actuales sugieren que en deportes en los que participan hombres y mujeres (como fútbol americano y baloncesto), las chicas sufren el doble de conmociones cerebrales que los chicos. Nadie sabe por qué.

La sorprendente discrepancia entre géneros y la falta de representación apropiada de practicantes de otros deportes en las investigaciones actuales hacen que me pregunte si el debate no está más relacionado con una aversión por el fútbol americano que con el rechazo a las conmociones cerebrales en sí.

Muchas de las noticias dan la impresión de que el fútbol americano no ha hecho nada para proteger a los jugadores y que este deporte se ha sentado de brazos cruzados esperando que haya más pruebas. Sin embargo, el mundo del fútbol americano ha respondido de forma proactiva a la preocupación por las conmociones cerebrales implementando numerosas modificaciones del reglamento para promover la seguridad entre los jugadores.

Desafortunadamente, muchas personas no son conscientes de estos cambios. Una encuesta reciente de la Universidad de Massachusetts Lowell reveló que el 46% de padres no tenía idea de qué estaban haciendo las organizaciones de deportes juveniles o los directores deportivos de las escuelas para promover la seguridad en sus respectivos deportes. Esta falta de conocimientos probablemente se deba a que, en cierta medida, los cambios en las reglas no son noticias atractivas.

No me pagan una beca por estudiar la encefalopatía traumática crónica. No tengo ningún vínculo con la NFL. Hay un factor que me motiva: mi hijo. Apoyo de todo corazón la investigación sobre la encefalopatía traumática crónica en curso. Aunque no estoy afiliado a ningún laboratorio de investigación sobre encefalopatía traumática crónica, les he recomendado a familiares de deportistas fallecidos que recurran a estudios sobre la encefalopatía traumática crónica. También he remitido a una amiga mía, que es jugadora de rugby con problemas derivados de una conmoción cerebral, a estudios sobre encefalopatía traumática crónica. Decidí hacerme entrenador para mantenerme informado de las reglas del fútbol americano, que están en constante evolución. Tomé la decisión de permitirle a mi hijo jugar al fútbol americano tras una larga deliberación en base a todos estos hechos. Sugerir que esta decisión conlleva abuso infantil es una idea absurda. Soy patólogo forense, especialista en neuropatología y padre, y dejo que mi hijo juegue al fútbol. Esto debería decir mucho.

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