Stella Walsh, la más rápida, la más castigada: ¿Era realmente un hombre?

F Cornali
Periodista de Yahoo! Argentina Deportes

Imagínese el siguiente cuadro e intente ponerse –durante cinco segundos- en ese lugar. Usted nace y adquiere una identidad equivalente a varias miradas por encima del hombro. Tiene que emigrar a otro país y apenas consigue la nueva nacionalidad casi tres décadas después de haber llegado allí. Cambia su nombre, para que todos lo puedan pronunciar en el nuevo hogar. Rompe récords, representando a la tierra en la que nació. Se convierte en la mejor atleta del mundo. Más tarde, en una señora elegante y respetada. Comienza a sentirse bien con lo que es y con lo que logró. Va al supermercado, al mismo de siempre, y una bala perdida te encuentra. Usted está muerta, es el fin. No para las controversias que siempre la rodearon, que retoman su vigor desde un frío cuarto de morgue.

Esa, en resumen, fue la vida de Stanislawa Walasiewicz, una de las mujeres más rápidas de la primera mitad del siglo XX, una de las atletas más destacadas –y más polémica- de toda la historia de los Juegos Olímpicos. Nacida en Wierzchowina, un pequeño pueblo al Este de Polonia, el 3 de abril de 1911, emigró junto a sus padres hacia los Estados Unidos cuando era apenas una niña. Cleveland se convirtió en el nuevo hogar de la familia liderada por Julian Walasiewicz. El destino no fue casual, ya que en esa ciudad del estado de Ohio existía una importante comunidad polaca.

Stella Walsh

En Polonia, Stanislawa era llamada de “Stasia”. Americanizando un poco las cosas, “Stasia” se convirtió rápidamente en Stella Walsh, nombre con el que se la recuerda hasta hoy. Como atleta, comenzó a destacarse en todas las pruebas de velocidad, saltos y lanzamientos dentro de su escuela. No se necesitaba de ojos expertos para saber que aquella niña de piernas fuertes y rostro de rasgos duros llegaría lejos, bien lejos.

Al conseguir la membresía en Sokol, una organización patriótica y deportiva paneslava de gran popularidad entre la comunidad polaca de Cleveland, Stella comenzó a viajar, a competir fuera de su circuito y a asumir que el atletismo podría ser su modo de vida. Aún sin la nacionalidad estadounidense y con 19 años, se hizo dueña de los torneos nacionales –permitían la participación de extranjeros- en las disciplinas de 100 y 200 metros, además de convertirse en la primera mujer estadounidense en superar la barrera de los seis metros en el salto en largo, con su marca de 6,02 en trials disputados en Cleveland.

En los Millrose Games –habitualmente reducidos a participación masculina-, venció sin problemas a los hombres en la prueba de 50 metros, con un tiempo de 6.1 y en el mismísimo Madison Square Garden. Allí comenzó el run-run, alguien pateó el hormiguero. ¿Stella Walsh es en realidad un hombre? Algunos se apuraron en “afirmar” que se afeitaba la barba, otros lo daban por cierto ya que su voz era “demasiado gruesa”. El entrenador de Stella, sin embargo, fue demoledor. “No estaría bien decir que la señorita Walsh corre como un hombre. La mayoría de éstos lo hacen de forma poco ortodoxa y ella lo hace correctamente. Es decir, con facilidad, relajada y sin demasiado esfuerzo”, sentenció.

Stella Walsh

Durante alguna que otra competencia en Europa donde, como siempre, logró destacarse –por marca y porte-, entrenadores del equipo polaco se enteraron de que Stella era en realidad Stanislawa y que no había nacido en Cleveland sino Wierzchowina. Aprovecharon el “regalo” de la mujer-fenómeno, anotándola como parte de la delegación del este europeo que estaría en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932, en los cuales la atleta rompería todas las marcas, deslizándose como el viento. Además, le dieron un empleo en el consulado polaco de Nueva York, como para no perderla nunca de vista.

La justa californiana llegó por fin y Stasia, con un tiempo de 11.9, se convirtió en la primera mujer en bajar los 12 segundos, para asegurarse la medalla dorada en los 100 metros y romper el récord mundial, que mantuvo hasta 1934. Volvió como una heroína a Polonia. No alcanzó a poner un pie en el puerto de Gdynia que recibió una y mil condecoraciones, además de abrazos, lágrimas y palabras de afecto.

Stella Walsh

Años después, en Varsovia, el 4 de agosto de 1935, Stanislawa batió el récord mundial de los 200 metros con 23.6 segundos, convirtiéndose –otra vez- en la primera mujer que bajó de los 24. Esta fue la mejor marca de su vida y el récord se mantendría vigente durante 17 años, hasta que fue batido por la colosal australiana Marjorie Jackson en Helsinki 1952.

Se acercaban los Juegos de Berlín 1936 y Stella no podía estar en mejor forma, a pesar de que sus impresionantes récords se traducían en más y más desconfianza sobre su sexualidad. “Walsh gana con grandes zancadas, como las de un hombre”, titulaba, por ejemplo, un diario canadiense de la época tras otra victoria de la polaca.

En la capital alemana, sin embargo, no consiguió vencer a la estadounidense Helen Stephens y debió conformarse con la medalla plateada. Lo paradójico fue que Stephens, al hacerse con el oro, debió enfrentar las sospechas sobre su sexualidad. Tal es así que decidió someterse a un “examen ocular” para probar que efectivamente era una mujer –los controles de feminidad en el deporte profesional comenzaron a llevarse a cabo en 1968. Una humillación como pocas, en un contexto extraño.

Después de aquellos Juegos, Stella Walsh anunció su retiro, pero enseguida cambió de opinión y siguió compitiendo hasta bien pasados los 40 años. En total, logró quince títulos nacionales polacos, veintiocho estadounidenses y más de mil triunfos. La Segunda Guerra Mundial la dejó sin dos buenas oportunidades de sumar medallas en los que podrían haber sido los Juegos de 1940 y 1944. En 1954 se consagró campeona estadounidense de Pentatlón. Ese fue su último título, ya que fracasó en su intento de acceder a los Juegos de Melbourne 1956.

Stella Walsh

En 1959 se casó con el boxeador Neil Olson, en un enlace que sorprendió a varios y que, en aquella época, acabó echando por tierra –momentáneamente- los rumores que habían perseguido a Stella desde que era una niña. Aquel matrimonio duró ocho años. Sin embargo, ella mantuvo el apellido del exmarido hasta su muerte, casi cuatro décadas después.

Envejeciendo con serenidad, Stella Walsh Olson era una de las personas más respetadas de Cleveland –no solamente por la comunidad polaca. Siguió ligada al deporte, como instructora de atletismo para jóvenes entusiastas. Nunca paró de recibir condecoraciones y hasta ingresó en el Salón de la Fama del deporte estadounidense en 1975. Además, como ella confesó alguna vez, muchos se le acercaban para susurrarle –con vergüenza y arrepentimiento- “perdón por aquello” al oído.

El 4 de diciembre de 1980 la señora Walsh, de 69 años, tomó el coraje que requería aquella tarde fría y ventosa para ir hasta el supermercado del vecindario, aquel que acostumbraba visitar. Quedaba cerca, y ella ya había encarado escenarios más hostiles. Mientras caminaba por el estacionamiento de la tienda quedó atrapada en medio de un asalto y recibió un disparo en el estómago. Falleció en el acto. Con su muerte, los fantasmas que la acecharon durante toda su vida, despertaron con la energía de las desgracias.

Fueron tres los funerales que se hicieron en su honor. Poco antes de eso, dos cadenas de televisión locales comentaron que había serias dudas sobre la sexualidad de Stella y los datos que llegarían desde la morgue. “Algunos apuestan a que es hombre; otros sostienen que es mujer. También hay quienes piensan que es hermafrodita”, decían. Por respeto y admiración, el encargado de hacer la autopsia se negó a hacer públicos los resultados. "Stella Walsh vivió y murió como mujer social, cultural y legalmente, hasta los 69 años", dijo el forense, apesadumbrado y orgulloso.

El periódico alemán Bild-Zeitung, de todas formas, publicó que la célebre atleta era “un hombre, sin margen de error”. Y el exmarido de Stella, Neil Olson, cometió un sincericidio al declarar para la cadena de medios Knight-Ridder: “En ocho años de matrimonio, hicimos el amor dos veces. En ambos casos, ella insistió en hacerlo con la luz apagada”. Inmediatamente, la comunidad americano-polaca de Cleveland recaudó fondos para iniciar acciones legales contra aquellas publicaciones.

Stella Walsh

Lo cierto que el de Stanislawa Walasiewicz -o Stella Walsh- fue un caso de seudohermafroditismo masculino. Genéticamente, tenía los cromosomas XY, un caso de feminización testicular. Pasando en limpio, “el individuo tiene algunas o todas las características físicas de una mujer, a pesar de tener la composición genética de un hombre”.

El escándalo fue cobrando tamaña repercusión en Estados Unidos y el resto del mundo. Los rumores y especulaciones obligaron al Comité Olímpico Internacional (COI) a afirmar que no retiraría “ninguna de las medallas ganadas por la señora Walsh”, ya que en la época en la cual competía no existían controles de feminidad fiables para comprobar el género de los deportistas.

En la actualidad, atletas como Caster Semenya –medalla plateada en los 800 metros de Londres 2012- son perseguidas por esta misma anomalía. En 2009, la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) pidió un test de verificación de sexo ya que los niveles de testosterona de la sudafricana eran tres veces superiores al estándar. En julio de 2010, la IAAF aceptó las conclusiones de un grupo internacional de expertos médicos, según las cuales Semenya puede competir como mujer sin limitación alguna. “Si no fuese por mi familia, creo que no hubiese sobrevivido”, dijo la atleta de 24 años que hoy intenta reconstruir su carrera.

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