El verdadero significado para el fútbol del nuevo contrato de Mbappé con el PSG

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El presidente del Paris Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, y el delantero francés Kylian Mbappé posan con una camiseta al final de una conferencia de prensa en el estadio Parc des Princes de París el 23 de mayo de 2022, dos días después de que el club ganara el título de la Ligue 1 por décima vez, igualando un récord, y su delantero superestrella Mbappé eligió firmar un nuevo contrato hasta 2025 con el PSG en lugar de unirse al Real Madrid. (Foto; Gao Jing/Xinhua vía Getty Images)
El presidente del Paris Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, y el delantero francés Kylian Mbappé posan con una camiseta al final de una conferencia de prensa en el estadio Parc des Princes de París el 23 de mayo de 2022, dos días después de que el club ganara el título de la Ligue 1 por décima vez, igualando un récord, y su delantero superestrella Mbappé eligió firmar un nuevo contrato hasta 2025 con el PSG en lugar de unirse al Real Madrid. (Foto; Gao Jing/Xinhua vía Getty Images)

A Kylian Mbappé le gustaría que supieras que no se trató del dinero. Claro, para los ingenuos, los inocentes, los ignorantes, podría parecer que ha pasado más o menos el último año enfrentando al Real Madrid con el París Saint-Germain para subir su valor y obtener el contrato más lucrativo posible. Sin embargo, eso, tenlo por seguro, tan solo es un espejismo.

De hecho, el dinero apenas fue parte de las negociaciones, sin duda del lado del PSG. Según cuenta Mbappé, ese tema en particular solo apareció al final: dijo que solo hubo “unos cuantos minutos” de conversación sobre el sueldo que iba a recibir, pero que pasaron muchos meses definiendo la naturaleza precisa del “proyecto deportivo” del PSG.

Por supuesto que todavía no está muy clara la forma exacta que tendrá ese proyecto. Mbappé ha negado que el acuerdo por tres años que firmó la semana pasada incluya un conjunto de cláusulas que le garantizan el derecho de veto, en esencia, sobre varios puestos en el club, desde entrenadores y directores deportivos hasta jugadores.

En realidad, casi no importa que las cláusulas estén escritas. Es inconcebible que cualquier club realice el tipo de compromiso económico que el PSG ha hecho con Mbappé, de 23 años, y no le consulte decisiones cruciales. Lionel Messi disfrutó de una influencia similar en sus últimos años en el Barcelona. Es el privilegio que se les otorga a los mejores jugadores del mundo.

Lionel Messi, Kylian Mbappe y Neymar del Paris St Germain se ven abatidos después de que Raheem Sterling del Manchester City anotara su primer gol durante un partido por la Champions League. (Foto: Action images via Reuters/Carl Recine)
Lionel Messi, Kylian Mbappe y Neymar del Paris St Germain se ven abatidos después de que Raheem Sterling del Manchester City anotara su primer gol durante un partido por la Champions League. (Foto: Action images via Reuters/Carl Recine)

Sin embargo, esto no indica que haya habido un cambio en el “proyecto deportivo” del PSG tanto como quisiera creer Mbappé. Durante los últimos diez años, la política del PSG ha sido contratar superestrellas con un talento excesivo a precios impactantes y satisfacer sus caprichos. Hay un sinfín de historias sobre el método de entrenamiento de Neymar de ocasionalmente hacerlo a su modo. Por lo menos un entrenador descubrió que su escuadra, en el fondo, no estaba de acuerdo con él respecto a la necesidad de ir a presionar a sus oponentes.

El PSG ha fomentado comportamientos individualistas y permisivos, con poca o ninguna cabida para una estructura o un sistema y, a final de cuentas, eso ha evitado que el club consagre su ambición más importante: ganar la Liga de Campeones. Para terminar con eso, el plan del PSG parece ser retener a una superestrella con un talento excesivo a un precio impactante y satisfacer sus caprichos.

El precio es impactante. Mbappé tendrá un sueldo de al menos 75 millones de dólares, después de impuestos, durante el curso de su contrato. Además, hay una prima de fichaje de 125 millones de dólares. Si consideramos los cerca de 200 millones de dólares que rechazó el PSG del Real Madrid el verano pasado, el acuerdo le ha costado alrededor de 400 millones de dólares al club francés.

Ahora es fácil quedar deslumbrado por el dinero en el fútbol, sentirse inoculado contra los excesos del deporte. Después de todo, hay muchísimos ceros. Con el paso del tiempo, las cantidades dejan de ofender y suben cada vez más hasta que parece arbitrario trazar un límite —¿por qué 25 millones de dólares al año es demasiado, pero 15 millones de dólares al año es aceptable?— y las cifras comienzan a desdibujarse hasta volverse incomprensibles.

Kylian Mbappe camina hacia el centro de la cancha para la celebración del trofeo después del partido de la Ligue 1 entre Paris Saint Germain y FC Metz en el Parc des Princes el 21 de mayo de 2022 en París, Francia. (Foto: Aurelien Meunier - PSG/PSG vía Getty Images)
Kylian Mbappe camina hacia el centro de la cancha para la celebración del trofeo después del partido de la Ligue 1 entre Paris Saint Germain y FC Metz en el Parc des Princes el 21 de mayo de 2022 en París, Francia. (Foto: Aurelien Meunier - PSG/PSG vía Getty Images)

Pero las cifras sí importan a final de cuentas e importan por lo que les sigue después. El dinero en el fútbol en realidad no se trata de dinero. No es que los jugadores de verdad crean necesitar esos cientos de miles de dólares adicionales para no sentirse despojados. En efecto, por lo general, y se entiende, quieren maximizar las ganancias de una carrera breve, pero sus motivaciones a menudo están más relacionadas con el poder, el estatus y el valor.

Fue extraño el comunicado que dio Javier Tebas, el elocuente presidente de La Liga, después de que se difundió la decisión de Mbappé, como el resultado de la fermentación de una mayoría de uvas agrias. Su idea central —que la mejor manera de proteger a todos del desequilibrio competitivo era añadir más de esto a la competencia que él dirige— pareció surgir de algún punto entre la cobardía y la hipocresía.

Y, a pesar de todo, Tebas tiene razón en algo. Es peligroso que los clubes inflen de manera artificial los sueldos sin ningún tipo de restricción en sus finanzas. Sí representa una amenaza para la salud del fútbol en general. Visto desde cierto ángulo, no es algo tan distinto al problema básico de la Superliga.

El problema, por supuesto, es que no hay nadie, absolutamente nadie, que esté preparado para hacer algo al respecto. Tebas no fue el único ejecutivo al que la contratación de Mbappé lo motivó a emitir un comunicado algo extraño. Su homólogo de la Ligue 1, Vincent Labrune, le respondió a Tebas recordándole a todo el mundo que se ha revelado que el Real Madrid y el Barcelona se han visto beneficiados con ayuda ilegal del Estado.

El mismo presidente del PSG, Nasser al Khelaifi, se pronunció de manera inusual al sugerir que a Tebas le preocupaba que la Ligue 1 pudiera alcanzar a La Liga, con lo cual al mismo tiempo pareció olvidar que preocuparse de ese tipo de cosas es la esencia del trabajo de Tebas y aparentemente denigró a la liga que se han esforzado por subsidiar en años recientes tanto su club como su televisora, beIN Sports.

Kylian Mbappe del PSG durante el partido de la Ligue 1 entre Paris Saint-Germain (PSG) y FC Metz en el estadio Parc des Princes el 21 de mayo de 2022 en París, Francia. (Foto: John Berry/Getty Images)
Kylian Mbappe del PSG durante el partido de la Ligue 1 entre Paris Saint-Germain (PSG) y FC Metz en el estadio Parc des Princes el 21 de mayo de 2022 en París, Francia. (Foto: John Berry/Getty Images)

El hecho de que todos ellos solo hayan visto por sus propios intereses tampoco fue sorpresivo ni indignante. El papel de Tebas es promover y proteger La Liga, al igual que el papel de Al Khelaifi —o uno de ellos, en todo caso— es hacer lo mejor posible por el PSG. Y, sin lugar a dudas, lo mejor para el PSG no es solo acumular la mayor cantidad de talento posible, sino hacer cada vez más difícil que alguno de sus rivales le pueda seguir el paso.

Lo más decepcionante es que no hay nadie en ninguna parte que parezca dispuesto a confrontar estos temas o que parezca capaz de hacerlo teniendo en cuenta los intereses del deporte y de la industria, no desde la perspectiva de un club individual ni de una liga específica. Lo que es bueno para el PSG o el Real Madrid no es necesariamente benéfico para el juego en conjunto; el fútbol está pidiendo a gritos que alguien en un puesto de influencia diga eso, pero ese alguien sigue brillando por su ausencia.

El candidato más obvio, la UEFA, se ha recusado de sus responsabilidades, confundida por su papel dual de máxima autoridad y organizadora inexperta de competencias. La UEFA ha permitido que prevalezca el egoísmo y que prospere la inmoralidad. La UEFA ha olvidado que, para que el fútbol funcione con una buena salud, debe ser tratado como un esfuerzo colectivo.

Si no es así, corre el riesgo de descomponerse hasta no tener ya más remedio, de que la gallina de los huevos de oro sea atada y descuartizada, vendida al mayor postor en un mercado que han desvirtuado de manera irracional un puñado de equipos —y esta descripción les queda a ambos, al Real Madrid y al PSG— y, ahora, una sola contratación, un acto de vanidad y bravuconería de un club que se niega a permitir que algo se interponga en su camino, cuya visión del futuro es que todo el mundo debería ser París, para el que en realidad no se trata del dinero. Porque, cuando tienes suficiente, el dinero carece de significado y hay tantos ceros que pierde todo sentido.

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