¿Miami se queda sin Masters 1000?

Por Federico E.

Casi tanto como sus palmeras, automóviles convertibles y playas flanqueadas por enormes edificios de lujo, el Masters 1000 de Miami se ha transformado en un símbolo indiscutido de la ciudad para todos los amantes del tenis y en una cita casi obligatoria para los mejores jugadores del mundo. El muchas veces denominado “5to Grand Slam” se viene desarrollando en Key Biscayne desde hace 30 años (bajo diferentes nombres y sponsors) y ya forma parte no solo de la historia grande del tenis mundial sino de la identidad de la isla, con la que tiene una relación por demás conflictiva.

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Si bien el Masters 1000 de Miami coloca a Key Biscayne en el mapa de los grandes espectáculos deportivos, también somete a sus residentes a una pesadilla de tránsito durante dos semanas al año, ya que la isla cuenta con una única vía de acceso que resulta totalmente colapsada durante el evento. Pero ese no es el problema más grande que enfrentan los organizadores del torneo; su principal enemigo es Bruce Matheson

El señor Bruce Matheson no es jugador de tenis, ni entrenador, ni tampoco dirigente de la ATP o la WTA. Sin embargo, es hoy en día uno de los personajes más odiados del mundo del tenis. Para entender la razón de tal antagonismo es necesario repasar un poco la historia de Key Biscayne y los orígenes de Crandon Park. Bruce Matheson es heredero de William John Matheson, magnate de la industria de los colorantes y propietario original del enorme predio que hoy ocupa el Crandon Park Tennis Center. A cambio de la construcción de un puente que uniera a la isla con el resto de la ciudad, el bisabuelo de Bruce donó a la ciudad un terreno de 975 acres. Sólo puso como condición que fuera utilizado como un parque de acceso público y que se mantuviera en gran parte su encanto natural.

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El torneo sufre las consecuencias de una batalla legal que ya lleva más de 25 años y que se originó con la construcción del estadio principal, momento en el cual el clan Matheson comenzó su lucha contra la expansión de las instalaciones con el argumento de preservar los deseos de su ancestro y las condiciones mediante las cuales el terreno había sido cedido a la ciudad. Debido a esto, la jerarquía del campeonato, otrora indiscutida, se ha visto perjudicada por la falta de mejoras y ampliaciones adecuadas para satisfacer las crecientes necesidades tanto del público como de los jugadores. En contraste, el Masters 1000 de Indian Wells, vecino inmediato en el calendario, no para de crecer gracias a la generosa chequera de Larry Ellison, dueño de Oracle y mecenas del torneo californiano. Tal es la rivalidad de ambos torneos, que se ha vuelto inevitable para muchos jugadores tomar partido por uno de ellos. Serena Williams, ocho veces campeona en Crandon Park, considera al abierto de Miami su hogar y no duda en hacer campaña por su permanencia en Key Biscayne. Pero muchos otros jugadores han declarado su preferencia por Indian Wells, lo que contribuye a que el abierto de Miami ya no sea considerado de forma unánime como el “5to Grand Slam”. Este conflicto ha generado rumores en torno a la permanencia del torneo en Key Biscayne y su probable mudanza a otra ciudad de la Florida en la cual poder competir de igual a igual con Indian Wells.

Key Biscayne es sinónimo de tenis del bueno. Leyendas como Lendl, Agassi y Sampras han sabido conquistar al calor y al público para alzarse con el trofeo más grande en Crandon Park. Graf, Hingis y Seles, esta última con apenas 16 años de edad, también se subieron a lo más alto del podio en Miami. La historia reciente nos muestra a Federer, Djokovic y Murray repartiéndose la mayoría de los títulos masculinos y a Serena Williams como reina indiscutida de Key Biscayne, coronándose en 8 de las últimas 15 ediciones del torneo. Es difícil imaginar otro lugar en Florida para alojar tanta gloria. ¿Será este el fin de uno de los torneos de tenis más emblemáticos del mundo?

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