De campeón del mundo a utillero: así es la vida de Baba Sule

Luis Tejo
Baba Sule, ex futbolista campeón del mundo y hoy utillero. Foto: CF Fuenlabrada.

Llegar a triunfar en el fútbol profesional es una hazaña al alcance de muy pocos. El talento es imprescindible, pero hay otros factores igualmente necesarios: constancia, capacidad de sacrificio e incluso un punto de fortuna para que las lesiones te respeten. Solo una minoría llega a la élite; muchos otros, por unas circunstancias u otras, se quedan por el camino y, tras sacrificar su infancia y adolescencia por el deporte, tienen que buscarse la vida como puedan.

Es el caso de Baba Sulemaye, conocido en su época de jugador como Baba Sule. Iba para estrella, no en vano se proclamó campeón del Mundial sub-17 de 1995 con la selección de Ghana e incluso se dio el lujo de marcar uno de los goles con los que derrotaron a Brasil en la final. Llegó a España como uno de los juveniles más prometedores, pero su carrera se vio truncada de golpe, tal como ha contado en el diario ABC.

Mediocentro organizador no muy corpulento pero sí potente, en 1996 llegó al Mallorca a jugar en Segunda División. El equipo hizo una buena temporada y logró el ascenso, pero él, a sus 18 años, no tuvo demasiado protagonismo (en parte porque nada más llegar contrajo una hepatitis) y apenas disputó tres partidos, por lo que decidió buscarse una salida. Dos años a buen nivel (pese a otra lesión grave, una fractura de brazo) en el Orense, entonces también en Segunda, le valieron para que el Real Madrid se fijara en él de cara a reforzar su filial. Nunca llegó a debutar de blanco: le cedieron al Leganés y casi enseguida se rompió los ligamentos de la rodilla. Meses después, aparentemente recuperado, en su reaparición se volvió a destrozar la articulación, de la que fue recayendo otras veces. En cinco temporadas de blanquiazul solo pudo jugar cinco partidos.

Intentó seguir ligado al fútbol en equipos de categorías inferiores, e incluso, ya con pasaporte español en su poder, probó a volver a África a jugar en un par de clubes nigerianos. Fue en vano: su rodilla no daba para más y las múltiples operaciones a las que se sometió no resolvían los problemas, así que en 2006 optó por retirarse. “El fútbol es así, tiene dos caras. A veces te toca la buena y otras la mala. A mí las lesiones me cambiaron la vida”, dice con resignación pero sin perder la sonrisa, recordando que el dinero que ganaba se iba casi íntegramente a Kumasi, la ciudad donde viven sus padres y sus trece hermanos.

Le tocó sobrevivir en todo tipo de oficios. Fue durante un tiempo electricista, trabajó en El Corte Inglés, e incluso llegó a ser el chófer de David de Gea cuando el portero, aún menor de edad, empezaba a despuntar en el Atlético y tenía que desplazarse a diario desde su residencia en Illescas (Toledo) a los entrenamientos en Majadahonda (Madrid). “Lo pasé muy bien con David y su familia. Son muy buena gente y seguimos teniendo contacto. Le decía que, si quería llegar lejos, tenía que tomárselo muy en serio y respetar a los veteranos. También le ayudaba con el inglés, en Manchester le ha venido muy bien”, recuerda.

Hoy, a punto de cumplir los 39 años, Baba Sule ha conseguido volver al mundo del fútbol gracias al Fuenlabrada, equipo de Segunda B del extrarradio madrileño que le ha contratado como utillero. “Los años pasan y los chicos que llegan no me conocen, es normal. Pero cuando les cuentan mi historia y se enteran de que yo fui profesional y metí un gol en la final de un Mundial contra Brasil, se sorpenden. Te miran y sientes su admiración y respeto”, relata con orgullo mientras prepara el material para el entrenamiento en el estadio Fernando Torres. También se dedica a ayudar a integrarse a Yaw Annor, “un jugador de mi país que ha llegado al club y no sabe nada de español”. Todo siempre con la alegría que le caracteriza, que apenas pierde un instante para lanzar un mensaje importante a los jóvenes: “Hay que ser previsor. Cuando todo es bonito, no piensan en el futuro”.

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