El temible Toluca de José Saturnino Cardozo del que ya solo quedan los recuerdos

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Toluca tuvo en Cardozo a un goleador de primer nivel. (ARTURO ROSALES/AFP via Getty Images)
Toluca tuvo en Cardozo a un goleador de primer nivel. (ARTURO ROSALES/AFP via Getty Images)

Toluca y José Saturnino Cardozo eran la pareja ideal. Nunca se vio algo igual en el futbol mexicano. Los Diablos Rojos hacían añicos todos los arcos del país. Y tenían mucha variedad en su repertorio: goles entretejidos colectivamente, zarpazos que terminaban en contragolpes, y jugadas de laboratorio selladas con la rúbrica del atacante paraguayo. Juntos ganaron cuatro títulos de liga y deslumbraron las pupilas de miles de aficionados que encendían sus televisores todos los domingos a las doce del día.

Nada que ver con la realidad que hoy prevalece en el Estadio Nemesio Díez: un equipo sin ángel, que pelea por no caer al sótano, y que no tiene ningún referente que presumir. Algún día todo fue diferente. Toluca llegó a ser la capital futbolística de México. No sólo eran el club más ganador del país, amén de un manejo institucional ejemplar, también ofrecían un futbol alegre que colmaba el paladar de los más exigentes.

José Saturnino llegó a México en 1994. Sus primeros pasos en suelo azteca no fueron precisamente buenos: apenas marcó 13 goles en tres años, afligido por una rotura de ligamentos que le impidió jugar durante un año completo y que casi le cuesta su permanencia en el futbol profesional. Pero el cierre de siglo tenía muchas sorpresas para él y para su equipo. Cultivada la paciencia, todo era cuestión de tiempo. Pronto todo el futbol mexicano iba a conocer el significado del miedo.

La llegada de Enrique Meza cambió la suerte de Toluca de manera radical. Con El Ojitos al mando, los mexiquenses fueron campeones durante tres años consecutivos: los torneos de Verano de 1998, 1999 y 2000. El cuadro choricero era imbatible en el Infierno. El sol y la altura de Toluca trituraban a los rivales que tenían la osadía de meterse a la cueva del diablo. Cardozo tenía de clientes a todos los porteros del campeonato. No había defensa capaz de descifrar sus insoportables desmarques que invariablemente concluían con el balón en las redes.

Esa etapa finalizó cuando Meza se marchó del equipo para dirigir a la Selección Mexicana. Pero todavía faltaba más historia por escribir. Con Ricardo Antonio La Volpe, los Diablos se mantuvieron en lo más alto del balompié nacional. El Apertura 2002 fue un auténtico festín para Cardozo. Contra toda lógica, el Príncipe Guaraní marcó un total de 29 goles tan sólo en la Fase Regular para implantar un récord que probablemente perdurará para toda la eternidad. En la Liguilla marcó ocho dianas más para conseguir su cuarto campeonato de la mano de Alberto Jorge, auxiliar de La Volpe que se quedó a cargo del equipo tras el nombramiento del Bigotón como seleccionador nacional.

Cardozo ya no volvió a ser campeón de Liga, pero no se cansó de meter goles hasta sus últimos momentos como choricero. Y no eran goles rutinarios. La estética conferida a cada tanto hacía del paraguayo un goleador especial. Como cuando montó un contragolpe de antología que él mismo culminó para estampar el 6-0 en una goleada inolvidable en contra del América. En total, Saturnino rompió las redes un total de 249 goles, sólo superado en la historia del futbol mexicano por Cabinho, Carlos Hermosillo y Jared Borgetti.

Cardozo fue campeón de liga cuatro veces con Toluca y marcó 249 goles. (ARTURO ROSALES CHAVEZ/MVT/AFP via Getty Images)
Cardozo fue campeón de liga cuatro veces con Toluca y marcó 249 goles. (ARTURO ROSALES CHAVEZ/MVT/AFP via Getty Images)

Finalmente, en el Apertura 2005 el idilio terminó y Saturnino decidió exiliarse en el futbol argentino con San Lorenzo, club en el que ya no pudo demostrar su instinto goleador. Por algunos años, Toluca demostró que sabía vivir y ganar sin Cardozo. De 2005 a 2010, salió campeón en tres ocasiones para sellar una época de oro en la rebasó en títulos a equipos como Cruz Azul y quedó como el principal escolta de América y Chivas.

Sin embargo, cuando el hechizo terminó, los Diablos no pudieron replicar la fórmula. El hijo pródigo volvió como entrenador. Nada fue igual. Ya sólo quedaban los melancólicos recuerdos de tiempos mejores. Toluca llegó a opositar al trono de equipo grande. Sus logros lo avalaban y su futbol lo exigían. Pero la historia les quebró la espalda. No supieron adaptarse a los nuevos tiempos y hoy en día están convertidos en un equipo tan irrelevante como pusilánime.

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