Canelo vs Golovkin y las entrañables semejanzas que tienen con Pacquiao y Márquez

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Canelo Álvarez y Gennady Golovkin durante su combate de desempate en septiembre de 2018. El mexicano ganó por decisión mayoritaria. (Ethan Miller/Getty Images)
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La rivalidad de Canelo Álvarez y Gennady Golovkin está a la altura de las más grandes en la última época. Desde la tetralogía entre Manny Pacquiao y Juan Manuel Márquez no existe una ecuación tan explosiva en el mundo del boxeo. Y las coincidencias entre las dos sagas saltan a la vista por la conexión de vínculos que entretejen similitudes tan explícitas. En el ring, la misma historia se cuenta en diferentes ocasiones, pero son los matices el factor que distingue a cada pugna.

Hoy Canelo es el equivalente a Pacquiao. En sus respetivas épocas, ambos han cargado con el peso de la industria en sus hombros. Son dos superestrellas globales y afectas al reflector, pero que han certificado su popularidad en el ring, donde nacen y mueren las pasiones. Dueños de sus decisiones, mexicano y filipino son la insignia de los hombres que buscan nuevos retos: Álvarez ha sido campeón mundial en cuatro divisiones y el Pacman lo fue en seis. Los límites físicos y lógicos han sido una barrera inexistente para ambos.

Pero todo héroe necesita a un villano. Y lo paradójico del boxeo es que un villano puede convertirse en héroe sin apenas tiempos de transición. Juan Manuel Márquez fue el némesis en la vida de Pacquiao. Y Gennady Golovkin cumplió ese rol en la ruta de Canelo. El Dinamita y Triple G, dos peleadores castigados injustamente a nivel industrial, que asistieron a la pelea más importante de sus carreras con cuatro décadas en el cómputo natalicio (39 años y 40, respectivamente).

Márquez tras noquear a Pacquiao en su cuarta pelea. (JOHN GURZINSKI/AFP via Getty Images)
Márquez tras noquear a Pacquiao en su cuarta pelea. (JOHN GURZINSKI/AFP via Getty Images)

Ambos reclamaron la cima y anhelaron los reflectores que el negocio les negaba. Para alcanzar el reconocimiento planetario no bastó con sus facultades. Necesitaban de alguien más. Ciertamente, Golovkin tiene que verse en el espejo de Márquez si aspira a ganarle a Canelo Álvarez el 17 de septiembre próximo. Ambos eran vistos como unos compadecidos que acaso tenían que agradecer por recibir una oportunidad magnánima cuando deberían estar con pie y medio en el asilo.

El kazajo llegará a esa cita como víctima, lo mismo que Márquez en diciembre de 2012 cuando se confirmó su cuarta reyerta con el multicampeón asiático. La victoria de Bivol sobre Canelo puso en duda la triología Álvarez-Golovkin, pero el contrato estaba firmado y, en cierto modo, el rey de las 168 libras entiende que necesita una pelea transitoria antes de buscar la revancha con el ruso.

Saúl quiere matar a dos pájaros de un tiro: limpiar su prestigio tras el terremoto ruso y finiquitar todas sus cuentas pendientes con Triple G, un rival personal con el que la amistad fraterna mutó en odio irremediable. Pero se equivoca Canelo si piensa que le espera un combate a modo y también erran en sus anticipados pronósticos quienes dan por muerto a Golovkin.

El oriundo de Karagandá llegará a la trilogía como campeón del mundo unificado de peso medio, tras haber aplastado al japonés Ryota Murata en su propia casa el 9 de abril pasado. Gennady ha perdido velocidad pero no potencia ni valentía, además de que ha ganado inteligencia suficiente para identificar cuándo es conveniente ir al intercambio de golpes y cuándo es preferible caminar el ring o hacer lenta la pelea con diferentes recursos.

En el momento en el que más invencible parecía, Pacquiao perdió ante Timothy Bradley su campeonato de peso welter en junio de 2012, seis meses antes de hacer frente a Márquez. La tercera pelea entre ambos, noviembre de 2011, hizo estallar de rabia a todo México. A ojos de millones de espectadores el triunfo le fue arrebatado de las manos al siempre técnico y pundonoroso Dinamita.

Esa cuarta entrega de una saga apasionante, que paralizó ya no al país sino al mundo entero, se saldó con un nocaut de espanto que mandó a dormir a Pacquiao. Previamente, las ediciones I y II también fueron merecedoras de un sinfín de tertulias, pues los resultados (empate y victoria dividida para Manny) no convencieron a nadie.

Para efectos prácticos, Canelo-Golovkin III tiene todos los visos de un desempate. Durante 24 rounds no hubo un ganador claro. En la primera parte, los jueces dieron empate y en la segunda, decisión mayoritaria para Álvarez. En ambas entregas, los momentos estelares se repartieron con la democracia propia de una rivalidad en la que se enfrentan dos peleadores de hegemonía comprobada.

¿Qué pasará el 17 de septiembre? ¿Canelo acabará con las dudas y enviará al kazajo a una casa de retiro? ¿Golovkin será poseído por el espíritu de Márquez y vengará sus agravios con un nocaut coleccionable? Las fórmulas están sobre la mesa y llenarán de pasión miles de conversaciones en los meses venideros. Que nadie se atreva a decir que esta pelea es innecesaria.

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