Yordenis Ugás le arrebató el título a Manny Pacquiao y dejó un mensaje político para los cubanos

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Yordenis Ugas, de Cuba, celebra su victoria por decisión unánime sobre Manny Pacquiao, de Filipina
John Locher

Es, en cierto modo, una leyenda viviente del boxeo. Y su derrota duele porque todo parece indicar que su retiro es inminente. En una era en la que los campeones mundiales son tan fugaces, tan frenéticamente efímeros, el certificado de gloria del filipino Manny Pacquiao no pudo escapar al implacable tiempo y se venció. A los 42 años, perdió por puntos, en fallo unánime, ante cubano Yordenis Ugás y no logró recapturar el cetro mundial welter de la AMB, en el MGM Grand de Las Vegas. Los tres jueces vieron ganar al cubano por 116-112, 115-113 y 116.112.

La historia del boxeo mundial contempla en su grandeza a Manny Pacquiao desde su debut profesional, en 1995. Pero a partir de la madrugada del domingo lo hará con mayor devoción, agradecida y con argumentos sólidos. Posiblemente, la inapelable derrota ante Yordenis Ugás haya sido la última función de una extensa carrera boxística de más 26 años, que ostenta 9 títulos mundiales en seis categorías diferentes y un récord de 62 triunfos (39KO), ocho derrotas y dos empates.

Manny Pacquiao: el paso del tiempo y el cubano Ugas terminaron con lo que quedaba del histórico guerrero

Los detalles boxísticos de la pelea fueron muy ricos, tanto como la fuerte influencia política de los dos personajes que estuvieron sobre el ring. Por el lado del ganador, no es una sorpresa que Yordenis Ugás haya aprovechado su triunfo para replicar su menajes. “Le dedico esto a los cubanos que salieron a la calle para apoyarme. Patria y Vida, Patria y Vida, Patria y Vida”, dijo a los gritos. Y cuando le volvieron a ofrecer el micrófono insistió: “Patria y Muerte no, Patria y Vida”, replicó en contraposición con el histórico mensaje del Che Guevara en las Naciones Unidas en 1964.

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No es algo nuevo para Ugás. Ya lo había hecho antes del combate, con mensajes que generaron polémica en su país. En varias ocasiones subió videos en los que pidió por la libertad de los presos políticos en Cuba y se se manifestó en contra del régimen. “Vamos a dejarnos de divisiones. Tenemos que ser un solo pueblo, unido. Tenemos que decirle a esta administración que si la gente sale a la calle y masacran a nuestros hermanos, Estados Unidos y los cubanos en el exilio vamos a estar en pie . Tenemos que tener en la cabeza la idea de que somos un solo pueblo. Con un solo objetivo. Patria y vida. Abajo la dictadura. abajo la tiranía. Vida a Cuba libre. Tenemos que ser inteligentes, no podemos dejar que nos pase lo que a Venezuela. Si el pueblo sale a la calle es porque quiere que se acabe la dictadura”.

En otra dirección, pero también con mucha más popularidad, Pacquiao ya tiene su carrera política encaminada en Filipinas. Carismático y polémico, advirtió que se tomará unos días para decidir si sigue boxeando o si definitivamente se lanza como candidato a presidente.

Pacquiao es actualmente senador y presidente del partido político PDP–Laban. Y más allá de que pueda analizar una nueva pelea o no, dejó en claro que su futuro está en la política. “La gente pobre de Filipinas me necesita mucho más como presidente de la República que alzando un cinturón”, aseguró.

La vida de Pacquiao se construyó sobre la base de desgracias. Ahora sabe que sin ser campeón puede seguir viviendo en el cariño de su pueblo y en la abundancia de su riqueza. “No sé si volveré al ring, quiero descansar, relajarme y luego tomar una decisión. Haré un anuncio final sobre mi carrera política el siguiente mes. Sé que será mucho más difícil que el boxeo, pero quiero ayudar a mi gente en Filipinas”, concluyó, luego del fallido intento de recapturar la corona welter AMB, que injustamente le habían sacado en un escritorio a principio de año por estar más de 700 días sin combatir.

Los pasos finales de Pacquiao y la pelea

Este Manny Pacquiao que en diciembre cumplirá 43 años no es ni por asomo aquel que, en sus mejores momentos, noqueó a Oscar de la Hoya (2008), al puertorriqueño Miguel Cotto (2009), o al mexicano Antonio Margarito (en 2010). El diminuto filipino, de 1,69 de altura y 66 kilos, siempre expuso su salud al servicio del espectáculo y el negocio.

Manny Pacquiao mira a Yordenis Ugas después de ser derribado durante el combate de boxeo por el Campeonato de Peso Welter de la AMB
PATRICK T. FALLON


Manny Pacquiao mira a Yordenis Ugas después de ser derribado durante el combate de boxeo por el Campeonato de Peso Welter de la AMB (PATRICK T. FALLON/)

A los 35 años y un récord de 27 triunfos y tres derrotas, el cubano Ugás demostró estar a la altura de los grandes rivales que tuvo Pacquiao en su extensa campaña. Ni se notó el poco tiempo que tuvo para preparar el combate en reemplazo de Errol Spence, quien sufrió una lesión ocular y debió desistir de pelear con Pacquiao. Tampoco le pesaron las dificultades que insume pelear contra un boxeador zurdo, después haberse preparado durante tres meses para pelear con el argentino Fabián Maidana. Todo lo redujo a su excelsa defensa, un muy buen trabajo con el jab y las potentes contras voleadas de mano derecha que dañaron visiblemente el rostro del filipino.

La pelea fue atractiva y contó con muchos pasajes de emoción y tensión. Sin duda fue pensada y gestada en cada acción, tal como se preveía dentro de un análisis lógico. Pacquiao buscó sacar diferencias con la velocidad de sus piernas y la continuidad de su boxeo adrenalínico. Sin embargo, careció de potencia y muchas de sus maniobras ofensivas en los cierres de cada round no fueron suficientes para convencer a los tres jurados. Ugás aprovechó sus brazos largos, cerró bien la guardia e incitó al filipino a sacar golpes con escaso recorrido.

Resultó un noche en la que fueron demasiados los elementos para quedar encantado por el show. Con la derrota ante Yordenis Ugás, el Pac-Man Pacquiao no pudo transformarse en el primer boxeador en consagrarse campeón mundial en cuatro décadas diferentes. Tampoco pudo acceder a su décimo título mundial en 25 peleas titulares desde 1998 a 2021. Lo que sí quedó en el claro sobre el ring de MGM Grand, es que el tiempo le erosionó el alma de campeón y su final como boxeador se vislumbra cerca. Y para Ugás, resultó el paso exacto para dejar una huella indeleble, incluso, que se eleva por encima de un cadrilátero.

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