Qué tiene de bueno para Xavi Hernández perder contra el Cádiz

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Xavi Hernández le han venido mal dadas por primera vez en el banquillo del Barcelona. Foto: Eric Alonso/Getty Images
A Xavi Hernández le han venido mal dadas por primera vez en el banquillo del Barcelona. Foto: Eric Alonso/Getty Images

Lo malo de estos últimos cuatro días en Can Barça es demasiado evidente, pero aun así habrá que repetirlo: el equipo se ha quedado fuera de la única competición que podía ganar este año y ha perdido en liga contra un rival en puestos de descenso, complicándose de paso la segunda posición en el campeonato. Ahora bien, eso es el fútbol. Lo que no era normal era ganar siempre. Ni era normal ni era algo que fuera a durar mucho ni, en el fondo, era algo que le hiciera bien a un entrenador que lo que necesita es enfrentarse con la realidad, endurecerse en la derrota y buscar soluciones para los problemas.

Cuando hablamos de Xavi y su trabajo en el Barcelona, lo primero que hay que reconocer es que está siendo excelente. Muy por encima de lo esperado. Se podrá hablar de la importancia de determinados jugadores como Pedri o de determinados fichajes como Ferran o Aubameyang, aparte de la recuperación para la causa de Dembélé... pero todo eso también es mérito del entrenador. Hay que encajar las piezas y encajarlas con sentido. Durante un par de meses, el Barcelona ha jugado muy bien al fútbol, casi se ha garantizado una plaza Champions para el año que viene y le ha metido cuatro goles al Madrid en el Bernabéu.

Para un club de la grandeza del catalán, esto no debería ser suficiente, pero, no nos engañemos, viniendo de donde viene, lo es. Xavi ha cambiado una dinámica de dejadez y la ha sustituido por una de ilusión. Ha cambiado un juego aburrido y simplón y lo ha sustituido por presión alta, rapidez en el movimiento de balón y orden en el campo. Tanto es así que, cuando el equipo juega horriblemente mal, como sucedió contra el Cádiz, el Eintracht Frankfurt o incluso contra el Levante la semana anterior, los jugadores recurren a tics del pasado que a veces funcionan -gol de Luuk de Jong en el 93- y generalmente, como sucedía antes, no.

Ahí es donde empieza la parte de aprendizaje para el técnico. Lanzar balones a la torre de turno no es algo que vaya contra ningún estilo sagrado de juego. Es, exactamente, lo que hacía Cruyff con Salinas o Alexanco. El "purismo" a menudo viene más del entorno que de los propios técnicos. Todos hemos visto a Dani Alves tirarse medio partido lanzando balones a la olla con Guardiola porque el equipo no encontraba otros recursos. El asunto es encontrarlos. Y en eso está Xavi, pero no podemos obviar que su experiencia a alto nivel como entrenador profesional es cero.

Xavi necesita curtirse. Necesita las heridas y necesita el dolor de las crisis. Las ha vivido como jugador, pero le quedan muy lejos. Desde 2005 y con la marejada de 2007-2008 como única excepción, todo le ha venido de cara. Como jugador, ganó cuatro Champions, dos Eurocopas y un Mundial en ese período. Fue el abanderado de una forma de jugar al fútbol particularmente exitosa y, de hecho, abandonó la élite futbolística con un segundo triplete con el Barcelona, en 2015.

Volver en 2022 y ponerse a ganar todo es irreal y contraproducente a medio plazo. A Xavi le falta la erosión de los malos tiempos. Le falta desviarse del camino, salir de la famosa "zona de confort" y acostumbrarse a que una sola manera de jugar no basta. No le bastó a Cruyff, no le bastó a Van Gaal, no le bastó a Guardiola... y no le va a bastar a él. La apuesta por los conceptos del juego de posición es innegociable, pero va a haber partidos como el del Cádiz en los que tendrás que salirte de la teoría y buscar desde la práctica. Es necesario que Xavi entienda que su manera de entender el fútbol le va a llevar muy lejos, pero no es infalible.

Como entrenador, Xavi se ha formado ganando títulos con el equipo más poderoso de... Qatar. Esa es toda su experiencia. Cruyff recuperó al mejor Ajax antes de volver al Barcelona. Guardiola aprendió de la liga italiana y de la Tercera División antes de dar el salto al primer equipo. Los grandes entrenadores, generalmente, necesitan confrontar su estilo a la realidad; sus ideas a la posibilidad de implantarlas. Necesitan saber qué jugadores se crecen en los malos momentos... y qué jugadores tienden a desaparecer. Formar un equipo no es solo entrenar la búsqueda del "tercer hombre", también es la gestión de lo imprevisto.

La estancia de Xavi en el Barcelona estaba siendo una especie de sueño. En un hombre con tendencia al dogmatismo -ni Cruyff ni Guardiola fueron así, pese a lo que se ha repetido mil veces-, eso podía ser peligroso. Podía reafirmarle en que, solo por repetir cuatro o cinco jugadas aprendidas como jugador, ya bastaría para superar a los demás. No, eso es imposible. Xavi tiene mucho trabajo por delante y el Barcelona haría muy bien en darle todo el tiempo que necesite. Tiene pinta de entrenadorazo, pero necesita aprender de la derrota. Solo así ganará experiencia y se preocupará en buscar recursos. Solo así, en definitiva, se convertirá en Guardiola.

Vídeo | Xavi: "Ha faltado fe, ilusión y ganas"

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