Willy Hernangómez se redime de un pecado que nunca cometió

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Willy Hernangómez, durante el partido que disputó la selección española contra la finlandesa en el Eurobasket 2022 (Photo by OLIVER BEHRENDT/AFP via Getty Images)
Willy Hernangómez, durante el partido que disputó la selección española contra la finlandesa en el Eurobasket 2022 (Photo by OLIVER BEHRENDT/AFP via Getty Images)

No sé de dónde viene el desencuentro de la prensa y la afición españolas con Willy Hernangómez. No digo enfrentamiento porque nunca ha habido tal. Parece que hubiéramos asumido simplemente que Willy es un jugador mediocre y que no hay nada que se pueda hacer con él. Siempre que se habla de algo positivo respecto a su juego, aparece alguien a recordarnos que no defiende bien, que se despista a menudo en el rebote y que no siempre toma las mejores decisiones en la cancha. Que no es Marc Gasol, vaya, como si serlo fuera sencillo.

Willy, como su hermano Juancho, ha pasado los últimos años en un segundo plano que roza la condescendencia. Por fin se ha demostrado que es injusto. La carrera del pívot formado en la cantera del Real Madrid no es prodigiosa, pero es que le hemos puesto el listón muy alto. ¿Qué diríamos hace veinte años de un jugador que aguanta siete temporadas en la NBA y promedia ocho puntos y siete rebotes por partido en apenas quince minutos? De acuerdo, no es una estrella ni está cerca de serlo, pero se ha ganado la vida en Estados Unidos y se la ha ganado muy bien, con algunos partidos realmente notables. Mucho más de lo que suele conseguir un número 35 del draft.

En la selección, tres cuartos de lo mismo. Willy fue campeón de Europa en 2015 y del mundo en 2019. También participó en los JJOO de Río 2016 (medalla de bronce) y en los de Tokio 2020 (sexto puesto). Por supuesto, con los dos Gasol delante, sus limitaciones se notaban más que nunca. Willy, ya lo hemos dicho, no es un virtuoso, no es un jugador generacional y, por lo que sea, no ha conseguido ganarse al público, pese a no tener nunca ninguna salida de tono especialmente grave. Uno entiende la polarización en torno a Rudy Fernández, que también ha afectado injustamente al juicio sobre su juego, pero ¿Willy Hernangómez? ¿No habíamos quedado en que su problema era ser un pedazo de pan?

Ni siquiera el aficionado madridista ha hecho bandera de Willy. Madridista de pura cepa, como su padre, cuando se fue, algunos parecieron suspirar de alivio. Tener a un jugador propio en la NBA es un motivo enorme de orgullo, pero ni el club como tal ni sus simpatizantes ni la prensa afín destacan demasiado sus éxitos. Todo, hasta este año, el verano en el que, por fin, ante la avalancha de bajas y la necesidad de un cambio de guardia, Willy parece estar redimiéndose de todos los supuestos pecados que nadie sabe en qué consistieron.

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De entrada, en agosto le dieron el premio al mejor jugador internacional en la Gala del Baloncesto Español organizada por la FEB y el diario Marca. Vale que no se lo iban a dar a Aldama... pero al menos era un reconocimiento público a su temporada en los Pelicans y, sobre todo, a su injustamente infravalorada carrera en la NBA. En la selección, dentro de la pista, poco a poco empezó a entender su rol y a ganar confianza. La evolución ha sido tal que se ha convertido en uno de los mejores jugadores del Eurobasket, con unos promedios de 17.9 puntos y 7,1 rebotes en 21,5 minutos de juego.

Vale que una de las críticas que siempre se le hacen a Willy es que sus estadísticas no están a la altura de su impacto en el juego. Puede que haya sido así durante muchos años, pero ya con 28 cumplidos, no creo que se le pueda achacar este defecto, o, al menos, no en esta competición. Willy tiene problemas obvios en defensa y por eso Scariolo opta en ocasiones por Garuba en el puesto de cinco aunque sea considerablemente más bajo, formando pareja interior con Joel Parra o incluso con Pradilla.

Ahora bien, cuando Willy juega, es imparable en ataque. Ante Finlandia, en cuartos de final, lideró la remontada del tercer cuarto y acabó con 27 puntos, 5 rebotes y un tapón descomunal sobre Lauri Markkanen, la gran estrella rival. En los 24 minutos que estuvo en pista, España anotó quince puntos más que su rival. Si querían impacto, ahí lo tienen. Ya no hace tiros absurdos de media-larga distancia, sigue corriendo el contraataque de maravilla para sus 2.10 y al menos es una presencia intimidatoria en defensa aunque tienda a despistarse con los cambios y las ayudas.

Lo curioso de todo esto es que se sigue sin hablar lo suficiente de él. Cuando acabó el partido de cuartos, todos los halagos fueron para Sergio Scariolo, Rudy Fernández y Alberto Díaz. Halagos más que merecidos, por supuesto, pero que quizá deberían compartir con el máximo anotador y máximo reboteador de esta selección. Estamos viviendo una redención en toda regla, pero algunos parecen aún no enterarse. Estoy convencido de que al primer partido que perdamos, la culpa la tendrá él. Haga lo que haga. A veces, somos un poco comodones en nuestros prejuicios. Y sobre Willy Hernangómez aún siguen volando demasiados.

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