Wasabi sigue comportándose como un campeón después de jubilarse con 4 años

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Wasabi, un pequinés que ganó el concurso Best in Show en la exposición canina del Westminster Kennel Club de 2021, en casa del criador, adiestrador y copropietario David Fitzpatrick, en East Berlin, Pensilvania, el 19 de mayo de 2022. (Andrew Mangum/The New York Times)
Wasabi, un pequinés que ganó el concurso Best in Show en la exposición canina del Westminster Kennel Club de 2021, en casa del criador, adiestrador y copropietario David Fitzpatrick, en East Berlin, Pensilvania, el 19 de mayo de 2022. (Andrew Mangum/The New York Times)

EAST BERLIN, Pensilvania — Durante un momento breve y destacado del verano pasado, Wasabi, un pequinés, fue el perro más homenajeado de Estados Unidos, posando con todo su pelaje y elegancia junto a su trofeo Best in Show obtenido en la exposición canina del Westminster Kennel Club.

No obstante, el miércoles coronarán a un nuevo campeón cuando la competencia de 2022 llegue a su fin en Lyndhurst, una mansión de Tarrytown, Nueva York. Lo anterior plantea las siguientes preguntas: ¿Qué pasó con el antiguo campeón? Cuando un perro alcanza la cima del éxito, ¿qué hace después?

En una visita reciente a la zona rural de Pensilvania, encontramos a GCHG CH Pequest Wasabi, como se le conoce de manera oficial (las letras corresponden a sus acreditaciones de ganador), descansando en casa, ya semijubilado a los 4 años. Se animó a saludar, pero no corrió exactamente, sino que avanzó con una velocidad pausada, con sus exuberantes mechones ondeando como el trigo que se mece con la brisa.

No apresures a un pequinés. Si algo tiene Wasabi es que no te considera su jefe. “Si le lanzo un juguete, irá por él, pero no lo traerá de regreso”, afirmó David Fitzpatrick, criador, adiestrador y copropietario de Wasabi. “Él sabe que yo voy a recogerlo”.

Wasabi fue el mejor perro del país en 2021 y tiene en su haber unas 50 victorias en exposiciones. Junto con su título de Westminster, ganó el título de Best in Show del Campeonato Nacional del American Kennel Club en 2019 y de la exposición canina del Morris & Essex Kennel Club del año pasado, un evento que se celebra una vez cada cinco años y en el que los participantes humanos se visten con trajes elegantes de principios del siglo XX. Estos tres títulos convierten a Wasabi en un perro excepcional, el equivalente canino al ganador de un Grand Slam de tenis.

No obstante, no ha pasado este tiempo usando una tiara pequeña o recorriendo el país al estilo de Miss Estados Unidos. La vida de Wasabi es prácticamente la misma de siempre, un programa ininterrumpido que incluye dormir, comer, acicalarse, juguetear y retozar. Si parece que el éxito no le afecta, es porque ganar el Westminster se basa más en la gloria que en el lucro.

Un perro ganador puede recibir comida gratis: Fitzpatrick, de 65 años, es embajador de la marca ProPlan de Purina, lo que significa que acumula puntos que se pueden canjear por descuentos en alimento y otros beneficios, pero en Westminster no circula dinero, a menos que hablemos del gasto que supone para el humano el transporte, el aseo, la alimentación y el alojamiento del concursante. Por ejemplo, a diferencia de las carreras de caballos, los ganadores no cobran mucho (o nada) por reproducirse.

Wasabi, un pequinés, después de ganar el concurso Best in Show en la exposición canina del Westminster Kennel Club, en la mansión Lyndhurst en Tarrytown, Nueva York, el 13 de junio de 2021. (Karsten Moran/The New York Times)
Wasabi, un pequinés, después de ganar el concurso Best in Show en la exposición canina del Westminster Kennel Club, en la mansión Lyndhurst en Tarrytown, Nueva York, el 13 de junio de 2021. (Karsten Moran/The New York Times)

Sin embargo, Wasabi ha sido padre de seis cachorros. (Fitzpatrick sacó a dos de ellos, en una canastita de flores. No quisieron hacer comentarios, pues solo tenían un par de semanas de nacidos, pero abrieron los ojos por un instante). El perro procede de una estirpe impecable: su abuelo Malachy ganó el título Best in Show en Westminster en 2012; su sobrino Fortune Cookie compite este año en la exposición.

Incluso cuando era un cachorrito, un pequeño trozo de pelusa sensible, Wasabi parecía estar destinado a grandes cosas.

“Lo supe cuando tenía cuatro meses”, comentó Fitzpatrick. “Tenía mucha presencia, una actitud de ‘Hey, mírame’, y luego, cuando le pusimos la correa (a veces es difícil hacer que se muevan), salió a toda velocidad”.

No todo el mundo aprecia al instante el sutil encanto de un pequinés. Cuando están descansando en el suelo, pueden parecer extensas pelucas extraordinarias. Su pelaje, que se eleva hasta una cresta en la cola y luego cae en cascada, oculta sus patas, por lo que parece que levitan en lugar de caminar. Sus rostros diminutos no revelan emociones.

El año pasado, otros concursantes entraron al ruedo trotando con entusiasmo; a Wasabi lo llevó Fitzpatrick en brazos, como si tuviese un título de emperador, pero la jueza del Best in Show, Patricia Craige Trotter, identificó de inmediato la calidad protagónica del perro.

“Esta noche no se le podía pasar por alto”, aseveró Trotter por teléfono. Según las reglas del espectáculo (de que el ganador es el perro que mejor encarna la versión perfecta de su raza), Wasabi fue el campeón absoluto.

Por una parte, se debió a lo mucho que se ajustaba a los estándares pequineses, al acercarse a la excelencia de esa raza con su cuerpo en forma de pera, su espléndido peinado, su cola elevada, su astuto rostro leonino, su andar cadencioso y su mitad delantera más pesada que la trasera. De verdad se parecía a un “pequeño león”, como se supone que debe ser la raza, dijo Trotter.

Y por otra, está eso que caracteriza a un campeón verdadero y que es imposible de definir. Wasabi tiene una seguridad carismática, un porte regio que habla de los nobles orígenes de su raza en la China imperial de muchos siglos atrás, afirmó Trotter.

“No son solo una pequeña bola de pelo que salta”, concluyó. “Esta raza pequeña era honrada en la corte china y él me demostró que tenía ese clase de suntuosidad”.

© 2022 The New York Times Company

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