Vuelve Lionel Messi: “la fuerza tranquila” que reaparecerá en la casa de Kylian Mbappé

Lionel Messi, caracterizado como el mago Gandalf de "El señor de los anillos", pero dueño de la Copa del Mundo.
Lionel Messi, caracterizado como el mago Gandalf de "El señor de los anillos", pero dueño de la Copa del Mundo. - Créditos: @Sebastián Domenech

Definitivo icono global tras el Mundial, Leo Messi reaparecerá este miércoles en el Parque de los Príncipes, “la casa de Kylian Mbappé”. Dos semanas atrás, en su primer partido post Qatar, Mbappé –algo infrecuente en Francia– fue recibido con dedicatoria personal. “El hijo de Bondy no deja de sorprendernos. / Juega en Paris. / Hace soñar a todo el mundo”, coreaban los ultras, al ritmo de la canción italiana Sarà perché ti amo y exhibiendo una pancarta que decía: “Kylian, el futuro te pertenece. Máximo goleador del Mundial, puro producto parisino. El campeón sos vos”. Sus tres goles en la final, su defensa reciente a Zinédine Zidane en medio de un debate (“no se puede hablar así de una leyenda, él es Francia”) y su voz de mando en Qatar lo elevaron al Olimpo. La reciente postal de Reyes Magos de PSG no deja dudas: Mbappé en el centro, Messi y Neymar a los costados.

Francia no sólo fue la derrotada en la final, sino que, además, “Dibu” Martínez se burló de Mbappé. Por otra parte, desde que fue silbado con Neymar en marzo pasado, Leo (igual que el brasileño) dejó de saludar a los ultras después de cada partido. Cauteloso, PSG eludirá este miércoles un homenaje especial, aunque, tal vez, suenen reconocimientos desde varios sectores del estadio. Como sea, Messi, que ya no tiene siquiera compatriotas en PSG, podrá completar en este segundo semestre una de sus mejores temporadas de los últimos tiempos, con goles y asistencias, ¿por qué no con una nueva Champions?, joven y fresco a sus 35 años. “Desaparecieron las viejas presiones que lo afectaban. Me hace recordar al lema de François Mitterrand en las elecciones presidenciales de 1981: «La fuerza tranquila»”, me dice un colega francés. En Argentina, el colega Miguel Simón abre con Messi su libro flamante. Se llama “El deportista perfecto”.

El afiche de PSG con sus Reyes Magos: Neymar, Mbappé y Messi; la centralidad del francés sugiere una mayor importancia.
El afiche de PSG con sus Reyes Magos: Neymar, Mbappé y Messi; la centralidad del francés sugiere una mayor importancia.

Simón, especie extraña en el universo del periodismo deportivo de TV, porque privilegia el análisis al grito, sabe que “el deportista perfecto” es un imposible. Elige igualmente a diez grandes campeones modernos que coinciden en algunos puntos esenciales (“crecer”, “resistir”, “reconstruir”, “liderar”, entre otros). Y vincula a Messi con el verbo “crecer” recordándonos la dura disciplina infantil de Leo para tratar con inyecciones cotidianas su déficit de altura, la decisión de instalarse con apenas trece años en Barcelona, y no rendirse pese a que en su segundo partido oficial terminó con una fractura de peroné que obligó a noventa días de pausa. Simón da nombres e historias de quienes eran las figuras de aquel primer equipo infantil de Leo, y que terminaron siendo casi desconocidos para el fútbol grande. Y dice que Messi, aun siendo “el” jugador distinto, no lideraba en sus inicios rubros que, con los años, sí terminó dominando como nadie (los tiros libres como ejemplo más concreto). Todo eso también fue “crecer”.

Así se fotografiaron Kylian Mbappé, Leo Messi y Neymar en la temporada pasada en PSG.
Así se fotografiaron Kylian Mbappé, Leo Messi y Neymar en la temporada pasada en PSG.

Ningún campeón (ninguna persona) es igual a otro. La tentación de la comparación eterna (Diego Maradona reinó en México ’86 con apenas 25 años. Messi precisó diez años más para reinar en Qatar) omite el “proceso”, el viaje personal del tiempo propio. “Messi”, me dice el especialista Alejandro Oneto Gaona, “reemplazó su desde afuera hacia adentro por un sabio y artesanal desde adentro hacia afuera”. Comprender “las leyes de la naturaleza”. Dueño “de sí mismo y de sus tiempos”. El “disfrute” como consecuencia. “El despliegue de su sinfonía interna”. Una madurez, me añade Simón, que seguramente le permitió a Messi dimensionar y disfrutar mucho mejor toda esta última etapa suya tan exitosa en la selección. “Algo así como «te voy a dar el Mundial en tu momento de mayor lucidez»”.

La bienvenida a La Pulga en su primer entrenamiento en PSG post Qatar 2022, con un pasillo de honor hecho por empleados del club y compañeros.
La bienvenida a La Pulga en su primer entrenamiento en PSG post Qatar 2022, con un pasillo de honor hecho por empleados del club y compañeros.

Escribir sobre “el deportista perfecto” puede ayudar a encontrar “el equipo perfecto”. Otro imposible, claro, aunque la euforia mundialista nos tiente con idealizar a la selección de Lionel Scaloni como “nuestro equipo perfecto posible”. ¿O acaso recordamos alguna otra selección que suscitara tanta ilusión previa y la justificara luego con el título más celebrado en la historia de nuestro deporte? ¿Cómo se produjo esa química entre crack y equipo que fue clave para que casi todo un pueblo se sintiera identificado como jamás le había ocurrido? La historia del deporte, me dice Simón, tiene a varios equipos que jugaban “para” el número uno. O “con” el número uno. A eso, la selección de Scaloni le añadió un factor acaso inédito. Jugar “por” el número uno. “Jugar por Messi”.

El anhelo se cumplió: Lionel Andrés Messi es campeón mundial, entre compañeros que no jugaron para ni con él sino por él, el número 1.
El anhelo se cumplió: Lionel Andrés Messi es campeón mundial, entre compañeros que no jugaron para ni con él sino por él, el número 1. - Créditos: @ANNE-CHRISTINE POUJOULAT

En su documental de Netflix, Gianluca Vialli, el crack italiano fallecido el viernes pasado, recuerda que “la vida no está compuesta por el veinte por ciento de lo que te pasa, sino por el ochenta por ciento del modo en que reaccionás a lo que te ocurre”. Lejos de dormirse en alguna gloria, la Argentina de Scaloni cambió y reaccionó a tiempo. Tuvo hasta la dosis de malicia necesaria (en estos tiempos de burla fácil algunos eligieron celebrarla en exceso). Y jugó una final casi perfecta. El crack maduro terminó siendo clave para el DT inevitablemente inexperto, pero que creció rápido. Ambos, obligándonos a revisar los libros. Y, como siempre suele hacer Simón, a ser más prudentes a la hora de volver a gritar ante un micrófono.