Una ventana al futuro: el pádel se convirtió en un espectáculo global, con música, color y algo más que un campeón

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Una fiesta del público romano
Adelchi Fioriti

ROMA.- Un espectáculo. Tal vez, de eso se trate el deporte del futuro: un show, de principio a fin, más allá de ganadores y derrotados. Más allá de las presiones. De la violencia. Lo que se ve, aquí, ahora mismo, se trata de ello: las paletas, la red y el vidrio enjaulado es apenas una excusa.

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Una fiesta de música, color y el mejor padel mundial. El pintoresco grandstand del Foro Itálico se arropó con 6500 espectadores, un suceso que exhibe el crecimiento de este deporte, en el que el arte de saber convivir con el rectángulo vidriado, representa todo un desafío. Ataque, defensa, potencia, velocidad de piernas y sutilezas definieron una final emocionante. España es el monarca en esta disciplina. Y como no podía de ser otro modo, Alejandro Galán y Juan Lebrón, número uno del ranking, fueron los campeones. En el encuentro decisivo, superaron a Paquito Navarro (España) y Martín Di Nenno (es argentino y vive en Madrid) por 4-6, 7-5 y 6-4 en 2h35m .

Galán y Lebron, los ganadores de una final disputadísima
GIAMPIERO SPOSITO


Galán y Lebron, los ganadores de una final disputadísima (GIAMPIERO SPOSITO/)

“Fue algo impresionante, como nunca antes. En nuestro país, hay una afición impresionante, pero lo que ocurrió aquí lo supera todo. Sentimos orgullo. Representamos valores, una rivalidad, claro que sí, pero sana”, cuenta Lebrón. “El público es parte de la fiesta. Esto no para de crecer y ganamos todos. El marco, la gente, el ambiente. ¡Es un Major! Nos sentimos todos ganadores, aunque en la pista, lo tomamos como una guerra”, agrega Galán.

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Es un marco que excede el deporte. Música electrónica, deportistas como showmans, conexión con el público. Un par de banderas argentinas, un par de simpatizantes con camisetas de Boca. Muchos aplausos, sin reproches, sin silbidos. “Estamos felices, fue una semana muy especial. Entre los italianos y los argentinos tenemos muchas cosas parecidas, así que para mí es un país que aprecio mucho. Me encanta. Ojalá que el año próximo podamos volver a esta ciudad, a este torneo… y poder ganarlo”, cuenta, con simpatía, Di Nenno, nacido en Ezeiza, fanático de las milanesas napolitanas con fideos. Una ovación cayó sobre sus hombros: es un auténtico personaje, que superó un gran dolor en su vida y se recompuso con una fuerza de voluntad arrolladora. Juega con simpatía, con sangre caliente.

Es una suerte de segundo Grand Slam de la temporada. Se trata de un torneo anual de categoría uno, que completa la nómina de cuatro Majors del moderno circuito Premier Padel: Italia, Francia (en Roland Garros, del 11 al 17 de julio), México (en Monterrey, en noviembre) y Qatar, que se jugó en marzo. Reparte 525.000 euros en premios –todo un acontecimiento- y 56 parejas, desde el cuadro principal, buscaron el trofeo. Los ganadores se llevaron 2000 puntos para el ranking.

Respira mística y deporte el Foro Itálico, que excede el marco del tenis. Días atrás, hubo una competencia de natación juvenil. Ahora, está por empezar un certamen mundial de taekwondo. El pádel fue apenas un escalón en el complejo que representa, como ningún otro, la historia viva del deporte italiano, matizada con esculturas monumentales.

Un símbolo: todos felices, más allá del resultado final
GIAMPIERO SPOSITO


Un símbolo: todos felices, más allá del resultado final (GIAMPIERO SPOSITO/)

Merecemos esto. La gente lo vive con la misma pasión que nosotros. Estoy seguro que esto es el comienzo de algo verdaderamente grande”, sostuvo Galán, uno de los ganadores. Se supo que 167 países transmitieron este certamen, una diferencia sustancial con los 156 que formaron parte del Ooredoo Qatar Major, en marzo, que consagró a Francisco Navarro y Martín Di Nenno. Paquito, como se lo conoce, es el más querido por los hinchas. Al final del partido (del espectáculo, en realidad), tomó su teléfono celular y realizó un vivo en una red social, mientras cantaba y saltaba al ritmo de un clásico de la música electrónica. Al mismo tiempo, los triunfadores mostraban el plato de honor. Sin egos. “¿Si me molestó su actitud? Nada que ver: somos todos parte de lo mismo. Lo vivimos con alegría, no siento que nos haya opacado. Además, me invitó a su casamiento, así que no debería haber rencores... ¿no?”, apunta Lebrón.

Los que ganan celebran, los que pierden, están felices. Todos juntos, abrazados, sin dramas, sin espacio para la violencia. La noche acaba con fuegos de artificio. El deporte convertido en un show, sin vencedores ni vencidos. Otro mundo.

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