“Si no me venden, no juego más”: al mercado argentino de pases le falta dinero y le sobran desplantes de futbolistas en rebeldía

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Los hermanos Oscar y Ángel Romero anoche, cuando llegaban al estadio Kempes, en Córdoba. Tuvieron una discusión con Monarriz en el entretiempo y fueron reemplazados
Prensa San Lorenzo

Hay una tendencia que se ve en aumento en los futbolistas de los clubes argentinos. Muchos se quieren ir, se muestran en rebeldía. Ya parece que no importa el contrato, el sentimiento o la búsqueda de la gloria. Y eso en especial se nota, paradójicamente, en los grandes, allí donde antes los juveniles deseaban fervientemente tener un lugar y quienes jugaban en otros equipos (e incluso en otros países de la región) aspiraban embelesados a llegar a esa vidriera. Entonces, puertas adentro de los clubes, se hizo normal el “sino me venden, no juego más”.

Oscar y Ángel Romero, dos hermanos que coinciden en San Lorenzo, con la cabeza en otro lado.
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Oscar y Ángel Romero, dos hermanos que coinciden en San Lorenzo, con la cabeza en otro lado.

Los hermanos Romero, Oscar y Ángel, pareciera que estuvieran tomando carrera para irse de San Lorenzo a la luz de las últimas actitudes, aún más preocupantes que las que pusieron al vestuario en llamas a comienzos del año, cuando algunos de los compañeros con los que confrontaron emigraron y Mariano Soso dejó su lugar como entrenador. Ahora Paolo Montero, quien lo sucedió en el cargo, los vislumbra a desgano y fueron marginados del equipo titular para el partido con Argentinos Juniors, por la séptima fecha de la Liga Profesional.

Mientras tanto, el presidente en funciones, Horacio Arreceygor, ya tuvo una charla con ellos horas previas a la caída por 2-0 frente a Talleres en Córdoba, la noche que los allegados al Ciclón con el privilegio de ingresar al estadio se hicieron escuchar con dureza contra el equipo. Arreceygor les advirtió que si no bajan sus pretensiones económicas para el nuevo vínculo, lo mejor sería que junto a su representante busquen una salida y no la renovación del contrato.

Tras ser apartado del plantel de San Lorenzo, Juan Ramírez terminó cambiando de equipo en pleno torneo y se sumó a Boca.
Twitter @BocaJrsOficial

Tras ser apartado del plantel de San Lorenzo, Juan Ramírez terminó cambiando de equipo en pleno torneo y se sumó a Boca. (Twitter @BocaJrsOficial/)

San Lorenzo ya vivió un desplante. Fue el de Juan Ramírez, quien se apartó en un abrir y cerrar de ojos ante el llamado de Juan Román Riquelme para sumarse a Boca, como terminó ocurriendo. El enganche rechazó la convocatoria para jugar frente a Arsenal en el comienzo del campeonato y de inmediato quedó apartado del grupo, entrenando por separado. No volvió a ser parte del equipo. A los 10 días fue presentado en la entidad xeneize.

El club de la Ribera tomó de esa medicina en la gestión actual. El caso más reciente es Sebastián Villa, que se fue a Colombia, con una eliminatoria Boca-River por la Copa Argentina delante de las narices. Por situaciones deportivas, económicas y personales, pretende irse a jugar al exterior, aunque el vicepresidente y cabeza del Consejo de fútbol subrayara públicamente que “es el mejor jugador del fútbol argentino”.

Considerado pieza clave en la columna vertebral en la mayor parte del ciclo extinto de Miguel Ángel Russo, incluso pese a una causa judicial surgida por una denuncia de violencia de género de su ex pareja, al colombiano lo encandila más la oferta del Brujas, de Bélgica, que las palabras, aunque tiene contrato hasta el 31 de diciembre de 2024, un vínculo extendido hace apenas seis meses.

“Quiero aclarar que fue por un tema familiar, la salud de mi madre en este caso, quien hoy gracias a Dios se encuentra cada día mejor. Esto me pone muy feliz y mucho más tranquilo”, se defendió a través de las redes sociales. Lo cierto es que no volvió ni al país, el presidente Jorge Amor Ameal señaló que “debería pedir disculpas” y la relación se tensó todavía más con una afirmación que dio a conocer TNT Sports: “Si tengo que manejar un UBER, lo voy a hacer, pero me voy de Boca”. Los hechos son los que hablan.

Sebastián Villa no volvió a ponerse la camiseta de Boca luego de la eliminación del equipo en la Copa Libertadores.
GUILHERME DIONIZIO

Sebastián Villa no volvió a ponerse la camiseta de Boca luego de la eliminación del equipo en la Copa Libertadores. (GUILHERME DIONIZIO/)

Los extremos le han dado dolores de cabeza a Boca. Cristian Pavón transitó una etapa similar, demorando su regreso después de su paso por los Estados Unidos, mientras intentaba encontrar otro rumbo más amigable para sus ambiciones monetarias y futbolísticas. Boca no pudo sumarlo a la lista de buena fe en una etapa clave de la Copa Libertadores anterior y llegó a intimarlo para que se presente a los entrenamientos el 1º de enero, tras cumplirse el préstamo con Los Angeles Galaxy, de la MLS. Volvió sólo en marzo, luego de someterse a una artroscopia. Con el tiempo, todas las heridas parecen haber cicatrizado.

Agustín Almendra fue uno de los juveniles que se había ganado un lugar, pero la pandemia desalineó los planetas. El año pasado fue uno de los primeros contagiados de Covid en el plantel, se perdió las primeras prácticas pos cuarentena y estuvo tres meses sin entrenarse luego de no llegar a un acuerdo para ser transferido.

Eso lo terminó relegando en la formación titular y en la consideración de Russo. “Le hablamos como padres a Almendra: es tu camino, tu oportunidad, Boca te arropa, te quiere, quiere lo mejor para ti. No pareciera sentir ese mismo apego por la institución. No podemos atravesarnos en su ilusión de irse a Europa”, señaló Jorge Bermúdez, otro integrante del Consejo, en ese momento.

Su deseo de emigrar generó cortocircuitos, pero el club se cuidó de ir más allá de las palabras para no devaluar a una de sus joyas, actualmente otra vez sacándole lustre para exhibirla.

Lucas Pratto y Marcelo Gallardo, una relación que se diluyó y generó el alejamiento del delantero en River Plate.
Marcelo Endelli

Lucas Pratto y Marcelo Gallardo, una relación que se diluyó y generó el alejamiento del delantero en River Plate. (Marcelo Endelli/)

En River, de Lucas Pratto y Rafael Santos Borré sólo quedaron recuerdos. El Oso agarró sus cosas y se fue a Países Bajos días antes de jugarse un superclásico, ya con pocos minutos en la estructura base de Marcelo Gallardo.

Contratado en 13 millones de euros a principios de 2018, se sintió olvidado, decepcionado y dolido en 2020, y cuando concluyó su préstamo con el Feyenoord, que no hizo uso de la opción de compra, volvió al conjunto millonario para desvincularse. El éxodo fue una solución, a los 33 años y en la etapa final de la rehabilitación de una fractura de peroné. Aquella salida del año pasado generó una grieta que nunca cerró.

La del colombiano fue una despedida amigable, más allá de que el DT deseaba conservar al delantero por el resto de la Copa Libertadores y no pudo. Rafa dejó el club en julio para irse al Eintracht Frankfurt alemán. Quedó libre. No hubo plan posible de retenerlo.

La pérdida de Alan Franco resultó la crónica de una salida anunciada en Independiente, que lo terminó vendiendo al Atlanta United. Coqueteó con algunos equipos locales, entre ellos Boca, pero en marzo pasado hizo las valijas a Estados Unidos, finalmente. “Este paso lo estaba esperando hace tiempo”, confesó, sin tapujos

Tras varios cortocircuitos y expresar su deseo de irse de Independiente, Alan Franco dejó el club y se fue a la MLS.
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Tras varios cortocircuitos y expresar su deseo de irse de Independiente, Alan Franco dejó el club y se fue a la MLS.

Tras el título de la Copa Sudamericana de 2017, siempre se lo sintió más afuera que adentro. Ya el año pasado, al defensor no le había agradado que la institución rechazara una propuesta del Dinamo Zagreb. Se negó a entrenarse en medio de prácticas virtuales que desarrollaba el plantel y ejerció presión. Todavía era mánager Jorge Burruchaga, quien explicaba: “No era buena la oferta de Croacia para Independiente y lo decidió el presidente (Hugo Moyano)”.

El representante del futbolista, en simultáneo, sostenía que era “inmejorable”, luego de que tampoco fuera aceptada la compra del 50% del pase por Los Angeles Galaxy meses antes. Por aquellos días, Gastón Silva y Cecilio Domínguez se consideraron libres por falta de pago.

Lejos del ruido de las rutilantes incorporaciones que se esperan en cada mercado de pases, lo que domina el panorama ahora es el desplante cuando los torneos están en plena disputa.

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