Vasyl Lomachenko: el regreso del púgil que prefirió la guerra al título mundial

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Vasyl Lomachenko tras vencer a Jorge Linares en 2018. (AP Photo/Kevin Hagen)
Vasyl Lomachenko tras vencer a Jorge Linares en 2018. (AP Photo/Kevin Hagen)

Los mecanismos del talento operan de manera sombría. Hay quien atribuye las facultades extraordinarias a un obsequio de la naturaleza. Otros más, al trabajo duro. Como sea, los dones son reservados para unos cuantos: las excepciones que enmarcan el ejemplo a seguir. Vasyl Lomachenko (16-2, 11 nocauts) no es el boxeador más taquillero de la época. Tampoco el más famoso ni el preferido de la publicidad. Pero hay una certeza ineludible cuando se habla de él: nadie tiene su talento.

El púgil ucraniano volverá al ring el próximo 29 de octubre. Su rival será el estadounidense Jamaine Ortiz (16-0-1, 8 nocauts). Loma tenía una pelea por todos los cinchos del peso ligero, en junio pasado, ante el australiano George Kambosos. No la tomó. Eligió acompañar a sus coterráneos en el batallón de Belgorod-Dnistrovsk. La invasión rusa a Ucrania frustró los planes deportivos del tricampeón mundial, pero él lo tomó con la filosofía precisa. Decidió esperar el tiempo adecuado para volver a su fauna.

Las obligaciones de Loma están claras: demostrar que la élite le pertenece. Tiene 34 años, pero ni el más impertinente podría decir que está acabado. Tras perder ante Teófimo López en octubre de 2020, Vasyl firmó dos victorias categóricas ante Masayoshi Nakatani y Richard Commey. Parecía que 2022 significaba su retorno al reinado mundial, pero ya no hay tiempo para lamentos. Bob Arum, legendario promotor, ha dicho que el próximo año lo ideal será que Lomachenko enfrente al vencedor de la reyerta entre Devin Haney, actual campeón indiscutido de las 135 libras, y Kambosos —pelearán por segunda vez el 16 de octubre en Australia—.

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Los planes futuros de Lomachenko incluyen un posible enfrentamiento con Shakur Stevenson, campeón unificado de las 130 libras (sus días en esa división están contados, según sus propios pronósticos). La pelea es factible porque ambos, Loma y Shakur, trabajan con Top Rank. Más lejano luce un cruce entre el ucraniano y Gervonta Davis, el protegido de Floyd Mayweather, que únicamente pelea con rivales de su compañía (Premier Boxing Champions).

La carrera de Lomachenko es corta en el mundo profesional —debutó a los 25 años, en 2013—, pero en el boxeo aficionado consiguió dos medallas olímpicas —Pekín 2008 y Londres 2012— y ganó dos mundiales amateurs. Con ese currículum bajo el brazo, recibió una oportunidad titular en su segunda pelea como profesional en marzo de 2014. Orlando Siri Salido, mexicano de mil batallas, superó a Loma en una pelea repleta de artimañas que el ucraniano no supo resolver.

La temprana caída fue, en realidad, un impulso. Tres meses después, Vasyl venció a Gary Russell Jr. y concretó su primera corona mundial. Nadie lo detuvo durante seis años. Subió de peso y fue campeón superpluma en 2016 a costa de Román Martínez. En 2018 apagó a Jorge Linares y le arrebató el cetro de peso ligero AMB. Ese mismo año se hizo del OMB contra José Pedraza y, al siguiente, ganó el vacante CMB, en Londres, con Luke Campbell como víctima.

Lomachenko, en 2019, tras superar al británico Luke Campbell. (Richard Heathcote/Getty Images)
Lomachenko, en 2019, tras superar al británico Luke Campbell. (Richard Heathcote/Getty Images)

Lomachenko es, junto a Oleksandr Usyk (campeón del mundo de peso completo), el guardián del legado ucraniano en el pugilismo. Si Vitali —actual alcalde de Kiev— y Wladimir Klichkó abrieron las puertas del gran boxeo a su nación, los abanderados actuales no han desmerecido en absoluto. Todavía le quedan grandes noches en el tintero a Vasyl, un púgil que mezcla la precisión de laboratorio con la belleza del boxeo natural.

Quizá cuando se retire la memoria no lo trate con la justicia adecuada. El tiempo hablará. No es momento de pensar en eso. Lomachenko está de vuelta y tiene la encomienda de todos los virtuosos: aprovechar su talento. Está a tiempo. Las armas han quedado de lado. Es el turno de los guantes. La dulce ciencia del boxeo extrañaba a su embajador más preciosista.

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