US Open. Estímulos, temores y presiones: un viaje a la mente, el “músculo” más importante del tenis

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Felix Auger-Aliassime, y un instante de pensamiento en el inmenso Arthur Ashe
Sarah Stier

En el momento de apuntar cuáles son los cimientos del tenista de súper elite y, en un imperfecto juego de conceptos, se suele aseverar que la mente es el “músculo” más importante del deporte de las raquetas. A cierto nivel (¿entre los mejores 80, 100?), todos los jugadores son completos: competitivos, técnicamente muy hábiles y resistentes en el aspecto físico. Los límites, en la mayoría de las veces, se cruzan por la fortaleza psicológica. Cómo gestionar los temores, la euforia y las expectativas dentro (y fuera) del court es un desafío notable para los jugadores (y sus entornos). Con las presiones y la “salud mental” sobre la mesa de debate, el actual US Open, que encendió su segunda semana de acción, muestra distintos matices. Algunos asumen sus responsabilidades, siendo conscientes de lo que generan. Están aquellos que se bloquean y los que intentan sosegarse. Incluso, los que se aferran a la religión. El escenario es muy amplio y la mente lo es todo.

El último Grand Slam de la temporada les ofrece a los jugadores el acceso a profesionales de la psicología, con salas reservadas en el centro nacional Billie Jean King para realizar las sesiones. “Nuestro objetivo es hacer que los servicios de salud mental estén tan fácilmente disponibles para los atletas como los servicios para un esguince de tobillo y sin ningún estigma” , explicó Brian Hainline, vicepresidente de la Asociación de tenis de EE.UU. (USTA).

La estadounidense Shelby Rogers, que estuvo 13 meses sin competir con una severa lesión de rodilla y volvió a ser feliz en el US Open.
Pete Staples/USTA


La estadounidense Shelby Rogers, que estuvo 13 meses sin competir con una severa lesión de rodilla y volvió a ser feliz en el US Open. (Pete Staples/USTA/)

Algunos tenistas son reservados para referirse a sus sentimientos o preocupaciones profundas. Otros no tienen obstáculos para reconocer las dificultades y explicar cómo las afrontan. La bielorrusa Aryna Sabalenka, 2da favorita en Flushing Meadows, es un ejemplo de esto último. Con destacados triunfos frente a las raquetas top en torneos de menor jerarquía, los demonios surgían ante esas mismas rivales en los majors. A los 23 años, se ocupó del asunto. Empezó a trabajar con un psicólogo y se liberó. Con un puñado de octavos de final como lo más valioso en diversos Grand Slam, en el último Wimbledon llegó a las semifinales.

“Fue realmente importante y sigue siendo importante ser abierto con el psicólogo o con alguien de mi familia. Para mí fue un gran paso adelante abrirme a las pocas cosas con las que estaba luchando durante los Grand Slams. Sí, ese fue un gran paso. En este momento estoy como que, realmente, no estoy pensando en ese tipo de problemas y todo fluye mejor”, contó Sabalenka, con un lugar asegurado en los cuartos de final del US Open (por primera vez).

En marzo de 2018, en Indian Wells, la estadounidense Shelby Rogers sufrió un severo daño en una de sus rodillas. No pudo volver a jugar hasta abril de 2019. Se hundió anímicamente y le costó volver a sentirse plena en los courts. El último sábado por la noche lloró de felicidad en el estadio Arthur Ashe al eliminar a la N°1, la australiana Ashleigh Barty, en la 3ª ronda. “Creo que los fracasos me han enseñado muchas lecciones y los contratiempos me han dado una muy buena perspectiva -expresó la 43° del mundo, que este lunes cayó con la británica Emma Raducanu por 6-2 y 6-1-. Mi cristianismo también es muy importante para mí. Eso me da cierta perspectiva sobre los días difíciles. Aprecio el deporte por lo que es. Darme cuenta de que puedo hacer algo muy especial e inspirar a muchas otras personas es una gran razón por la que juego; ver sonrisas en los rostros de otras personas. Solo trato de traer la mejor energía que puedo todos los días”.

La emoción de la canadiense Leylah Fernandez, que este lunes cumplió 19 años y es una de las ocho mejores del US Open.
Jed Jacobsohn/USTA


La emoción de la canadiense Leylah Fernandez, que este lunes cumplió 19 años y es una de las ocho mejores del US Open. (Jed Jacobsohn/USTA/)

Muchos se preguntan cómo hace la adolescente canadiense Leylah Fernández (de madre filipina y padre ecuatoriano) para sacudir el cemento neoyorquino con tanta naturalidad. Con 19 años (los cumplió este lunes), es una de las ocho mejores del torneo (eliminó, entre otras, a Naomi Osaka). “Creo que desde muy pequeña soy una chica despreocupada -admitió-. Realmente nunca me tomo las cosas demasiado en serio o demasiado duras . Me estoy divirtiendo con todo lo que hago. Durante el año pasado, con todas las dificultades alrededor del mundo, tuve la suerte de tener a mi familia, fueron increíbles y me apoyaron mucho. Cada vez que me siento deprimida, siempre están ahí para ayudarme. Mi hermana menor me hace reír todo el tiempo, así que también es gracias a ella que me ayudó a ser la persona que soy hoy, tan feliz. Mis padres me dicen que no puedo tomarme las cosas demasiado en serio, tengo que ser madura pero al mismo tiempo ser una niña, dejarme llevar, divertirme, comer chocolate cuando lo desee y ver películas aunque pase de la hora de acostarse”.

Después de meses con las tribunas vacías por el brote de Covid-19, el US Open se encumbró como el primer grande con cien por ciento de aforo. ¿Cómo lo asumieron los jugadores? ¿Es una presión? ¿Un incentivo? “Cuando estoy jugando siento que es más grande que un partido de tenis, gane o pierda. Quiero decir, me pongo súper emocional, casi lloro saliendo de la cancha. Perder un partido de tenis es casi irrelevante a veces. Estoy haciendo rebotar una pelota y tengo cuatro niños que dicen: ‘Pase lo que pase, eres mi inspiración’. Vas a ganar partidos de tenis, vas a perder partidos..., pero esa es la mierda que importa. Hago todo para que un niño pequeño se acuerde de eso. Los padres gastan el dinero que tanto les ha costado ganar para que poner a sus hijos en los asientos y vean el deporte. Entonces, solo quiero montar un espectáculo”, afirma el estadounidense Frances Tiafoe (23 años; 50°), comprometido con la igualdad y la lucha contra el racismo.

Frances Tiafoe
Darren Carroll/USTA


Frances Tiafoe (Darren Carroll/USTA/)

Para Tiafoe no pasó inadvertido jugar el domingo por la noche en el estadio central del US Open, que lleva el nombre de Arthur Ashe (fallecido en 1993), el único hombre afroamericano en ganar Wimbledon (en 1975), promotor de la igualdad y símbolo de la lucha contra el racismo en EE.UU. y el apartheid en Sudáfrica. El verdugo de Tiafoe fue el canadiense Felix Auger-Aliassime (15°; 21 años; de padre nacido en Togo). Para ambos, jugar en el Ashe tuvo un significado especial. “Podemos estar orgullosos por pisar esa cancha. Hemos recorrido un largo camino y no estuvo despejado. Hubo sacrificio. Ashe fue el pionero, pero ahora estamos dando un paso al frente y jugando un buen tenis, así que espero que inspire y envíe un buen mensaje a otros jóvenes (…) Todavía no soy del todo consciente del impacto que tengo. A veces, hablando con mi papá, que tiene una academia, me dice que los niños me miran mucho. Es muy halagador. Es muy bueno sentir que, por supuesto, estoy jugando para mí, tratando de lograr grandes cosas en el deporte, pero también tener un buen impacto en los demás”, expresó el canadiense.

Estímulos, miedos, esperanzas, inquietudes..., en definitiva, matices psicológicos que enfrentan los tenistas de súper elite cada día, en un deporte sumamente exigente, en el que no se regala nada y se pierde más de lo que se gana.

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