Uruguay - Colombia: mucha lucha y poca elaboración, lo que mostró la Celeste antes de jugar contra la Argentina

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Rodrigo Bentancur y Stefan Medina luchan por la pelota; Uruguay y Colombia no se sacaron ventajas
ANDRES CUENCA

El Parque Central de Montevideo fue escenario de una batalla. Uruguay y Colombia igualaron 0 a 0 en un duelo de guapos. Nadie escatimó la pierna, a nadie se le arrugó el alma en uno de esos partidos que son el ejemplo más concreto de cómo se juega una eliminatoria en Sudamérica.

Uruguay nunca cambia de ropa. Más allá de apellidos o necesidades, sin importar el lustre o las cualidades del rival, su estilo permanece inalterable. Aprieta los dientes, muerde los tobillos adversarios, anticipa en cada sector del campo cuando quiere presionar en campo contrario. Se defiende con fiereza cuando pierde el control de la pelota. Sus problemas están en otro lado.

El equipo del Maestro Tabárez padece desde hace mucho tiempo de carencias en la elaboración, y ni el modelo de juego ni las características de sus futbolistas alientan un cambio. Juega directo la Celeste, no admite pausas ni respiro, ni siquiera para pensar en variantes cuando con el ímpetu no alcanza.

Mientras le duró la agresividad inicial, la Celeste se llevó literalmente por delante a Colombia. Con tanta intensidad que incluso le costó a Rodrigo Bentancur la tarjeta que lo dejará afuera del choque del domingo ante Argentina, y más tarde, las lesiones musculares de Giménez y De Arrascaeta.

Durante 20 minutos, el partido se disputó en un plano inclinado hacia el arco de David Ospina. Pero le faltó el gol a Uruguay, y cuando lo logró -cabezazo de Suárez- se lo anularon por un discutible y milimétrico fuera de juego.

Para ese modo de entender el fútbol, la ineficacia es un lastre, porque al inevitable bajón físico le siguen la pérdida de terreno, de precisión y de dominio. La pelota pasa a poder del adversario y las llegadas comienzan a depender de una contra afortunada, que en este caso no sucedió. Colombia atravesó el sofocón con las atajadas de Ospina y el temple de todos. Ya no volvería a sufrir.

El cambio de delanteros para el segundo tiempo (Cavani y Núñez por Suárez y el peligroso Brian Rodríguez) renovó las fuerzas y la capacidad de choque de la Celeste sin alterar sus formas. No dejó de ir Uruguay, nunca se le encendió la luz para inventar algo distinto.

La clave en estos planteos es ver hasta dónde es capaz de aguantar el rival la tarea de desgaste. Resistió Colombia hasta el final sin pasar sustos e incluso pudo sacar ventaja a los 24, pero Muslera le negó el grito a Duvan Zapata cuando todo olía a festejo.

Tendrá que cambiar algunos intérpretes Uruguay en el Monumental. Solo será eso. El libreto será el de toda la vida. Argentina ya sabe lo que le espera el domingo.

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