Los trabajadores migrantes que se reunieron para ver la Copa y aupar a Qatar, que no siempre les agradece

Un arco hecho de palés de madera para la Copa del Mundo de la FIFA 2022 en la entrada de la zona para fanáticos de Asian Town en Doha, Catar, el domingo 20 de noviembre de 2022. (John Branch/The New York Times)
Un arco hecho de palés de madera para la Copa del Mundo de la FIFA 2022 en la entrada de la zona para fanáticos de Asian Town en Doha, Qatar, el domingo 20 de noviembre de 2022. (John Branch/The New York Times)

DOHA, Qatar — En las afueras de la capital de Qatar y a kilómetros de distancia de los estadios y el brillo de la Copa del Mundo, miles de auténticos constructores de la nación se reunieron en un estacionamiento cercado en Asian Town, entre un centro comercial y un estadio de críquet.

Formaban un grupo representativo de trabajadores migrantes, la mayoría eran hombres en su noche de descanso, reunidos para ver a Qatar en el partido inaugural del Mundial, lanzando porras a un país que no siempre les agradece.

Apuntaron las cámaras de sus celulares a una pantalla de video gigantesca para grabar la ceremonia de inauguración, a sabiendas de que habían desempeñado un papel en el espectáculo.

Y cuando la patada inicial se aproximaba, miles se apretujaron en los estrechos portones del estadio de críquet de 13.000 asientos, con suficiente energía para poner nerviosos a los guardias de seguridad. Cuando esos embudos apenas se acababan de liberar, miles de personas más inundaron la zona para fanáticos y después, saturaron el estadio, emocionados de encontrar un buen lugar desde el cual pudieran ver otra pantalla enorme que mostraba las acciones del partido.

Al Amin, un chef en un restaurante vegano que envía el 60 por ciento de su salario a casa para su padre en Bangladés, comentó: “He vivido aquí durante ocho años y se siente como estar en casa”. Dice que apoya a Qatar, donde planea vivir y trabajar al menos un año más.

La mayoría de afuera

Qatar es una tierra de migrantes como él, la mayoría trabajadores pobres provenientes de lugares distantes que han construido un país y una economía para los ricos. En un país de alrededor de 3 millones de habitantes, cerca de 300.000 son ciudadanos cataríes; lo que significa que una cifra aproximada al 90 por ciento de la población es originaria de otro país. La mayoría de los migrantes provienen de África y el sur de Asia (en particular, Nepal y la India) y hay pocas oportunidades de obtener la ciudadanía para los fuereños.

Gran parte de los argumentos en contra de llevar a cabo una Copa del Mundo en Qatar han sido hechos en su nombre. Los puntos están relegados a unos cuantos (migrantes atraídos como pedazos magnéticos de lugares más pobres para que hagan trabajos no valorados, con sueldos bajos y en ocasiones letales en la construcción de infraestructura de riqueza y deportes, y mantenerla funcionando). Es un sistema, no tan diferente a otros en el mundo, que ve al trabajador migrante como desechable, si es que acaso lo ve, y no lo considera digno de tener los mismos derechos, ni siquiera una voz.

Fanáticos ven el partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2022 entre Catar y Ecuador desde la llamada cornisa de Doha en Doha, Catar, el domingo 20 de noviembre de 2022. (Erin Schaff/The New York Times)
Fanáticos ven el partido inaugural de la Copa Mundial de la FIFA 2022 entre Catar y Ecuador desde la llamada cornisa de Doha en Doha, Catar, el domingo 20 de noviembre de 2022. (Erin Schaff/The New York Times)

No obstante, ellos usaron su voz para hacer ruido la tarde del domingo en una zona para fanáticos a 45 minutos y a un mundo de distancia del estadio Al Bayt en Al Khor, donde Qatar hizo su debut en el Mundial.

Vitorearon la patada inicial, mostraron su disgusto con el gol tempranero de Ecuador y gritaron con entusiasmo cuando lo anularon con base en la repetición en video.

En medio de todo, rieron con amigos y compañeros de trabajo. Hablaron con sus familiares a través de videollamadas. Apuntaron sus cámaras a la pantalla grande y tomaron selfis.

Una diferencia sustancial

A diferencia de los fanáticos que forman multitudes en las áreas turísticas de Doha, la mayoría no vestía camisetas de las selecciones y otros símbolos de pasión futbolística. Pero algunas camisetas de Qatar destacaron en la multitud.

Fue revelador que formaran parte de eso. También fue revelador que estuvieran aquí, separados de la acción, de los turistas y de los cataríes por una cerca, escondidos en las sombras de un estacionamiento.

La mayoría de los trabajadores migrantes viven lejos del reluciente centro de la ciudad, donde los visitantes extranjeros se reúnen cerca de la riqueza y el aire acondicionado y donde torres brotan cerca del golfo Pérsico como tallos de vidrio que brillan bajo el sol implacable o destellan como crayones de neón por la noche.

La mayoría de los trabajadores migrantes son ubicados en las afueras arenosas de Doha, en islas polvosas divididas en general por raza y nacionalidad. Cientos de miles de ellos viven en las calles sombrías cerca de Asian Town, en enormes extensiones de viviendas llamadas tristemente el Área Industrial.

Mucho se ha dicho y escrito en los últimos años y días sobre las lentas mejoras para los trabajadores migrantes en Qatar. Desde 2021, el país ha tenido un salario mínimo de 1000 riales cataríes al mes, alrededor de 275 dólares, sin importar el trabajo o la nacionalidad del trabajador.

Mohommad Faizan, de 29 años, ha estado en Qatar durante casi cuatro años y trabaja como técnico de aire acondicionado. Envía dinero a casa en Sri Lanka, donde tiene una esposa y una hija de 6 meses a la que todavía no conoce. Planea trabajar algunos años más en Qatar para pagar una casa en su patria.

Faizan señaló: “Yo apoyo a Qatar, porque mi vida se desarrolla aquí en este momento”.

© 2022 The New York Times Company

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