Temores y falacias alimentan la brecha de vacunación de la Liga Premier

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El informe se propagó como un reguero de pólvora. Los jugadores de la Liga Premier compartieron el enlace entre sus compañeros. Algunos se lo mostraron a sus familiares y confidentes más cercanos. Un puñado quedó lo suficientemente preocupado por lo que el reporte parecía sugerir, que se lo presentaron a los equipos médicos de sus clubes en busca de consejo.

El informe había sido generado por un sitio web que asegura rastrear la cantidad de “atletas jóvenes que tuvieron problemas médicos graves en 2021 tras recibir una o más dosis de vacunas contra el COVID-19”. El informe aseguró tener en la lista a 19 “atletas” —la mayoría en Estados Unidos— que, según dijo, habían experimentado ataques cardiacos tras recibir la vacuna. Algunos de los ataques, señaló el sitio de forma siniestra, habían sido mortales.

Casi de inmediato, los médicos y otras personas detectaron las evidentes fallas en la investigación. Uno de los ejemplos citados fue Hank Aaron, el miembro del Salón de la Fama de béisbol, quien murió en enero. Tenía 86 años. Otro nombre en la lista, un exjugador de la NBA, tenía 64 años. La investigación más superficial reveló que muchos de los atletas más jóvenes también tenían condiciones subyacentes documentadas.

Pero eso no importó. Tampoco importó el hecho de que el informe fuera exhaustivamente desacreditado a posteriori. Había logrado que los jugadores de fútbol cuestionaran si debían acceder a vacunarse. El daño, al menos en opinión de los expertos médicos, estaba hecho.

Estas no son semanas fáciles para la Liga Premier, que está sufriendo un aumento en los casos de virus, un exceso de aplazamientos y de peticiones incluso desde el interior de sus filas para tomar al menos una pausa temporal en la temporada. Esos problemas han puesto su pobre récord de vacunación bajo feroz escrutinio y han generado preguntas sobre cómo es que la liga más rica del mundo ha tenido tantos problemas para convencer a sus estrellas de que se inoculen.

Bajo cierto punto de vista, la liga y sus equipos han tenido un éxito considerable: la Liga Premier ha publicado cifras que indican que el 84 por ciento de sus estrellas están en sus respectivos “procesos de vacunación”, lo que significa que han recibido al menos una de las tres posibles dosis desde que cumplieron las condiciones en la primavera. Sin embargo, el 16 por ciento restante —alrededor de 100 jugadores— se ha convertido en un motivo de preocupación.

Seis de los diez partidos de la Liga Premier programados para jugarse el fin de semana pasado se pospusieron luego de que los clubes sufrieran brotes de COVID-19. Se reportó que al menos uno de esos juegos había sido aplazado no por una serie de pruebas positivas, sino porque varios jugadores no vacunados estaban en confinamiento autoimpuesto, como lo exige la ley británica, tras ser identificados como contactos cercanos de un caso confirmado.

El fin de semana perdido dejó en evidencia los problemas de la Liga Premier para mantener sus números de vacunación a la par con el resto de las principales competiciones nacionales de Europa y otras ligas importantes del mundo.

La Serie A, la máxima categoría del fútbol italiano, ha vacunado al 98 por ciento de sus jugadores. En Francia, la cifra es del 95 por ciento y en Alemania, del 94 por ciento, números que están a la par con la NFL, la NBA y la NHL en América del Norte. Las autoridades futbolísticas de España informaron que, teniendo en cuenta tanto la vacunación como la inmunidad adquirida de forma natural, el 97 por ciento de los jugadores estaban plenamente cubiertos. La comparación con Inglaterra, entonces, es marcada: en la Liga Premier, solo el 77 por ciento de los jugadores se ha aplicado dos dosis de la vacuna.

Establecer la razón de esa divergencia no es sencillo. The New York Times conversó con varios jugadores, asesores, ejecutivos, autoridades y miembros del personal médico, la mayoría bajo condición de anonimato porque no se les permite discutir asuntos privados de salud. Esas entrevistas ilustraron un retrato complejo e incipiente de la razón por la que se ha permitido que la indecisión sobre las vacunas se haya arraigado tanto en la liga de fútbol más rica del mundo.

“Es difícil afirmar que hay una sola cosa”, dijo Maheta Molango, director ejecutivo de la Asociación de Futbolistas Profesionales (PFA, por su sigla en inglés), el sindicato de jugadores del Reino Unido. “Realmente es en función de cada caso”.

Ciertamente, la preocupación por los posibles efectos secundarios se ha generalizado. Una serie de incidentes recientes y de alto perfil que involucran a jugadores que han padecido problemas cardiacos en la cancha —incluido Christian Eriksen, el centrocampista de Dinamarca que colapsó en un partido de la Eurocopa el verano pasado, y Sergio Agüero, el delantero del Barcelona que acaba de anunciar su retiro— ha alimentado la desconfianza hacia las vacunas entre algunos jugadores.

El hecho de que Eriksen no estuviera vacunado cuando colapsó en la cancha durante la Eurocopa en junio no ha marcado mucha diferencia.

Pero los incidentes que involucran a otros están lejos de ser la única fuente de escepticismo. Según el informe del Times, varios jugadores han expresado su preocupación de que la vacuna pueda reducir su conteo de espermatozoides y varios médicos revelaron que habían recibido preguntas sobre la relación con la disminución de la virilidad, especialmente después de que la rapera Nicki Minaj tuiteara que un amigo de su familia había sufrido de “hinchazón de los testículos” como resultado de la vacuna (ambas teorías son infundadas).

Molango sugirió que algunos jugadores también podrían tener “preocupaciones en torno a la religión”. Hace unos meses, la PFA y la Liga Premier hicieron arreglos para que Jonathan Van Tam, subdirector de asuntos médicos de Inglaterra —quien con regularidad utiliza metáforas futbolísticas durante sus declaraciones públicas— se dirigiera a los capitanes de los 20 clubes de la liga con la finalidad de motivar a más jugadores a vacunarse.

Durante la reunión, se le preguntó si era cierto que las vacunas contenían alcohol, una preocupación de los jugadores musulmanes. Van Tam confirmó que la vacuna Pfizer-BioNTech no contenía alcohol, pero reconoció que otras podrían contener trazas. Sin embargo, les aseguró a los capitanes que las cantidades eran tan minúsculas que “probablemente había más alcohol en el pan que se comieron esta mañana”.

Otros tienen “dudas sobre la credibilidad” de quienes los alientan a vacunarse, dijo Molango. Algunos jugadores también han señalado que el año pasado se consideró que era seguro para ellos regresar al trabajo, antes de que las vacunas fueran desarrolladas, y ahora no apreciaban el hecho de que les dijeran que tenían que vacunarse para poder seguir jugando.

En algunos casos, eso se ha cristalizado en algo más implacable: un rechazo ideológico a recibir la vacuna. Sin embargo, la mayoría de los jugadores son más indecisos que opositores, según los empleados de los clubes, y tienden a pensar que, como son hombres jóvenes sanos, no sufrirán incluso si contraen el virus y, por lo tanto, no necesitan correr ningún riesgo que podría o no haber en una vacuna. Después de todo, sus cuerpos son sus medios de vida y muchos les han dicho a los miembros del personal médico en sus clubes que no tomarán nada que no sea absolutamente seguro.

La Liga Premier sostiene que ha hecho todo lo que razonablemente ha podido para persuadir a sus jugadores de que acepten las vacunas. Van Tam no solo conversó con los capitanes de los clubes de la liga, sino que también lanzó un video en el que destaca la importancia de la vacunación y disipa mitos, para reforzar el mensaje. Ha visitado equipos en persona. A otros clubes que tienen problemas para convencer a sus indecisos de que se vacunen, se les han ofrecido visitas de expertos dispuestos a responder preguntas y a disipar los temores.

Las medidas internas también se están volviendo más estrictas. Al menos un club de la Liga Premier ya no permite que los jugadores no vacunados cenen con sus compañeros de equipo y les exigen que se pongan su indumentaria de entrenamiento antes de llegar o en sus autos. La Liga Premier está actualmente considerando adaptar sus protocolos para aplicar precauciones similares a nivel más general.

La esperanza, entre los encargados de mantener protegidos a los jugadores, es que una postura más activa y draconiana resulte decisiva para casi todos excepto quizás unos pocos indecisos fervientes. Hasta entonces, lo único que la liga puede hacer es tratar de contrarrestar la desinformación, convencer a todos los que pueda y esperar que los partidos puedan seguirse realizando.

© 2021 The New York Times Company

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