Summit Aconcagua. Desafío Olímpico: cuando perseguir la cima de América multiplica un mensaje poderoso

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“La mayoría te dice, ‘estás loco’. ¿Para qué? ¿Qué necesidad?”. Al exbasquetbolista Fabricio Oberto le detectaron una afección cardiaca cuando jugaba en San Antonio Spurs. Con un oro olímpico en Atenas 2004 y un anillo de campeón de la NBA, su entorno le recordaba que ya había alcanzado la cima. “De las cosas más fuertes que he vivido, sin dudas; de las cosas más duras, también”, define la aventura el cordobés nacido en Las Varillas. Es que debe haber pocas experiencias físicas y mentales más desafiantes que enfrentarse al Aconcagua, el pico más alto de América, donde el cielo se toca con las manos a 6962 metros sobre el nivel del mar. Tramos que pueden ir desde 3 hasta 7 horas de caminata con frío, viento, falta de oxígeno y la plena seguridad de que el agotamiento acechará de un momento al otro...

Lanzarse a semejante aventura es también responder a la pregunta de para qué arriesgarse a un desafío incuantificable y sin recompensa numérica: en el ascenso al Aconcagua no existen los tres puntos, el gol, el doble o el triple, mucho menos el try o un set. El objetivo, claro, es llegar lo más alto posible y el premio es el viaje de regreso a casa para repasar lo vivido y valorarlo por siempre. Es la experiencia la que le da sentido a las expectativas depositadas al momento de aceptar el reto. Summit Aconcagua tiene en cuenta todo lo anterior, pero con el valor agregado de la acción benéfica y el ejercicio de concientización sanitaria y climática.

“En estos tiempos en los que la salud de las sociedades se encuentra tan frágil, es importante remarcar que nadie puede hacer el trabajo que nos corresponde a nosotros. En el fondo, actuar con responsabilidad es el acto más noble y solidario que se puede realizar”, consigna desde su página Summit Aconcagua, que nuclea a atletas apasionados y amantes de las actividades al aire libre que promueven la práctica del deporte como herramienta de superación personal. Su objetivo es difundir el hábito de la actividad física entre la juventud, fomentar el cuidado del medio ambiente, concientizar sobre las consecuencias del cambio climático y estimular la solidaridad.

Pocas experiencias físicas y mentales pueden resultar más desafiantes que enfrentarse al Aconcagua
Marcelo Aguilar


Pocas experiencias físicas y mentales pueden resultar más desafiantes que enfrentarse al Aconcagua (Marcelo Aguilar/)

La primera experiencia de Summit Aconcagua fue en 2018 y, tras las dificultades ocasionadas por la pandemia del Covid-19, se repetirá desde el próximo 20 de enero con deportistas de alto rendimiento y el denominado “Desafío Olímpico”.

En aquella primera ocasión, se convocó para la travesía a personas que hubieran superado alguna adversidad en su vida o en el deporte. Y allí se entrecruzaron historias de lucha y resiliencia para que afloraran la empatía y la solidaridad que terminaron fortaleciendo el espíritu de grupo que se necesita para emprender una prueba de resistencia extrema como es el ascenso al Aconcagua. En ese grupo humano se embarcó Oberto.

De esa excursión a la altura participaron también Pablo Giesenow, abogado cordobés que fue amputado en ambas piernas tras un accidente automovilístico; Ezequiel Baraja, exconvicto que se reinventó en la cárcel jugando para el equipo de rugby de los Espartanos; Elisa Sampietro de Forti, una mujer de 83 años que escapó de la Segunda Guerra Mundial y comenzó a correr a los 70 para cubrir el vacío que había dejado la muerte de su esposo; Álvaro Casillas, extorero español que sufrió dos lesiones graves debido a una cornada y logró recuperarse para convertirse en maratonista; Peter Czanyo, que superó un cáncer de pulmón tras una vida muy sedentaria y hoy es un activista en la lucha contra el tabaquismo, y Silvio Velo, capitán de Los Murciélagos, la selección argentina de fútbol para ciegos.

“En ese momento la idea fue dar el mensaje de superación y que desde el deporte y la vida sana se puede. Y en esa ocasión hicieron cumbre solamente Julián Weich y Baraja”, recuerda en diálogo con LA NACION Augusto Rodríguez Larreta, quien hace dos décadas escaló el Aconcagua y en 2018 se puso al hombro esta iniciativa.

De la cárcel a la cima de América

Baraja dio un verdadero giro a su vida. En mayo de 2009 fue detenido y condenado a seis años y ocho meses de prisión por robo calificado y estuvo recluido en la Unidad Penitenciaria 48 de San Martín. A pesar de estar en un entorno muy difícil, encontró un nuevo rumbo a través del deporte tras unirse al equipo de rugby de Los Espartanos. En sus primeros entrenamientos, aprendió las reglas básicas y encontró un lugar en el equipo. Al poco tiempo, comenzó a trabajar como bibliotecario en la cárcel y entre libros encontró impulso para terminar el secundario. Ya en libertad, se desempeñó como cartero y paralelamente en un restaurante. En la actualidad es preparador físico, coordinador deportivo de la Fundación Espartanos y trabaja en el Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat porteño en el programa Buenos Aires Presente, que asiste a las personas en situación de calle.

Ezequiel Baraja entrena duro y se ilusiona con la nueva expedición al Aconcagua
Hernan Zenteno


Ezequiel Baraja entrena duro y se ilusiona con la nueva expedición al Aconcagua (Hernan Zenteno/)

“Yo no estuve en la cárcel porque alguien me llevó, fue por decisión propia. Lo que hice mal lo tuve que pagar y estoy orgulloso de haberlo pagado. Estoy totalmente arrepentido del daño que le pude haber generado a alguna persona. En la cárcel tuve la convicción de que quería cambiar y esa convicción me llevó un día a subir al Aconcagua”, reflexiona.

Ese ascenso resultó la mejor metáfora de su vida: de la reclusión a la cima de América. “Lo que me dejó esa experiencia fue entender que no tenemos limites, que más allá del agotamiento físico la cabeza es la que te mantiene en pie y te hace seguir adelante. A veces nosotros nos ponemos nuestros propios límites y cuando llegué a la cumbre me di cuenta de que no tenía techo”, agrega sin disimular el entusiasmo por volver a participar en la edición 2022.

Redoblar la apuesta

De la primera aventura quedaron las ganas de redoblar la apuesta. “Nos dijimos ‘vamos a realizar otro ascenso pero también con atletas olímpicos’. Y armamos una movida totalmente solidaria: todo lo que recaudemos será con ese fin”, valora Rodríguez Larreta. De la segunda edición del Summit Aconcagua, que demandará entre 12 y 14 días de ascenso, participarán David Nalbandian, Paula Pareto, Cecilia Carranza Saroli, Walter Pérez, Pablo Chacón, Ayelén Stepnik, Federico Molinari, Baraja, Gustavo Zerbino, Cata Bonadeo y Tommy Heinrich. Irán como equipo de apoyo Gabriela Castillo (preparadora física), Alejandra Hintze (médica deportóloga y especialista en emergentología), Ulises Corvalán (guía principal en montaña) y Santiago Arce (médico neumonólogo).

Si bien desde la cuenta de Instagram se podrán ver imágenes de la experiencia, el plato fuerte llegará con el documental y el libro, que publicará la periodista Inés Capdevila, con fotos de Heinrich.

Ser olímpico y querer más

Paula Pareto sabe de gloria, pero también de superar enormes dificultades. En 2011, antes de los Juegos Panamericanos de Guadalajara, una lesión casi termina con su carrera como judoca. Tras una intensa rehabilitación y un buen entrenamiento, pudo llegar a los Juegos de Londres 2012 y luego ganar el oro de Río de Janeiro 2016. Ya retirada definitivamente de su disciplina después de su participación en los Juegos de Tokio, la reciente ganadora del Olimpia de Plata repetirá el ascenso en 2022 con el valor incalculable de ya saber lo que enfrentará, pero con la incertidumbre, claro, sobre cómo la tratará la montaña esta vez. “Ahora ya sé lo que significa estar en contacto pleno con la naturaleza más allá de la escalada y lo que representa subir una montaña de las características del Aconcagua. Esto tiene una parte médica y una parte fisiológica, y a veces te da la cabeza pero no te da el físico o los latidos del corazón”, analiza.

Es que a lo largo de la historia, muy pocas personas han logrado llegar hasta el pico del Aconcagua. Y eso lo tiene bien claro el gimnasta Molinari, quien también será de la partida: “No tengo objetivos de rendimiento, más que nada es hacer la experiencia y llegar hasta donde pueda, y ojalá que alguno de la expedición pueda llegar a la cumbre para cumplir con el objetivo del grupo”.

Sin hacer una preparación específica para la altura, Molinari busca llegar lo mejor posible a la aventura
Gentileza Federico Molinari


Sin hacer una preparación específica para la altura, Molinari busca llegar lo mejor posible a la aventura (Gentileza Federico Molinari/)

Cuenta que no hizo una preparación específica de altura, pero se mantiene activo haciendo trabajos aeróbicos para llegar lo mejor posible. A él particularmente le recomendaron fortalecer más las piernas. Por eso hizo bicicleta y corrió en la arena. “No hay mucho más para hacer porque, en sí, el éxito del ascenso tiene un poco que ver con lo genético y la capacidad que uno pueda tener de adaptación a la altura. La parte deportiva y mental uno la tiene, por eso confiamos un poco más en eso. Es incierto porque no tenemos cómo medir si estamos o no listos para hacerlo, pero hicimos todos los estudios físicos y médicos y dieron bien”, comenta el rosarino que participó de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.

“Sos vos con la montaña”

Carranza Saroli conoce de ascenso, pero en el agua, por su disciplina: la regata. En 2011 fue campeona panamericana, en 2014 campeona mundial y en 2016 campeona olímpica en Río de Janeiro junto a Santiago Lange. Pero desconoce por completo lo que se va a encontrar en el Aconcagua. “Como en el agua, la naturaleza manda y la montaña va a imponer sus reglas. Y lo que más me gusta de eso es que es un proceso único de ir superándote a vos misma, tus limitaciones, tu pensamiento, tu cabeza”, reflexiona ante LA NACION.

La regatista Carranza Saroli se ilusiona con su primera experiencia de subir el Aconcagua
Alejandro Guyot


La regatista Carranza Saroli se ilusiona con su primera experiencia de subir el Aconcagua (Alejandro Guyot /)

Más allá del desafío personal, la acción solidaria fue determinante para tomar la decisión de participar. “Es un proyecto hermoso, que a mí me entusiasmó desde el primer día sobre todo por el fin benéfico que tiene y por lo que significa compartir esta experiencia con el grupo que va a ir. Y también de manera individual porque sos vos con la montaña. Es una experiencia que no viví antes y tengo muchas ganas de vivir”, relata.

Summit Aconcagua busca además concientizar sobre la importancia de la responsabilidad en el cuidado individual y colectivo en tiempos de Covid-19 y sobre las consecuencias del cambio climático. Llama, según su manifiesto, a comprender y aceptar que los seres humanos son parte del problema y que depende de todos encontrar la solución. Porque nadie está exento del peligro, ni siquiera la montaña más alta del continente, ya que su manto blanco pierde metros todos los años a casusa del calentamiento global.

“Siempre visibilizar la relación con la naturaleza hace que las personas que no la tienen se empiecen a relacionar con ella y se den cuenta de que la tenemos que cuidar”, sugiere la regatista rosarina.

En paralelo, esta iniciativa busca recaudar fondos para la Fundación Baccigalupo, que trabaja en el desarrollo psicomotriz de chicos con discapacidad intelectual, y para dos comedores comunitarios -uno en Moreno y otro en Carlos Casares- que eran sostenidos económicamente por el atleta fallecido Brian Toledo. En ese sentido, la Fundación Fortabat será, más allá del aporte de los diferentes sponsors, la que donará 10 pesos por cada metro que ascienda cada uno de los participantes de la expedición.

“Saber que cada metro que uno suba significa un pesito o un plato de comida es increíble porque sentís que lo estás haciendo para otra gente, más allá del desafío personal que es súper importante”, dice Cata Bonadeo, periodista y corredora que forma parte del grupo organizador y emprenderá el ascenso junto a los atletas olímpicos. Coincide su amiga Pareto, a quien la moviliza el deseo de ayudar: “La principal motivación es la causa totalmente solidaria. Nunca fui muy fanática del tema camping y naturaleza, pero sí de ayudar”.

Múltiples razones y otras tantas historias de vida alimentan el espíritu de grupo y de superación en este nuevo reto que comienza. Allá arriba, en la cima de América, los espera el pico del Aconcagua. El mero hecho de intentarlo ya es dar un mensaje poderoso.

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