“Nunca subestimes el poder de una mujer”: el manifiesto de Epsy Campbell Barr, la vicepresidenta del gobierno más igualitario de América Latina

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Epsy Campbell Barr
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Cuando elige uno de los momentos de su infancia que más marcaron su presente Epsy Campbell Barr, actual vicepresidenta de Costa Rica (la primera afrodescendiente en ocupar el cargo en la región), habla de un bolso que le regaló su madre para ir al colegio. Ella, hoy pelo corto y ondulado, piel morena, 58 años y firmeza en cada frase, estaba en la secundaria y así, entre libros y biromes, montó su primer manifiesto, pequeño, de una frase: “Nunca subestimes el poder de una mujer”.

No fue un regalo azaroso; de pequeña Campbell Barr marcaba con sus reclamos las injusticias con las que se chocaba por ser mujer. La primera vez que lo hizo fue puertas adentro, en la mesa familiar, cuando se mostró indignada porque a la hora de preparar la mesa y la comida eran solo las hermanas mujeres las que trabajaban. “Desde que tengo memoria me parece injusta la distribución de las responsabilidades en el hogar. Según mamá, una de las primeras frases que aprendí fue: ‘No es justo’. No es justo que las hermanas lavemos los trastos y ellos no, no es justo que mientras ellos solo limpian el patio nosotras tenemos que ayudar en la cocina; no es justo que nosotras tendamos las camas y ellos no”, afirmó en un libro que publicó en 2020, “Luchadoras”.

Esa indignación marcó su rumbo. Economista de profesión, tiene estudios en sociología y es activista de los derechos humanos en temas relacionados con las mujeres, los pueblos originarios, los afrodescendientes y el medio ambiente. Está casada, tiene hijos y en política se metió de lleno en 2002, cuando fue diputada por el Partido Acción Ciudadana, socialdemócrata y progresista. Luego buscó ser candidata a presidenta por su bloque en dos oportunidades, 2009 y 2013, volvió a asumir como diputada años después y en 2018 llegó a la vicepresidencia (que comparte con Marvin Rodríguez Cordero) junto a la fórmula del presidente Carlos Alvarado Quesada.

En su rol dentro de un gobierno que cuenta con un 56% de participación femenina, días atrás estuvo en la Argentina, donde se reunió con el canciller Santiago Cafiero para analizar la agenda bilateral. En diálogo con LA NACION, habló sobre sus comienzos, las convicciones que tiene y esbozó los pasos a seguir para avanzar hacia sociedades más justas y equitativas.

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¿En qué situación está Costa Rica en cuanto a paridad de género en la política?

Tenemos un gobierno paritario y durante toda la administración se ha mantenido como así sin que la ley lo exija. El presidente Alvarado integró su gabinete con 50 por ciento de mujeres y a pesar de que ha salido y entrado personal se ha mantenido. Tenemos una ley de paridad para el Congreso pero no para el Ejecutivo. Por eso en términos de participación política hemos avanzado sustantivamente y entiendo que la próxima administración, independientemente del partido, ya tiene un estándar muy alto.

¿Cómo consiguieron que la decisión fuera no impuesta por ley?

Por varias razones. Alvarado es un presidente joven que entiende que la igualdad es un imperativo y no una concesión. Y acá estamos las mujeres, empujando. Además el partido al ganar ya tenía incorporada desde sus bases fundacionales la paridad, era una dinámica interna. Pero también pienso que cada vez más mujeres solicitamos de manera expresa un gobierno paritario, el mundo está a la expectativa. Sin embargo hay países en donde el discurso es muy robusto pero la realidad es patética. A estas alturas que tengamos gobiernos donde las mujeres son una excepción es patético; que las fotos de los gabinetes sean puros señores es patético. Estamos casi en 2022, ¿cómo llegamos a esto? Tiene que haber una presión mediática para evidenciar cuando las mujeres no están.

¿Cuáles son los desafíos que tiene el país por delante en la materia?

Tenemos desafíos en términos de participación económica de las mujeres, es uno de los más importantes a nivel nacional. Y regional también: allí el desempleo femenino llegó en el momento más dramático al 30 por ciento, una cifra que no se ha podido imaginar sino en pandemia, mientras que el masculino rondaba el 20. Ahora se ha recuperado el empleo producto de la reapertura y la reactivación pero los hombres lo recuperan más rápido. Y a esto hay que sumarle la responsabilidad multiplicada en cuidados que han tenido que afrontar las mujeres en contexto de Covid. Son las mujeres las que cuidan a los adultos mayores, a los enfermos, a los enfermos por coronavirus… Es una situación absolutamente dramática y oculta, porque son las mujeres de manera privada las que asumen esas responsabilidades sin ningún reconocimiento, otra vez garantizando la sobrevivencia de la vida humana.

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Las tareas de cuidado son una deuda…

Sí, es así. Deben ser compartidas con la pareja y los demás integrantes del grupo familiar, todos los que viven en la casa tienen que asumir las responsabilidades del trabajo reproductivo (cocinar, limpiar) con una perspectiva comunitaria. Pero además tienen que mejorarse todos los servicios de cuidado del Estado y de los privados.

¿En la sociedad costarricense se replica lo que pasa en el gobierno?

Hemos avanzando un montón si nos comparamos con nuestras madres y abuelas, que tuvieron otro camino. Hoy hay puertas abiertas que antes no estaban. Pero en la sociedad se siguen viendo las diferencias. Muchos de los lugares importantes en empresas están ocupados por hombres, en Costa Rica solo el 25 por ciento es ocupado por mujeres pero en la región esa cifra es menor.

Asimismo la violencia contra las mujeres está en todos los ámbitos. Eso sigue manifestando que vivimos en sociedades machistas en donde la agenda de las mujeres y de la igualdad debe ser asumida por los hombres. Hay que construir nuevos pactos sociales de convivencia. No se trata solo del discurso correcto fuera de la casa. Dentro de la casa los hombres deben asumir la responsabilidad; si no, el proceso va a ser más largo, lento y tortuoso. Tenemos un tema sistemático de violencia dentro de las casas y ahí sí creo que tenemos que hacer algo diferente. No podemos dejar que las medidas sean puramente jurídicas cuando la situación es grave o seguir pensando que la cárcel resuelve. Resuelve a la que fue violentada o asesinada pero necesitamos acciones preventivas para las que viven cotidianamente este problema, no condenarlo después.

Campbell Barr concluye la frase y agudiza el tono en señal de indignación. Luego dice que no tiene los últimos números precisos de los casos de femicidio en Costa Rica pero también remarca que, aunque importan, ya una única muerte duele. E insiste en que la solución es contar con más hombres en esta lucha. Así, ella, reconocida por la revista Forbes como una de las mujeres más poderosas de América Latina, pide lo mismo que pedía cuando era chica, la participación masculina.

¿Cuándo comenzó su militancia?

Yo siempre digo que empecé a ser activista en casa. Vengo de una familia grande, somos cinco hermanas mujeres y dos varones, y mi casa fue el primer lugar en que me probé como líder. En aquella época no tenía conciencia de lo estaba haciendo pero sí la certeza de que había que cambiar las cosas. También recuerdo que en la secundaria mi madre me regaló un bolso que fue mi primera pancarta. Decía: “Never underestimate the power of a woman (Nunca subestimes el poder de una mujer)”. Me sentía identificada. Mi madre no fue una mujer activista, trabajó toda la vida dentro de la casa, pero sí nos animaba. Si hubiera nacido en otro tiempo, hubiera sido una feminista y hubiera revolucionado la vida porque nos decía desde jóvenes que estudiásemos para que no fuésemos empleadas de nadie. Hoy las chicas reclaman desde muy pequeñas, yo veo niñas de 11 o 12 años hablando con una certeza respecto de sus derechos y de los derechos de otros que realmente estoy convencida de que estamos en un cambio generacional y que estas personas más jóvenes están enseñando incluso a sus padres, madres, a sus iguales… Vamos a ver cambios extraordinarios.

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¿Como funcionaria tuvo problemas por ser mujer?

Una siempre tiene que enfrentar trabas en los lugares en los que está. Sin embargo, quiero decir que no cuento las experiencias negativas por decisión política, porque cuando una las cuenta pareciera que los más importante son los desafíos y no cómo los vence. Además desaniman. En mi vida como funcionaria pública los desafíos los he tenido que vencer y de las caídas me he tenido que levantar. El proceso no es fácil pero vivir no es fácil.

¿Qué metas tiene a su entender la región por delante?

Tenemos que trabajar de manera más abierta y decidida contra el racismo sistémico y tomar acciones concretas para disminuir las brechas de desigualdad. Apuesto a que construyamos sociedades paritarias en todo sentido. También hay desafíos fundamentales en materia de inclusión educativa. La pandemia ha dejado al desnudo a decenas de millones de niños, niñas y adolescentes que se encuentran en total vulnerabilidad. Vamos a tener que hacer inversiones y acuerdos entre lo público y lo privado y los estados y los organismos internacionales para brindar oportunidades a esas decenas de millones de criaturas que quedaron desconectadas.

Y además tenemos que llamar a más hombres a pronunciar los discursos feministas. El cambio generacional que precisamos se dará cuando los hombres reclamen por los derechos de las mujeres y cuando los no negros reclamen por los derechos de las personas negras y los no indígenas reclamen por los indígenas y las personas heterosexuales levanten las pancartas de quienes no lo son. Se dará cuando entendamos que los derechos son de todas las personas.

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