Cuando te canses de atizar a Djokovic, puedes empezar con Tsitsipas

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NEW YORK, NEW YORK - AUGUST 30:  Stefanos Tsitsipas of Greece reacts against Andy Murray of United Kingdom during their men's singles first round match on Day One of the 2021 US Open at the Billie Jean King National Tennis Center on August 30, 2021 in the Flushing neighborhood of the Queens borough of New York City. (Photo by Elsa/Getty Images)
Photo by Elsa/Getty Images

Durante demasiados años, el mundo del tenis profesional ha estado rodeado de tal aura de "buenismo" que ver a Novak Djokovic tirar una raqueta desesperado se ha convertido casi en un escándalo. Lejos quedan los tiempos de John McEnroe insultando a los jueces de silla, de Jimmy Connors tocándose los genitales hacia el público o de Boris Becker intimidando a sus rivales abiertamente. Ni sombra del lado oscuro de un Andre Agassi, burlándose ante decenas de miles de espectadores de Karol Kucera, o de Lleyton Hewitt haciendo de cada partido un Vietnam.

Este exceso de educación no es malo de por sí, pero nos ha privado de un perfil que enriquece hasta cierto punto el deporte: no ya el "enfant terrible" tipo Kyrgios que luego no pasa de tercera ronda de ningún torneo, sino la fiera competitiva. El hombre que está dispuesto a cualquier cosa con tal de ganar su partido y al que no le importan la prensa ni los patrocinadores ni el amor del público. Novak Djokovic ha coqueteado con esa imagen, pero sin demasiada convicción. Por supuesto, en comparación con Federer o Nadal, el serbio parece un demonio, pero si la referencia son los campeones del pasado, es un angelito propio de su tiempo.

Los aspirantes a recuperar el trono que, en rigor, dejó vacante Lleyton Hewitt con su retirada, han ido cayendo en la caricatura: Benoit Paire y su circo ambulante, por ejemplo. Necesitamos a alguien que no solo nos caiga mal sino que además gane mucho, que nos cabree cada vez que se lleve un torneo, que nos pase como con el típico defensa a que odiamos cuando juega en el equipo contrario pero adoramos cuando juega en el nuestro. Un villano que a la vez sea un campeón. En ese sentido, nadie está haciendo más méritos estos días que Stefanos Tsitsipas.

De Tsitsipas sabemos que es el número tres del mundo y que jugó la final de Roland Garros, es decir, sabemos que es bueno de narices. También sabemos que es un jugador volcánico capaz de enfados tremendos sobre la cancha pese a su aspecto de niño bueno. Cuando pierde, se enfada y lo dice bien alto, algo que no hemos visto todo lo que nos gustaría en las nuevas generaciones. De hecho, en la final contra Djokovic, no tuvo problemas en enfrentarse públicamente al serbio por lo que él consideraba "pausas estratégicas" con la excusa de lesiones que no existían. Hay que aprender de los mejores.

A eso hay que añadirle que es un irresponsable. A pesar de ser una de las imágenes de las campañas de vacunación contra la Covid-19 en Grecia, Tsitsipas es un firme defensor del contagio masivo entre jóvenes. No pierde oportunidad de declarar ante millones de fans que le ven como ejemplo que lo mejor es pasar el virus y no andarse con vacunas. Al menos, a determinadas edades. Según sus palabras, solo se vacunará si la ATP le obliga. Al chico no le falta de nada, como se puede ver.

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Ahora bien, todo esto palidece en comparación con lo que está pasando en esta gira de verano por Norteamérica, culminando en el último gran evento tenístico del año: el US Open. Tsitsipas acostumbra a parar los partidos para irse al baño. Es un derecho, lo que se llama el "toilet break", que tienen todos los jugadores. Y, por un vacío del reglamento, el jugador no tiene un tiempo determinado para hacer sus necesidades, lo que significa que habitualmente se utiliza como momento de relajación, concentración, cambio de ropa, charla con el técnico si este consigue burlar la vigilancia...

Esto, que lo hacen casi todos los tenistas del mundo, tiene sus límites. El pasado lunes, Tsitsipas se tiró siete minutos en el cuarto de baño mientras a Andy Murray, su rival, se lo llevaban los demonios. Hay pocos hombres más tranquilos, deportivos y que caigan tan bien como Andy Murray. Campeonísimo en el ocaso de su carrera a los 34 años, el británico había conseguido llevar al griego al quinto set en la primera ronda. Pasaban los minutos, Murray se iba quedando cada vez más frío y el otro no aparecía. "¿Qué está haciendo si el baño está ahí mismo?", se preguntaba airadamente en la pista el ex número uno del mundo. Nadie sabía contestar.

Murray acabó perdiendo el partido y en rueda de prensa se quedó a gusto. "Ha perdido todo mi respeto", sentenció, que no es poca cosa viniendo de quien viene. "Es una táctica que utiliza habitualmente y hasta mis entrenadores me habían avisado", añadió. A las quejas de Murray se unieron las de otros jugadores, como Alexander Zverev, que directamente le acusó de haberse llevado el móvil al baño en Cincinnati para consultar un cambio de táctica con su padre y entrenador. Cuando te odia una vieja gloria de 34 años y una joven promesa de 24 es que la estás liando bien parda.

Todo eso afecta al público, claro. En la segunda ronda ante Adrian Mannarino, Tsitsipas dominaba tranquilamente dos sets a cero cuando perdió el tercero en el tie-break. ¿Qué hizo? Pedir una pausa para ir al baño. La reacción del público fue estruendosa. Un abucheo al unísono que me temo que le acompañará a partir de ahora allá donde vaya. El tenis ya tiene su nuevo villano y eso siempre es divertido. En 2019, el público neoyorquino la tomó con Daniil Medvedev y el ruso acabó plantándose en la final y forzando cinco sets a Rafa Nadal. Esto tiene pinta de ir más lejos. Tsitsipas es muy joven y puede cambiar, pero no tiene pinta: cabeza a pájaros, competitividad extrema y ausencia absoluta del sentido del decoro. Es una combinación a la que si le sumas un talento descomunal para jugar a esto, te da para un villano de época. Un tipo al que abuchear durante años y años cuando Djokovic se retire. El antihéroe, pieza esencial en cualquier narrativa. 

En tercera ronda, Tsitsipas se enfrentará con el español Carlos Alcaraz, el jugador más joven desde el propio Djokovic en pasar ronda en los cuatro torneos del Grand Slam. Ya sabemos de qué lado estará el público. Lo que no sabemos es si eso motivará al griego como le pasó a Medvedev o si toda esta presión acabará pasándole factura. No se puede decir que no se lo esté ganando.

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