Stefan Frei, el guardián de Seattle Sounders que demuestra que en la MLS sí hay buenos porteros

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Stefan Frei durante un partido entre Seattle Sounders y Portland Timbers en agosto del año pasado. (Troy Wayrynen-USA TODAY Sports)
Stefan Frei durante un partido entre Seattle Sounders y Portland Timbers en agosto del año pasado. (Troy Wayrynen-USA TODAY Sports)

El tiempo se detuvo para Stefan Frei el 10 de diciembre de 2016. O más bien él hizo que el tiempo se detuviera para todos. En menos de tres segundos su carrera había cobrado sentido para siempre. Tosaint Ricketts desbordó por derecha y metió un centro perfecto para el remate de Jozy Altidore. Si fuera una película, en ese momento (107 minutos de tiempo corrido) Toronto FC tuvo el clímax en sus manos: eran los campeones y nada podía salir mal. Pero el guión quiso que la historia se contara a partir del portero que ellos no quisieron. Frei, suizo de nacimiento y avecindado en California desde la adolescencia, sacó el balón de una manera sólo explicable a partir de sus ganas de hacer historia.

Se suspendió en el aire y con la izquierda negó el título a la afición local, la misma que lo arropó en sus inicios como profesional. Y faltaba más. La final se decidió en penales y ahí Frei tenía un pretexto más para reclamar su noche histórica. Con un 1-1 en el marcador, el imponente Michael Bradley se paró enfrente del supermán helvético. El Capitán intentó jugar con fuego: cobró tenuemente, como si quisiera demostrar que a los titanes se les vence con serenidad y estrategia. Frei recostó y atajó. Los anfitriones fallaron de nuevo más tarde y el Seattle Sounders ganó su primer título de MLS. Con una famosa marca de consolas como patrocinador, la poesía quedó completa: Frei había hecho un partido de videojuego ante el equipo que le vio nacer.

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La idea común sostiene que en la MLS no hay buenos porteros. Y hay quien va más allá: se dice que los porteros de esta liga son deliberadamente malos para que así los delanteros puedan lucir. Como si un equipo saliera al campo de juego con ganas de perder y como si no hubiera errores grotescos en todas las ligas del mundo. Pero el ejemplo de Stefan Frei contradice ese postulado. Porque Frei es un portero inapelable y que, en otro contexto, pudo haber hecho una carrera larga en cualquier equipo del mundo.

Lo hace todo bien. Posee condiciones físicas privilegiadas, pero su poderío no lo hace menos ágil, sino todo lo contrario: lo utiliza para llegar a balones imposibles. Tiene una capacidad de reacción destacada: es imposible sorprenderlo o creer que algún disparo se le escurrirá. Anticipa muy bien los centros y es una garantía en el mano a mano. Cuando los delanteros ven a Frei saben que tienen poco tiempo para pensar y definir. Y en lo que deciden. Frei ya ha hecho su trabajo: es fuerte, potente y rápido.

Gana partidos. O los salva, como pasó el sábado contra LAFC. A los 91 minutos, los angelinos pudieron llevarse la victoria en el partido más caliente de la semana, pero Frei extendió su pie izquierdo para rechazar el remate del ghanés Nicholas Opoku. Es la clase de atajadas que elevan a un guardameta a otra categoría. Él las ha hecho por nueve años en Seattle y la fusión de ambas cosas, condiciones y sangre, lo han elevado ya al altar de ídolos históricos para una franquicia que definió su identidad a paso galopante. También, como todo portero imponente, Frei tiene una personalidad que se enciente en los momentos álgidos. Y vaya que los rivales se la piensan dos veces antes de hacerle algún aspaviento.

Su aura quedó también patentado en la Final de la Liga de Campeones de la Concacaf en 2022, cuando le sacó un cabezazo de gol a Diogo de Oliveira para que su equipo mantuviera la ventaja y, finalmente, se llevara el campeonato. Ese título fue histórico para Sounders. Se convirtieron en el primer equipo de la MLS en asistir al Mundial de Clubes con el formato vigente y acabaron así con una hegemonía de 17 años por parte de los clubes mexicanos.

Nadie ha podido quitarle su sitio y no parece que vaya a suceder pronto. A sus 36 años, Frei sigue siendo clave en un equipo que todos los años compite en los más alto. Es un maestro del arco, de esos porteros que cualquiera sufre cuando es rival, pero que desearías que estuviera siempre de tu lado. Hay Frei para mucho tiempo y Seattle Sounders lo disfruta. El resto, porque así es el futbol, lo padece.

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