Nadie sabe cómo llegó Stan Wawrinka ni cómo se está yendo lentamente

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MASON, OHIO - AUGUST 15: Stan Wawrinka of Switzerland serves during his match against Andy Murray of Great Britain during the Western & Southern Open at the Lindner Family Tennis Center on August 15, 2022 in Mason, Ohio. (Photo by Dylan Buell/Getty Images)
Stan Wawrinka, al saque durante el pasado torneo de Cincinnati (Photo by Dylan Buell/Getty Images)

A partir de la victoria de Juan Martín del Potro en el US Open de 2009, Federer, Djokovic y Nadal se repartieron catorce de los siguientes dieciséis grandes. Las únicas excepciones las protagonizó Andy Murray en el US Open de 2012 y Wimbledon 2013. El "Big 3" pasó durante unos pocos años a ser un "Big 4" del que quedaban excluidos el resto de jugadores. También, por supuesto, Stan Wawrinka, campeón olímpico de dobles junto a Roger Federer en 2008 y hombre cuya carrera en individuales le hacía estar en torno a los diez primeros del ranking pero sin grandes excesos: unas semifinales en Nueva York de 2013 junto a un buen montón de derrotas en octavos de final desde su consolidación en la élite en 2007.

Nadie contaba con Stan Wawrinka como candidato a ganar el Open de Australia de 2014, desde luego. No solo es que llegara como octavo cabeza de serie, sino que tenía por delante al Big 4, a Ferrer y al mismísimo Del Potro, en uno de sus períodos de regreso a las pistas. Y, sin embargo, ganó. A los casi 29 años, pero ganó, dejando un partido para la historia contra Djokovic en cuartos de final (11-9 en el último set) y otro contra Nadal en la final, marcado por las molestias en la espalda del español, que aun así fue capaz de llevarse un set.

Wawrinka, hasta entonces un jugador apañado, como Berdych, como Tsonga, como el propio Ferrer... pasó a otra dimensión. Baste un dato: desde su triunfo en 2014, es el único junto a Nadal, Djokovic y Federer capaz de ganar otros dos grand slams (ambos, por cierto, también ante Djokovic: Roland Garros 2015 y US Open 2016). Solo eso debería ya colocarle entre los grandes de su generación. En rigor, aunque su carrera ha sido mucho menos brillante, ha ganado los mismos majors que Andy Murray, por ejemplo, y, ya digo, se los ha ganado a los mejores.

Sin embargo, en torno a Wawrinka nunca ha habido una narrativa potente. Siempre ha parecido un intruso. Un luchador con buena cabeza, con un revés descomunal, que se había colado en una fiesta a la que no estaba invitado. Ni siquiera cuando ganaba se consideraba mérito suyo, sino demérito del que tuviera delante (la espalda de Nadal, la presión sobre Djokovic, etc.). Y así, del mismo modo que no nos enteramos casi de cómo había llegado ahí arriba el suizo, tampoco nos estamos enterando de qué es de él ahora que está en la cuesta abajo de su carrera.

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Porque el caso es que Wawrinka sigue jugando al tenis. Y sigue jugando grand slams. De hecho, ayer mismo jugó la primera ronda del US Open contra el francés Corentin Moutet y tuvo que retirarse cuando iba dos sets a cero en contra. Wawrinka se nos apaga, eso sí. Nunca ha llegado a recuperarse del todo de la lesión de rodilla que sufrió en 2017, con 32 años. El nivel de la ATP es tan flojo que incluso una versión menor del suizo volvió a colocarse entre los trece primeros del ranking en 2020 (actualmente es el 295º), pero obviamente ya no es el mismo.

Él sigue diciendo que tiene un gran resultado a su alcance, que puede conseguirlo si persevera. Lo mismo dice Andy Murray, que tiene dos años menos y una prótesis de cadera. No parece probable en ninguno de los dos casos. La diferencia es que, mientras Murray sigue copando portadas, se le siguen buscando declaraciones y sigue recibiendo el apoyo del público generalmente en las pistas principales, a Wawrinka se le olvida por completo, relegado a la pista número cinco de Flushing Meadows ante unas gradas casi vacías.

Incluso Del Potro, en su largo e intermitente adiós al tenis (pese a todas sus lesiones, fue finalista del US Open en 2018), tuvo su momento de atención y agradecimiento. Su despedida por todo lo alto. No sabemos qué será de Wawrinka. Siempre ha tenido algo de bicho raro de cara al público y me temo que sigue siendo así. Es el único que de verdad le ha plantado cara al "Big 4" pero prácticamente nadie se lo reconoce. Hundido en la clasificación, errático en la ejecución de sus golpes y sin una pizca de suerte, lo normal sería una retirada en cualquier momento (tiene 37 años), pero él ahí sigue, llevándose el dedo a la cabeza para indicarse a sí mismo que hay que estar centrado y resistir. Contra todo y contra todos. Hasta que ya sea imposible.

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