St. Andrews: la cuna del golf mundial que recibe al 150º Open y donde se desató “la guerra de los conejos”

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La imagen del hoyo 18 del imponente campo de St. Andrews; el torneo empezará este jueves
La imagen del hoyo 18 del imponente campo de St. Andrews; el torneo empezará este jueves - Créditos: @GLYN KIRK

Las gaitas atraviesan el cielo plomizo con su sonido estridente. Enormes edificios entre grises y ocres protegen el enorme manto verde, mientras que el paisaje costero de fondo deja flotar una bruma constante. Incólume como desde hace 700 años, el puente Swilken de piedra, que cruza el canal de agua del hoyo 18. El Open Championship, el major más antiguo, tiene esta semana su fiesta en St. Andrews, que se alza orgullosa y milenaria en la costa este del Reino de Fife, a unos 80 kilómetros de Edimburgo hacia el noreste. La ciudad escocesa, que pese a su carga histórica apenas tiene 18.000 habitantes, ya es un hormiguero de gente: miles de amantes del golf asisten en estos días a un escenario que representa la cuna de este deporte.

Desde este jueves se disputará la 150° realización del torneo y dos argentinos serán protagonistas: el chaqueño Emiliano Grillo y el cordobés Jorge Fernández Valdés sentirán en sus pies el musgo del Old Course, el campo más antiguo de Saint Andrews Links. Son siete trazados en total los que conforman este paraíso golfístico, lleno de tradición: Old, New, Jubilee, Eden, Strathtyrum, Balgove y Castle, agregado en 2007 e inaugurado en 2008. Es un sitio donde se respira golf desde hace seis siglos, pero incluso la historia retrocede hasta 1123, cuando el rey David I ratificó en una carta que la tierra pertenecía a los ciudadanos de St. Andrews . Ese gesto político tendría un profundo efecto en el tiempo y afectaría de lleno a esos peregrinos que se divertían dibujando golpes con rústicos palos y pelotas.

Jack Nicklaus saluda desde el puente Swilken en la cita de 2005; uno de los tantos detalles emblemáticos del Old Course
Jack Nicklaus saluda desde el puente Swilken en la cita de 2005; uno de los tantos detalles emblemáticos del Old Course - Créditos: @TED S. WARREN

Resulta inimaginable que en ese espacio que recibe hoy al Open Británico, el golf ya ganaba popularidad en el siglo XV. Tanta pasión despertaba el juego por aquella época que, en 1457, James II de Escocia sintió que la buena fama de este deporte estaba desviando la atención de los jóvenes de su práctica de tiro con arco y lo prohibió hasta 1502, cuando el rey James IV derogó la restricción porque él mismo se había convertido en golfista. El arzobispo John Hamilton otorgó a los habitantes de St. Andrews el derecho a jugar en los Links en 1552.

J.H. Taylor, James Braid, Bobby Jones, Sam Snead, Peter Thomson, Jack Nicklaus, Seve Ballesteros, Sir Nick Faldo y Tiger Woods fueron algunas de las estrellas que levantaron el trofeo Claret Jug en la cancha de St. Andrews, que además de ser el hogar del golf es el territorio sagrado del Royal & Ancient Golf Club, fundado en 1754. Inicialmente conocida como la Sociedad de Golfistas de St. Andrews, la entidad tomó cuerpo con 22 nobles, terratenientes y profesores. Y en 2004 se creó una organización derivada, bajo la sencilla denominación de R&A, que realiza el torneo año tras año en distintas sedes y es una de las rectoras del golf del planeta junto con la USGA, responsable solo de los Estados Unidos y México. Básicamente, R&A administra el golf amateur mundial, sus reglas, los palos, las pelotas y el Open.

Los mitos sobrevolaron esta atmósfera y estuvieron siempre a la orden del día. Aquella afirmación de que los dieciocho hoyos equivalen a la cantidad de medidas que pueden servirse de una botella de whisky escocés no es más que una leyenda. En realidad, el Old Course había sido diseñado originalmente con 22 hoyos, once de ida y once de vuelta. Al completar un hoyo, los jugadores colocaban su pelota dentro de la distancia de dos palos respecto del hoyo anterior, usando un puñado de arena sacada de un bunker para formar un tee. Así pegaban y le daban continuidad a su recorrido. Pero en 1764, el Club concluyó que algunos hoyos eran demasiado cortos y decidió combinarlos, con el objeto de que fueran más largos y desafiantes. De esta manera, el campo se redujo a dieciocho hoyos y provocó lo que terminaría convirtiéndose en la vuelta estándard de golf en todo el mundo.

Transcurrían tiempos de transformaciones hacia un juego más establecido, con reglas claras, pero la política no acompañaba. El momento más oscuro llegó en 1797, cuando el Ayuntamiento de St. Andrews quebró y vendió los links a los comerciantes locales, que eligieron una nueva línea de negocios y transformaron el espacio verde en una granja de conejos como fuente de carne y pieles . Lo que seguiría se conoció como las “guerras de los conejos”: más de veinte años de una batalla legal y física que desembocó en un verdadero desastre. Sucedió que los conejos honraron su fama reproductora y, en poco tiempo, las áreas dedicadas al golf terminaron convertidas en una gigantesca conejera. Era la lucha sanguinaria entre mercaderes y jugadores.

Bryson DeChambeau camina sobre el green del 1 del Old Course at St. Andrews, en Escocia
Bryson DeChambeau camina sobre el green del 1 del Old Course at St. Andrews, en Escocia - Créditos: @Peter Morrison

En octubre de 1801, el entonces capitán de Sociedad de Golfistas, George Cheape, se quejó al Ayuntamiento por la destrucción del campo de golf y dos años después inició una recolección de fondos, hasta que en 1821, su hermano James compró los campos y los recuperó para el golf. Atrás quedaría entonces ese terreno atestado de agujeros, surcos y madrigueras. Pero hubo más idas y venidas: en 1893, la familia Cheape vendió los links al Royal and Ancient Golf Club, aunque al año siguiente, el Ayuntamiento reclamó la propiedad de St. Andrews Links. Después de varios litigios y con la intervención del Parlamento Escocés, St Andrews Links fue otorgado a Links Trust, que sigue siendo propietario hasta el día de hoy.

“No hay mejor trabajo”, jura Gordon McKie, el greenkeeper jefe del Old Course y apenas la novena persona en tener ese título desde Old Tom Morris. McKie desempeña feliz su función en St. Andrews Links, la organización que administra y mantiene los siete campos de St. Andrews, que es el complejo de golf público más grande de Europa. “No creo que haya una persona más orgullosa en el planeta que yo, por el hecho de despertarme cada día y contemplar esta tierra y este campo de golf”, mencionó en una nota reciente con Golf Digest. En sus orígenes, el equipo de guardianes de campo fue dirigido por Old Tom Morris. Él y su hijo habían ganado ocho de los doce Open Championships que se habían disputado, y en su papel preparó el campo para la primera cita del Open en Old Course, en 1873.

“Hoy hacemos las mismas cosas que Old Tom habría hecho en aquel entonces; simplemente lo llevamos adelante de una manera moderna”, señala McKie, con la certeza de que debe mantener un legado. “Somos un equipo de mantenimiento, no renovadores. Estamos aquí para conservar la historia de lo que es este lugar y tratar de no cambiarla”. Y es muy cuidadoso en ese concepto de preservación de la cancha y de detalles ancestrales: “No hay mucho que podamos hacer aquí para alargar el campo; los ajustes tienden a ser más estratégicos y apuntan a la anchura de los fairways, mejorar ángulos y a veces, incluso, acortar hoyos o líneas para generar más desafío”.

Justamente la estrategia es la clave alrededor de los 112 búnkers distribuidos en el campo; la cancha está pergeñada para que cada una de sus trampas de arena presente una dificultad y genere algún daño en la ronda del jugador. “No se trata de agregar más o mover los búnkers que tenemos; la cuestión consiste en pequeñas cosas que pueden hacerse para poner la cancha más en juego y lograr que los jugadores piensen en ellas en cada tiro”, comenta el intendente del campo, que explicó que este año habrá menos arena en los búnkers. Esa variante dará una ‘sensación de profundidad más dura’ y seguramente haga todavía menos atractiva la posibilidad de coquetear con esos verdaderos cráteres.

“El otro tema aquí en el Old Course es que es viejo”, advierte McKie a Golf Digest. “Si se desea cambiar o eliminar un búnker, hay que preocuparse por averiguar quién lleva su nombre y asegurarse de que la familia no se moleste si uno lo mueve”, explica. Por ejemplo, un búnker ubicado en el lado izquierdo del hoyo 2 (par 4), se llama “Sir James Cheape”, aquel personaje que compró el campo de golf a los criadores de conejos en la década del 20 del siglo XIX. “Imaginate, tener que llamar a la familia de Sir James y explicarle que voy a quitar el búnker para crear un ángulo más desafiante para jugadores como el norteamericano Scottie Scheffler. No estoy seguro de que lo aprobarían”, comenta McKie con ironía.

El hoyo 17, un par 4 de 495 yardas, es la prueba más complicada, en el que dialogan el riesgo y la recompensa. Si el jugado elige la línea más estrecha, haciendo volar la pelota por encima del hotel ubicado sobre la derecha, será premiado si su swing llega a buen destino. En cambio, si prefiere jugar por el medio o hacia la izquierda, el segundo tiro se volverá más difícil. En Abiertos Británicos anteriores, ese rough a la izquierda fue tenue y casi inexistente, con lo que los jugadores podían soñar con llegar al green de manera más fácil. Este año, esa elección implica un peligro mayor. Sin dudas, el reto del hotel será diferente, pero el historial indica que ha provocado muchos dolores de cabeza a los golfistas desde el tee de salida.

El cuidador, originario de Glasgow y que arrancó su trabajo en el Old Course en 1996, tiene que coordinar las labores para mantener impecable el trazado par 72, de 7313 yardas de extensión, un trayecto en el que los aficionados juegan entre 40.000 y 50.000 rondas al año. Cuando arreció la pandemia, el personal de campo del Old Course se redujo de 14 greenkeepers de tiempo completo a cuatro, incluido McKie. En aquellas desoladoras épocas de cuarentena, la cancha estuvo cerrada durante tres meses –el torneo de 2020 se canceló- y el equipo comenzó a ver un terreno completamente nuevo y una forma distinta de mantenerlo. “Pronto aprendimos que menos es más”, apunta el máximo responsable.

En el Open de 2015 en Saint Andrews se emplearon 75 personas para cuidar el campo, pero este año son solo 50. El staff también está reduciendo el uso de agua, de los fertilizantes y del combustible. Pero además, a diferencia de lo que ocurría hace siete años, ahora cuentan con cortacéspedes a batería que cortan dos veces de una sola vez. Luego, esas máquinas se cargan con energía solar, mientras que el agua que va a los greens se extrae del suelo debajo del campo, o bien del agua de lluvia que se recicla en un tanque de almacenamiento, instalado en el cobertizo de los greenkeepers. La nueva fórmula recomienda optimizar los paneles solares y generadores de biocombustibles para suministrar energía a todo lo que se encuentra en el terreno. Todo consiste en un equilibrio constante entre los métodos modernos y el respeto por mantener la tradición, un objetivo nada fácil de conseguir en la medida justa.

En el futuro hay un fantasma: según un estudio de The Climate Coalition- agrupación que representa a más de 130 organizaciones del Reino Unido que analizan el cambio climático- la cancha de Saint Andrews y sus alrededores podrían quedar bajo el agua hacia el año 2050. “No hay escapatoria de eso”, reconoce McKie. “Si se mira el terreno en el que se asientan el Old Course y otros campos aquí, es fácil ver por qué. Estamos rodeados de playas y dunas, y hasta una fuerte tormenta puede arrasar una parte de la costa durante la noche. Es un esfuerzo constante”.

El scoreboard y las tribunas del hoyo 18, pintadas en alusión al 150º aniversario del torneo
El scoreboard y las tribunas del hoyo 18, pintadas en alusión al 150º aniversario del torneo - Créditos: @ANDY BUCHANAN

En las semanas posteriores a la Navidad de cada año, McKie y su equipo reciben árboles de Navidad de personas dentro de la ciudad de St. Andrews. Los greenkeepers los entregan en el estacionamiento de East Sands, y luego los cortan y los entierran en las dunas de arena que rodean el Old Course y otros campos en el área cercana. Con el tiempo se congelarán y ayudarán a establecer una base más sólida dentro de las dunas para combatir la erosión costera.

“Siempre me ha gustado este campo de golf, desde la primera vez que lo jugué en 1995″, comentó Tiger Woods sobre St Andrews. El californiano, que se ausentó en el último US Open, decidió reaparecer en el circuito esta semana, en un escenario en donde saboreó un momento importante de gloria en su carrera: “Me encanta la creatividad. Debés ser capaz de pegar todo tipo de golpes y en los ángulos correctos. A lo largo de los años aprendí a jugar bajo diferentes condiciones de viento, que cambia mucho. Y todo se basa en los ángulos. Hay que poner la bola en ciertos sectores del fairway para poder tirar a green con garantías. Esta clase de estrategia siempre me agradó”.

17 de julio de 2005: Tiger Woods sostiene la Claret Jug tras consagrarse en el Open de aquel año; también lo había hecho en ese escenario en 2000
17 de julio de 2005: Tiger Woods sostiene la Claret Jug tras consagrarse en el Open de aquel año; también lo había hecho en ese escenario en 2000 - Créditos: @ALASTAIR GRANT

El emblemático Open Nº 150 en St Andrews quebrará un récord de asistencia: 290 mil fanáticos asistirán a lo largo de la semana, con lo que se superarán los 239 mil espectadores que hubo cuando Tiger triunfó en la misma sede en 2000. Este año hubo una demanda de 1,3 millones de aplicaciones para adquirir tickets. Además, la bolsa total de premios del torneo será de 14 millones de dólares, un aumento del 22 % con respecto a 2021, cuando Collin Morikawa ganó en Royal St George’s. Martin Slumbers, director ejecutivo de The R&A, dijo: “El incremento de un 22 % significa que los premios en metálico subieron en más del 60 % desde 2016. Realizamos esta inversión sustancial mientras equilibramos nuestros compromisos más amplios para desarrollar el golf en todos los niveles en todo el mundo y continuar elevando el AIG Women’s Open”. ¿Cuánto embolsará el campeón? 2 millones y medio de dólares.

Se espera que el certamen genere alrededor de 200 millones de libras en beneficios económicos totales para Escocia, según un pronóstico independiente del Centro de Investigación de la Industria Deportiva (SIRC) en la Universidad Sheffield Hallam. Pero la expectativa de los organizadores y del público en general, es que el golf vuelva a tener una gran celebración en un lugar único, en un aniversario especial y después de aquella descorazonadora cancelación de hace dos años.

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