Si no fuera por Santiago Giménez; Cruz Azul empata con Puebla

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Luis Rodríguez Silva

CIUDAD DE MÉXICO, julio 24 (EL UNIVERSAL).- En el Cruz Azul dicen que no hay crisis, pero parece todo lo contrario. Jugar en el Estadio Azteca ya no resulta de temor para los adversarios. Su última victoria en casa fue el 2 de abril; sí, hace ya casi cuatro meses...

Y si no hubiera sido por él, por Santiago Giménez, el Puebla se hubiera salido con la suya, pero los goles del Bebote, quizá los últimos como cementero si se concreta su pase a Países Bajos, lograron el empate (2-2), unidad que sabe muy amarga para la causa cementera.

El Puebla sorprendió con una espectacular jugada colectiva y extraordinaria definición de Jordi Cortizo, quien tomó descolocado a Sebastián Jurado. Balde de agua fría para los cementeros y su afición, que quedó atónita.

La Máquina, herida, se lanzó en busca del empate. Una polémica decisión de Fernando Guerrero le abrió la posibilidad. Uriel Antuna cayó en el área por una supuesta falta de Antony Silva; el silbante marcó penalti y Giménez igualó (22’).

Su posible salida al Feyenoord parece que lo motivó y tres minutos después, con un cabezazo certero, le dio la ventaja a los cementeros. La euforia de la gente azul duró muy poco, el Puebla de Nicolás Larcamón respondió pronto. Martín Barragán conectó el balón de cabeza y puso los cartones iguales (28’).

Para la segunda parte, los azules mostraron una esperanzadora cara. Intentaron recuperar la ventaja, pero no hubo forma de mandar el balón a las redes contrarias, debido a las grandes atajadas de Silva. Los minutos pasaron, el dominio cruzazulino se mantuvo, pero el gol de la victoria se negó a caer.

La afición celeste se fue preocupada por el empate y porque su goleador, Santiago Giménez, se puede ir y debe estar consciente de que, si no fuera por él, este punto no se habría rescatado.

Los directores técnicos

Los cambios de Diego Aguirre debilitaron a La Máquina. Nicolás Larcamón se encomendó a la actuación de su portero.

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