Santiago Alvarez Fourcade, en Tokio 2020: el sueño de la medalla en el rugby Seven y su fascinación con Manu Ginóbili

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Santiago Alvarez Fourcade, en acción con los Pumas
Santiago Alvarez Fourcade, en acción con los Pumas

Los Juegos Olímpicos de Río 2016 marcaron un punto de inflexión para el rugby internacional. Brasil fue la tierra que volvió a recibirlo en la cita máxima del deporte mundial. Atrás, muy lejos en el tiempo, quedaba París 1924 y la última participación. La vuelta fue en la modalidad Seven. Una experiencia carioca que en aquel momento disfrutó un equipo argentino que entre sus filas tuvo a Santiago Álvarez Fourcade. Cinco años más tarde, el jugador que se formó en Sociedad Sportiva de Bahía Blanca y se potenció en el CASI es uno de los líderes de los Pumas Seven. Maduro, a los 27 años y como capitán del equipo. “Vivimos un nuevo sueño. Vamos a jugar por una medalla y a dar todo para llegar lo más alto posible”, asegura, antes del debut de los Pumas ante Australia, este domingo a las 22

-¿Cómo fue tu infancia en Bahía Blanca? ¿Qué inquietudes tenías?

-Viví ahí hasta los 17 años, cuando terminé el colegio y me mudé a Buenos Aires. Jugué al rugby desde los 5. En ese inicio iba y venía sin muchas ganas, pero a los 7 ya empecé a mirarlo con más cariño. En mi ciudad jugué en Sociedad Sportiva y mi segundo club fue el CASI. Pero de chico estaba lleno de inquietudes. Jugaba a todo, principalmente al básquet, porque en Bahía todos los chicos lo hacen. Pero hacía fútbol, handball, vóleibol, todo. Fue una etapa hermosa que todavía se extraña.

¿Y cómo te llevabas con los libros?

-Bien, mejor que ahora. Me iba bien. No era un excelente alumno, pero aprobaba siempre. Ahora con todo lo de los viajes, el seven y los tiempos se me complica más. Pero sigo tratando de hacerlo para tener un plan B para cuando se termine mi carrera en el rugby. En la actualidad estoy estudiando administración de empresas a distancia.

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-Dentro de todos esos deportes que practicabas, ¿qué es lo que te llevó a inclinarte por el rugby?

-Mi hermano, que estaba metido en eso. Yo lo seguía en todo lo que él hacía. Pero también fueron apareciendo entrenadores que me enseñaron el deporte en sí dentro de la cancha y también a disfrutar del día a día en el club. Llegó un momento en el que yo prefería más ir a Sociedad Sportiva que jugar al rugby, vivía todo el sábado ahí adentro. Y mis padres también tuvieron mucho que ver. Todos me llevaron a encariñarme con este deporte.

¿Cómo era esa vida en Sociedad Sportiva?

-No llegué a debutar en la primera porque me fui a los 17 años. Lo viví muy de chico, no tanto como el CASI, a donde llegué de grande. Lo que más recuerdo es disfrutar sus instalaciones, el ambiente, el hecho de estar desde las 9 de la mañana hasta las 7 de la tarde. Es un lugar hermoso que extraño muchísimo. Ojalá que el día de mañana pueda devolverle algo de lo que me dio.

-¿Cómo se fue dando el cambio de Bahía Blanca a Buenos Aires y al CASI?

-Me resultó muy difícil porque son dos ciudades bien diferentes. Me fui a vivir con mi hermano más grande. Pero no es sencillo dejar a tu familia, amigos, al club. Son cosas a las que estaba acostumbrado y me encontré con una ciudad que no conocía. Los recorridos son largos, hay que tomarse más tiempo para todos. Durante el primer año tuve muchas dudas, no sabía si seguir adelante o qué. No me quejo porque la saqué adelante bastante bien.

-¿Qué significa el CASI en tu vida?

-Es mi otra casa. Fue un club que me recibió no sólo a mí, sino a otros chicos de Bahía Blanca. Nos apoyaron en todo lo que necesitábamos. Ya desde el lado deportivo me ayudó muchísimo para crecer en mi carrera. Me abrió puertas, aprendí, jugué en primera división. En Buenos Aires se vive el rugby de manera intensa. Estoy muy agradecido por todo lo que me brindaron.

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-Te conocíamos en el rugby de 15: ¿en qué momento te diste cuenta de que empezabas a destacarte en el rugby de 7?

-Es difícil, es un proceso complejo, principalmente en la Argentina. Los Seven se usan más en verano, de forma recreativa. Creo que fue un proceso largo, no se dio de un día para el otro. Fui a mundiales juveniles a jugar rugby de 15. Pero al tiempo me convocaron para el Seven de la URBA y luego al seleccionado nacional. En ese momento me di cuenta de que me gustaba mucho. Es un deporte distinto, con otras reglas, otras formas.

-Hablando del crecimiento de un atleta. ¿Qué viste vos cuando otros veían una barrera, un prejuicio o algo que los bloquee y cómo hiciste para superarlo y potenciar tu carrera?

-Desde mi experiencia única nunca tuve una gran barrera, pero sí decisiones difíciles como dejar mi casa, mi familia, e irme a vivir a Buenos Aires cuando era muy chico. Es un paso importante que uno tiene que dar. El CASI y la UAR me potenciaron. Así, tal vez desde un momento débil, supe encontrar otras ventajas. Crecí como jugador y como persona. Hoy, a la distancia, me cruzo y hablo con jugadores de otros países y cada uno tiene su historia. Son realidades diferentes porque la estructura del rugby en países desarrollados es muy buena. Acá estamos bien, pero queremos seguir creciendo y potenciar lo que tenemos al máximo.

-En la Argentina todo suele costarle el doble a un deportista. ¿Qué tan importante es el apoyo de un sponsor?

-Cuesta mucho. En mi caso yo tengo una relación con Adidas desde 2015 y como atleta me da mucha tranquilidad, no sólo desde la logística y lo económico, sino que me brinda estabilidad. Me puedo enfocar 100% en entrenar y ser mejor. Es muy importante para todos los deportistas de nuestro país.

-Sos de Bahía Blanca, ciudad emblemática del básquet. ¿Tuviste experiencia con algunos de los grandes jugadores que salieron de allí?

-En los Juegos Olímpicos de Río 2016 se me dio la oportunidad de cruzarme con Manu Ginóbili. Ya desde la previa, cuando me enteré que él iba a estar, me fijé en la cabeza que quería esa foto. Lo vi en la ceremonia, conversamos, charlamos de básquet. Es una de las cosas más hermosas de los Juegos, esa chance de cruzarte con una estrella que lógicamente no ves en tu día a día. De repente los tenés enfrente comiendo en el comedor. Fue hermoso e inolvidable porque Ginóbili es un gran ejemplo de deportista.

-¿Cómo hacés para llevar adelante tus estudios a distancia?

-Me voy acomodando. Ahora, al ser todo digital, no hace falta cargar muchos libros. Desde que arranqué con el rugby me ayuda mucho el hecho de estudiar a distancia. Dentro de lo que es la pandemia, algo que estuvo bueno es la posibilidad de poder rendir todos los exámenes a través de una computadora. Lógicamente en las giras no es sencillo concentrarse para estudiar porque quizás a los tres días tenés que enfrentarte a una potencia como Nueva Zelanda, Fiji o Australia, pero no es imposible.

La alegría del equipo de rugby seven cuando consiguió la clasificación para Tokio, en el Sudamérica Rugby Sevens, que se disputó en Santiago de Chile
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-¿Cuál es la historia más divertida que te ha quedado entre tantos viajes con el Seven?

-Hay una que recuerdo mucho de los Juegos de Río 2016. Apenas estábamos entrando a la Villa en pleno chequeo, muestra de pasaporte. Axel Müller, uno de los compañeros, se puso a hablar con una chica que era estadounidense. Al rato vuelve y me dice: ‘Sí, estuve conversando, muy piola’. Nosotros giramos todos la cabeza y era Serena Williams y él no se había dado ni cuenta. Estuvo hablando dos horas y no se dio ni cuenta. Es muy lindo poder cruzarte con todas estas historias en los Juegos.

-Se habla mucho de lo que es ser parte de los Juegos Olímpicos, de ese gran sueño. En tu caso, serán los segundos. ¿Cómo lo vivís?

-Es difícil ponerlo en una sola palabra. Se me cruzan muchos pensamientos y sentimientos. Es inolvidable. Sabés que representás a tu club, a tu familia, a tus amigos. Se te viene todo eso al pecho y es una sensación hermosa. Lógico, siempre con la responsabilidad que conlleva. Vamos a dar lo mejor de nosotros para conseguir esa medalla que tanto queremos. Es una experiencia que te marca para toda la vida.

-¿Alguna vez soñaste con el hecho de participar en dos Juegos Olímpicos?

-Jamás, principalmente porque nuestro deporte entró en el mundo olímpico por primera vez en 2016. El rugbier en la Argentina no tiene como objetivo los Juegos, sino más bien formar parte de los Pumas o ser profesional. Era impensable. Y cuando me di cuenta de que esa posibilidad estaba, me lo puse como objetivo.

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-En el grupo les tocó junto con Nueva Zelanda, Australia y Corea del Sur. ¿Qué análisis hacés de cada uno de ellos?

-El grupo en general es muy duro. Nueva Zelanda es el campeón del mundo, es una potencia en cualquier disciplina del rugby. Son partidos en los que tenés que hacer todo perfecto. Creo que sería el encuentro a sorprender y si hacemos lo nuestro vamos a poder sacar un buen resultado. Australia, en Seven, podría ser un rival más directo para nosotros. Están un poco más arriba, aunque si estamos bien les podemos generar un buen partido. Corea, en los papeles, sería el rival más accesible. Nuestro objetivo es hacer bien el trabajo, porque en este deporte si te distraés y arrancás perdiendo, después se hace muy complejo revertirlo.

-¿Qué objetivos tienen en el torneo?

-Vamos a jugar por una medalla y a dar todo para llegar lo más alto posible. Sabemos que hay muchas cosas para hacer si queremos resultados. Me gustaría que estemos concentrados, enfocados, conectados entre nosotros. Que podamos encontrar una regularidad en el juego, algo que nos cuesta bastante. Solemos tener un buen partido y al siguiente bajamos la intensidad. Por eso el foco está puesto 100% en lo que generemos en el plantel.

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-Sos el capitán del equipo. ¿Qué consejos solés darles a los más chicos del grupo?

-He hablado con algunos de ellos. Son varios los que van a tener sus primeros Juegos Olímpicos. Quizás tienen 20 o 21 años y están en su edad de locura, de hacer todo a mil kilómetros por hora. La idea es transmitirles tranquilidad. Ellos, igualmente, lo disfrutan mucho. Es bueno que se tomen una pausa cada tanto y se relajen, que se den cuenta dónde están. Eso es algo que en mis primeros Juegos no hice, no me tomé esa pausa necesaria para observar dónde estaba.

-Lógicamente, por la pandemia, Tokio 2020 es excepcional. ¿Qué inquietud te genera?

-Sí, el Covid-19 llenó de inquietudes a todos. Nos cargamos de incertidumbre, no sabemos qué puede pasar mañana. Se le suman los protocolos, las cuarentenas, los aislamientos. Pero tratamos de manejarlo y que eso no me cambie la forma de entrenar o la intensidad. Es algo que está ahí, hay que adaptarse y hay que sacarlo adelante. Sin dudas que son unos Juegos Olímpicos raros por lo estrictos.

-Cuando estuviste en Río 2016, ¿soñabas con conocer a algún atleta en particular?

-Miro mucho básquet y los jugadores de Estados Unidos son imponentes adentro de la cancha. También me encanta el tenis. Recuerdo que un día fuimos al comedor y muy cerca teníamos una cancha. Cuando bajamos notamos que había mucha gente: estaba Novak Djokovic practicando el saque. Después pude sacarme una foto con Rafael Nadal. yo soy fanático de todo y me tomaría imágenes con todos. Admiro a muchos atletas y sus historias.

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