Nadie iba a robar a Sandra Sánchez, pero era imposible saberlo

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TOKYO, JAPAN - AUGUST 05: (BILD ZEITUNG OUT) Sandra Sanchez of Spain compete in the Women's Kata Final Karate Bout on day thirteen of the Tokyo 2020 Olympic Games at Nippon Budokan on August 5, 2021 in Tokyo, Japan. (Photo by Berengui/DeFodi Images via Getty Images)
Photo by Berengui/DeFodi Images via Getty Images

Los Juegos Olímpicos son una ventana al mundo para el deporte semiprofesional. Una oportunidad única que se da cada cuatro (o cinco) años para que descubramos, nos emocionemos y gocemos con especialidades a las que no prestamos la más mínima atención el resto de la olimpiada. Por eso, creo que es importante que esos deportes muestren una forma accesible dentro de sus posibilidades. Cada deporte es lo que es, no vamos a cambiarlos para que le guste a más gente, pero cuando intentas cubrir el larguísimo camino entre la especialización y el gran público, es importante algo de pedagogía o incluso de adaptación.

Pongamos el ejemplo de los dos oros españoles de este jueves. Alberto Ginés se impuso en la prueba de escalada contra todo pronóstico y Sandra Sánchez cumplió todas las expectativas en la especialidad de katas dentro de la modalidad de karate. El mérito es el mismo y la alegría del espectador, idéntica... pero hay grandes diferencias entre cómo se ha vivido una prueba y cómo se ha vivido la otra. Si empezamos por la escalada, hay que reconocer que el éxito mediático de este deporte ha sido tremendo. ¿Por qué? Porque se entiende, porque está claro, porque es objetivo: el que más lejos llegue, el que más rápido lo haga. No hay muchas más interpretaciones.

Es un deporte muy visual y que no nos exige. Cuando estás viendo decenas de deportes "nuevos" en apenas dos semanas, esto es importante: quieres disfrutar sin tener el reglamento a mano. El triunfo de Ginés sin duda ha ayudado, pero ya en las preliminares se hablaba de la escalada, un deporte muy minoritario en nuestro país, siempre considerado más un hobby que otra cosa. Lo contrario le pasa al karate y no es algo que se limite a este deporte. Cuando uno ve a Sandra Sánchez hacer sus katas, es completamente imposible que sepa si lo está haciendo bien, mal o regular. Salvo que seas un experto. Imposible. A la hora de pasar la barrera de lo exclusivo, esto es un problema enorme. Ver una competición sin tener idea de quién va ganando ni por qué le resta emoción y adrenalina.

En las horas previas a la final con la japonesa Kiyou Shimizu, corrió el rumor por las redes sociales de que a Sandra Sánchez le iban a "robar" los jueces. El karate se inventó en Japón, la rival era japonesa y estábamos en Tokio. ¿Para qué más pruebas? Obviamente, el rumor no dejaba de ser una teoría de la conspiración tan habitual en un país obsesionado por los árbitros, pero planteaba un problema: ¿Cómo saber si eso era posible o no?

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Por supuesto, si uno ha seguido la trayectoria de Sánchez, conoce un poco el respeto a las jerarquías propio de los jueces de todas las pruebas y además entiende lo que está haciendo durante la final, todo es más fácil... pero el 99% del público no sabe nada de eso. Es ese 99% que sigue convencido de que a España le robaron en boxeo y le robaron la final de suelo a Ray Zapata, no se sabe muy bien por qué. Puede que este problema sea solo español o puede que sea universal, pero lo que está claro es que las pruebas que se deciden de forma "subjetiva" pierden atractivo en el directo y, sobre todo, acaban convirtiéndose en una excusa para el victimismo patrio.

Llevado al extremo, esto se puede argumentar incluso de pruebas tan carismáticas en los Juegos Olímpicos como la gimnasia, y hay una parte que es verdad... y otra que matiza un poco la cuestión. Por supuesto, si yo estoy viendo la final de barras asimétricas, no tengo capacidad para juzgar si el ejercicio es de 14.765 o de 14.354. Ahora bien, aparte de que me lo explique Paloma del Río, hay algo instintivo y básico. Si la gimnasta se cae, se acabaron las medallas. Si el saltador no clava la recepción, será penalizado. Si el especialista en suelo pisa fuera del tatami, le quitarán puntos.

Aunque haya mil detalles que se nos escapan, no puede pasar lo que al "Profeta" Reyes cuando tiró a su rival dos veces sin aparentes consecuencias. Son deportes, insisto, que necesitan jueces, pero quizá necesitan también reglas más claras, más accesibles a todo el mundo. A veces, da la sensación de que, en caso de duda, los jueces no premian una actuación sino una trayectoria. En natación sincronizada, por ejemplo, pasa muy a menudo: antes de empezar la competición, uno ya sabe, con escasísimo margen de error, cómo va a acabar.

Durante los años dorados de Anna Tarrés, Gemma Mengual y Ona Carbonell, sabíamos que España iba a ser plata o bronce detrás de las rusas. Supongo que si a una de las nadadoras le daba un calambre, pues el pronóstico se venía abajo, pero conociendo las rutinas, su dificultad y los resultados anteriores, podíamos prever lo que iban a puntuar los jueces. Por eso es tan complicado avanzar en determinados escalafones y se tarda tantos años en ganarse el respeto y los resultados. Son disciplinas sin demasiadas sorpresas y, las que se producen, permanecen al margen del ojo del espectador inexperto. Y el problema es que el espectador inexperto es el objetivo número uno de estos Juegos Olímpicos. El que da sentido a que todo esto exista. Y el que elegirá qué pruebas siguen y cuáles se quedan por el camino. Así, el karate... así, la escalada.

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