Salvador Carmona, el futbolista que arruinó su carrera por un infame dopaje

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Salvador Carmona durante un partido de la Copa Confederaciones 2005. (Andreas Rentz/Bongarts/Getty Images)
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Salvador Carmona escribió de puño y letra uno de los episodios más negros en la historia del futbol mexicano. Era mayo de 2007 cuando el dopaje dejó de ser tabú o asunto postergable: Carmona se convirtió en el primer y único jugador mexicano en ser suspendido de por vida por reincidir en una prueba antidopaje. Su caso conmocionó a un país que estaba acostumbrado a los castigos a medias en todos los estamentos. La historia, al menos por una vez, fue diferente.

Todo comenzó en la Copa Confederaciones 2005, en el mes de junio. La Selección Mexicana vivía una auténtica luna de miel bajo la batuta de Ricardo Antonio La Volpe. Había derrotado a sus dos primeros oponentes: Japón y Brasil. Sin embargo, pronto una nube negra se apoderó de la atmósfera. Carmona y Aarón Galindo, ambos jugadores de Cruz Azul, fueron separados del plantel. En un principio, la Federación no dio detalles y limitó la decisión a asuntos disciplinarios.

Desde luego, la opacidad de los directivos dio pie a un sinfín de teorías que alcanzaban los grados más grotescos. Luego, cuando fue imposible tapar el sol con un dedo, la verdad salió a la luz: Carmona y Galindo habían dado positivo a norandrosterona, sustancia prohibida. No sólo tenían que retirarse de la concentración: debían cumplir un año de suspensión. La medida impidió que los dos jugadores pudieran asistir a la Copa del Mundo de Alemania 2006, cita a la que seguramente habrían llegado pues La Volpe los tenía contemplados como jugadores medulares.

Cumplido el año de sanción, Chava Carmona retomó su actividad profesional con La Máquina. Había perdido la oportunidad de jugar su tercera Copa del Mundo, a la que habría llegado en el mejor momento de su carrera y como referente de un equipo grande en el balompié azteca, pero al menos podía considerarse afortunado: todavía tenía la oportunidad de jugar al futbol y resarcir su prestigio dentro del campo de juego. Ese consuelo se desvaneció muy rápido.

En pleno cumplimiento de su sanción, el defensor dio positivo a estanozolol en enero de 2006. Carmona presentó una apelación ante la Agencia Mundial Antidopaje (WADA). El caso fue atraído por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que tomó una decisión fulminante. Carmona efectivamente dio positivo por segunda vez y el castigo era inevitable. Tenía que ser suspendido de por vida de la actividad profesional.

La noticia la supieron tanto el jugador como su equipo, Cruz Azul, en la víspera de enfrentar a Pachuca en la ida de Semifinales del Clausura 2007 (ya había jugado más de un año mientras su proceso era deliberado, pero las sanciones no eran retroactivas). Contra las cuerdas, Cruz Azul consiguió un amparo que le permitía a su jugador alinear sin correr ningún tipo de riesgo. La bomba le estalló en las manos a todos. La Federación Mexicana dictaminó que equipo y jugador infringieron el reglamento. La sanción fue directa: un juego de suspensión para los cementeros, y lo evidente: se ratificó la suspensión de por vida para Carmona.

Carmona en un partido contra Chivas en 2006. (Ronaldo Schemidt/AFP via Getty Images)
Carmona en un partido contra Chivas en 2006. (Ronaldo Schemidt/AFP via Getty Images)

Después de la tormenta de acusaciones mutuas, Salvador demandó a la Federación Mexicana de Futbol y solicitó cinco millones de dólares como compensación por daños morales y patrimoniales. La demanda falló en su contra en el año 2010 y a Carmona no le quedó más remedio que reforzar su discurso: dijo que algún día daría a conocer todo lo que hubo detrás de su caso, pues él se consideraba un mero chivo expiatorio. Hasta el día de hoy no lo ha hecho. Sólo ha quedado en el recuerdo como un jugador de finas cualidades defensivas que tiró por la borda sus méritos para protagonizar el escándalo de dopaje más tétrico en la historia del balompié azteca.

Carmona desapareció de la escena sin dejar rastro. De vez en cuando se le observa en partidos de veteranos: al menos se puede deducir que sus colegas de profesión no lo cancelaron. Su huella fue eliminada para siempre de los campos de futbol que algún día supo alumbrar.

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