Salvó a Racing del descenso, jugó en Europa y ahora tiene una cadena de restaurantes: la vida gourmet de Lucas Aveldaño

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Lucas Aveldaño se retiró del fútbol a sus 37 años y emprendió su camino como empresario gastronómico en España: ya tiene tres locales en Palma de Mallorca
Lucas Aveldaño se retiró del fútbol a sus 37 años y emprendió su camino como empresario gastronómico en España: ya tiene tres locales en Palma de Mallorca

No tuve tiempo de despedirme. A su vez, no tenía pensado dejar el fútbol, venía de tener una buena temporada en el Tudelano, un club de la Primera REF (tercera división), que ahora es una categoría más profesional, dividida en zona oeste y este, con participación de equipos como Deportivo La Coruña, Racing de Santander y filiales del Barcelona y Real Madrid”, explicó Lucas Aveldaño, en diálogo con LA NACION, mientras vive con intensidad la apertura de su tercer restaurante orientado a la cultura italiana en Mallorca, isla que también lo vio desempeñarse en su equipo.

Lucas Aveldaño se desempeñó como marcador central en varios equipos de la Argentina y el exterior. Entre los clubes más destacados se encuentran Racing, Belgrano, Universidad de Chile y el nombrado Mallorca. A sus 37 años, decidió cerrarle la puerta al fútbol. La edad, que suele pasarle factura a muchos deportistas, a él lo encontró en plenitud, con ofertas para continuar en un campo de juego. Establecido en la isla balear, decidió, casi sin meditarlo, abandonar la actividad profesional y abocarse de lleno al mundo de la gastronomía, que lo cautivó desde hace mucho tiempo y fue un horizonte tangible para el día después del retiro.

Aveldaño jugó en el Mallorca de España, donde con el tiempo se y hoy se desempeña como empresario gastronómico
Aveldaño jugó en el Mallorca de España, donde con el tiempo se y hoy se desempeña como empresario gastronómico

Nacido en Rafaela, el club donde debutó en Primera División, Aveldaño recibió, en 2008, una oferta para seguir su carrera en Racing, que se encontraba contra la espada y la pared en su lucha por no perder la categoría. “Para uno, que es del interior, llegar a un club como ese se valora mucho más; en ese momento era casi inalcanzable, estaba muy olvidada esa parte del país, más aún sin redes sociales.”, agregó.

Con el alejamiento de Juan Manuel Llop en la conducción técnica y la llegada de Ricardo Caruso Lombardi, la Academia recibió una inyección anímica importantísima de su nuevo entrenador, reconocido por su carisma, motivación y el mote de salvar equipos del descenso. Entre sus técnicas para conducir al equipo, prometía televisores a sus dirigidos a cambio de un resultado positivo.

“Recuerdo marcar a (Martín) Palermo en un encuentro con Boca y recibí el ‘Premio Maradona’ del diario Olé. Dejé la vida por uno de los televisores, jaja. Después del partido arreglamos con Caruso y le dije: ‘Gordo me tenés que dar un televisor que Palermo ni la tocó en el partido’. Así fue que me lo terminó dando a mí”, recordó el defensor como una de las tantas anécdotas que atravesó en su estadía en el club de Avellaneda.

Lucas Aveldaño en uno de los duelos contra Martín Palermo en La Bombonera: de ese partido se llevó una TV
Lucas Aveldaño en uno de los duelos contra Martín Palermo en La Bombonera: de ese partido se llevó una TV

Unos años más tarde, en 2010, Racing sorprendió en el mercado de pases con la llegada del histórico defensor Fabián “Ratón” Ayala, un ídolo y referente de Aveldaño en su puesto: “Compartimos algunos momentos juntos, lo miraba de al lado y no podía creer la persona humilde que era. Me considero una persona sumamente competitiva, quiero ganar a todo, pero esa fue la única vez que aceptaba ser suplente con tal que juegue él”.

Para terminar el corolario, antes de abandonar la institución en 2012, el Pela, como lo apodan sus colegas, se dio el gusto de integrar un plantel comandado por Diego “Cholo” Simeone, quien volvía para tener su segunda etapa como entrenador de La Academia. “Fue el mejor técnico que vi en cuanto a gestión de grupo y a táctica. Él y el profe Ortega llevaban muy bien al grupo, estaba todo el tiempo mirando a los que jugaban y a los que no”, señaló.

Un jugador gourmet: el día que decidió pegar el volantazo

A medida que transitó su camino en el fútbol empezó a combinar su pasión de la pelota con la cocina (y a eso sumó otra: las maratones de montaña). Así que en el medio de las extensas pretemporadas de preparación física y en las concentraciones previas a un partido de la liga, aprovechaba, después de comer, para diferenciarse, en cierto punto, de sus compañeros y en vez de utilizar la PlayStation u otros atractivos a la vista, se ponía a charlar con los cocineros del hotel, para ver cómo se movían en su mundo, cómo hacían una receta, qué ingredientes le ponían y demás cuestiones que lo perfilaron como un jugador gourmet.

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Acostumbrado a los desafíos de su profesión, Aveldaño se identifica con la exigencia, el vértigo de estar presente en el área -donde las papas queman- y la pelota se debe rechazar de inmediato. “En su momento ya sabía que quería invertir en este rubro, en la cocina no tenés tiempo. La presión que se vive ahí es increíble. Te levantás para laburar y cuando te acostás, ya estás pensando qué hacer al otro día, cómo mejorar un plato. Es estresante y hasta medio carcelario el mundo gastronómico, todos los días te pasan cosas nuevas”, detalló al charlar con este medio sobre, como un paralelismo entre el rigor de luchar por el descenso con Racing y el apuro de las sartenes y los hornos.

Aveldaño, de bermuda, junto al cocinero y su socio Matías, en el nuevo restaurante italiano que inauguró
Foto: Gentileza Lucas Aveldaño
Aveldaño, de bermuda, junto al cocinero y su socio Matías, en el nuevo restaurante italiano que inauguró Foto: Gentileza Lucas Aveldaño

Al llegar al Mallorca en 2015, Lucas se encontró con un amigo, también oriundo de Rafaela, que era chef en un restaurante estilo boutique y le expresó el deseo firme de meterse de lleno en el rubro gastronómico. En el mientras tanto, siguió su carrera y vistió las camisetas de Belgrano de Córdoba, Tenerife, Universidad de Chile, Deportes Iquique (Chile) y el Tuledano. Como algo natural, que se dio propio de su deseo, se convirtió en un empresario gastronómico y hace dos semanas, inauguró su tercer local: una pinseria, que emula a la famosa pizza italiana, en forma ovalada, con algunos secretos adicionales que la hacen diferente.

En junio de 2019 inauguramos, junto a mi socio, el primer restaurante, en una plaza peatonal que se estaba haciendo famosa acá en Mallorca, que se llama Shaka, el cual se dedica a la cocina fusión entre lo asiático y mediterráneo. A los meses, se dio un traspaso de mando de otro local en la zona y me asocié con un amigo y mi hermano para abrir el Maleva, que ofrece carne a las brasas. Y ahora, hace 15 días, abrimos un concepto novedoso que se llama pinseria, que se elabora con tres harinas diferentes, un proceso de fermentación de 24 a 48 horas, lo que no daña la estructura de la pizza y hace que sea más digestiva y menos calórica”, comentó en su rol empresarial.

La fachada de Entre Pinsas, el tercer comercio gastronómico que inauguró el exfutbolista.
Foto: Gentileza Lucas Aveldaño
La fachada de Entre Pinsas, el tercer comercio gastronómico que inauguró el exfutbolista. Foto: Gentileza Lucas Aveldaño

Con un éxito que se encuentra en expansión, el dueño de Shaka, Maleva y Entre Pinsas, también rememoró los tiempos difíciles de la pandemia, donde la cuarentena obligó a la población a quedarse en su domicilio y los locales gastronómicos encontraron un escape en el Take Away, que, por estas latitudes, se lo asocia al famoso delivery. “Acá hubo ayuda para los comerciantes. Se creó el ERTE donde el Estado cubrió el 70 por ciento de los gastos y nosotros nos hicimos cargo del 30 restante. Con esa medida sobrevivimos, ya que no obtuvimos ni ganancias, ni perdidas”, remarcó.

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Entre el dominio de sus restaurantes, las charlas con su equipo que maneja las redes sociales y los eventos privados a los que asiste con el foodtrack de sus locales, Aveldaño vive una realidad que cambió de un día al otro, sin esperarlo. Como él indica, no hubo tiempo para despedirse del verde césped. Con gran parte de su familia establecida en España, su mamá Clara y su papá Rubén siguieron el mismo camino y lograron reinventar su vida a los 60 años al ponerse un hotel rural, en las afueras de Mallorca.

Lejos parece su vuelta al país. A pesar de su amor por Belgrano de Córdoba, que lo conecta con estas latitudes en cada partido, Aveldaño entiende que su rubro está bastardeado en Argentina y que para invertir en un restaurante se necesita hacer “un máster en economía”, debido a las vicisitudes monetarias de estas tierras.

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A las 8 de la noche en España, con los últimos registros del calor europeo, Lucas continúa elaborando nuevas estrategias e imagina la apertura de un nuevo comercio. Su rol multifacético de dueño, cocinero y mozo, se puede emparentar con la polifuncionalidad que lo destacó y lo llevó a desempeñarse en clubes importantes de cada país donde estuvo.