"Me salvé por impuntual": futbolista sobrevivió al terremoto que marcó a Colombia

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Ruben Bihurriet, Diego Montenegro y Dario Campagna murieron en el terremoto de Armenia
Ruben Bihurriet, Diego Montenegro y Dario Campagna murieron en el terremoto de Armenia

Néstor Lo Tártaro era arquero en Deportes Quindío el 25 de enero de 1999, cuando tenía que salir de su casa para ir a almorzar con dos futbolistas argentinos, como él, que estaban por sumarse al club. Parecía un día como cualquier otro. Rubén Bihurriet y Diego Montenegro lo esperaban, junto a su representante Darío Campagna, en el Hotel Izcay, en el centro de Armenia, la ciudad que a las 13:19 iba a marcar la hora de su propia tragedia. Un terremoto de magnitud 6,2 en la escala de Richter sacudió a la ciudad. Las pequeñas casas y los edificios vibraron hasta que su estructura no pudo más: Bihurriet, Montenegro y Campagna murieron bajo los escombros, fueron tres de las 1,125 víctimas que arrojaron esos 60 segundos de temblor que parecen imposibles de olvidar en la ciudad colombiana de Armenia.

Desde Buenos Aires y a 23 años de la tragedia, Lo Tártaro -que hasta las últimas Eliminatorias al Mundial de Qatar 2022 fue entrenador de arqueros en el cuerpo técnico de Reinaldo Rueda en Colombia- recuerda en una charla con LA NACION que minutos antes de las 13 salió de donde vivía para buscarlos y concretar la cita. "Estaba calentando la camioneta y sentí el ruido de una bola de acero que se venía deslizando sobre el cemento. Era el temblor, no se me va a borrar en toda mi vida el recuerdo. Yo debería haber estado con los tres chicos y me salvé por impuntual", cuenta hoy, con 55 años.

Un anciano, sosteniendo a su perro, toma un descanso en una calle central de Armenia, un día después del poderoso terremoto que midió 6.0 en la escala de Richter
Un anciano, sosteniendo a su perro, toma un descanso en una calle central de Armenia, un día después del poderoso terremoto que midió 6.0 en la escala de Richter

Por entonces tenía 32. Había llegado a Colombia en 1995 para defender los colores de Envigado. Después jugó en el Quindío, pasó al América y regresó a Quindío en 1999. "Ese día no nos tocaba entrenar porque habíamos jugado el día anterior contra Santa Rosa, en Once Caldas. Los chicos tenían que firmar el contrato y después de comer íbamos a ir a ver alguna casa para que pudieran vivir acá con sus familias. A mí ya me había pasado de sentir movimientos. Escuché que les estaban haciendo una nota en la radio, se cortó la comunicación y ahí salí a buscarlos", relata.

Con la certeza del terremoto, avanzó hacia el lugar del horror. En el camino encontró a una familia de argentinos que conocía. Le contaron que se había caído el edificio donde vivían. Los llevó a una clínica y siguió para el hotel. Cuando llegó, vio las ruinas. Se le vino su propio mundo abajo: “Habré estado 20 minutos sentado sobre escombros, en la esquina del hotel, sin saber qué hacer, para dónde ir, shockeado. Volví a mi casa. Traté de organizarme. Decidimos con Juan Muriel, otro amigo, ir a buscar a los chicos entre las piedras. Me acuerdo que a las 16 estábamos parados frente a una losa y nos caímos. Ahí nos dimos cuenta de que nos estábamos salvando”.

Néstor Lo Tártaro es entrenador de arqueros en la actualidad. Trabajó muchos años con julio Falcioni (en la foto, durante el paso de ambos en Banfield).
Néstor Lo Tártaro es entrenador de arqueros en la actualidad. Trabajó muchos años con julio Falcioni (en la foto, durante el paso de ambos en Banfield). - Créditos: @Archivo

Currículums entre los escombros

Bihurriet y Montenegro habían llegado a Armenia 15 días antes del sismo, en compañía de Campagna. Diego César Montenegro tenía 24 años. Se había formado en Rosario Central, pero no llegó a debutar en Primera. Mientras que Rubén Emilio Bihurriet, oriundo de Trenque Lauquen, había jugado en Newell’s, donde debutó cuando Marcelo Bielsa era el entrenador. Campagna también había sido futbolista pero en Central y después de dejar la actividad se dedicó a la representación. Había sido parte del equipo de Quindío en entre 1985 y 1988, y en efecto tenía contactos en el fútbol colombiano que le permitieron ofrecer a sus compañeros de hotel. Las notas de archivo son desgarradoras. Algunos medios señalan que entre los escombros apareció una carpeta: el currículum de los argentinos que soñaban con triunfar en el fútbol cafetero. Había fotos con sus clubes, recortes, historias.

Por aquellos días, Felipe Campagna, padre del empresario, tuvo la confirmación del fallecimiento de su hijo a través de un llamado de Radio Caracol que se lo confirmó. Hasta último momento tuvo la ilusión de que su hijo estuviera con vida, aún bajo los escombros.

Una vista área del terremoto
Una vista área del terremoto

Armenia quedó azotada en lo arquitectónico, lo económico y lo social. Ana María Buitrago Cardona tiene 60 años. Nació y vive aquí, y es una de las tantas personas que recuerda el terremoto casi a diario. Ya pasaron 23 años y todavía se le pone la piel de gallina cuando escucha algunas historias en primera persona. Estaba en Pueblo Tapao, en las afueras de Armenia, con su hijo de 5 años y un embarazo de tres meses cuando escuchó un ruido y sintió un temblor, y la muerte se le puso adelante de alguna forma. Su hija mayor, de 14 años, estaba con su abuela y su abuelo -como toda la familia de Ana María- en la casa donde vive actualmente, en pleno centro, a 50 metros de la Plaza Bolívar. Intentó comunicarse por teléfono pero fue imposible, así que decidió, como muchos y muchas que iban enterándose de la catástrofe, acercarse al lugar. No lo logró. Los accesos estaban cortados.

Demoró tres días en encontrar a su familia. Por teléfono supo que estaban bien. El susto tuvo consecuencias: tiempo después tuvo que salir de urgencia al hospital y Camila, su hija menor, nació en marzo, con cinco meses y medio. Relata que el trauma del terremoto generó el parto prematuro después de un embarazo de riesgo. Camila, que hoy tiene 23, conserva las huellas de aquellos días en sus emociones. Una vez, sola en su casa, sintió temblores y la angustia le brotó del cuerpo. Salió corriendo hacia la calle, como huyendo de algo, entre lágrimas. Finalmente, no fue nada y le advirtieron: en situaciones así lo mejor es mantener el control y quedarse adentro. Lo complejo es dominar el pánico.

La “ciudad milagro”

Hoy Armenia parece recuperada urbanísticamente. Le dicen la “ciudad milagro”. Tiene alrededor de 300 mil habitantes. Fue elegida como una de las sedes de la Copa América Femenina, un poco para darla a conocer más al continente. Aquí se disputa el Grupo B, que además de Argentina integran Brasil, Uruguay, Perú y Venezuela. Este miércoles, feriado porque es el Día de la Independencia en Colombia, la selección local, que está en la Zona A, jugará frente a Chile para definir su grupo, después de haber tenido el resto de los partidos en Cali. Las entradas ya están agotadas, por lo que el estadio Centenario, el Jardín de América, tendrá 20 mil espectadores.

Cada 25 de enero la administración local y la gobernación del Quindío conmemoran la fecha que marcó para siempre la historia de esta zona del país. En una de las actividades de los últimos años se incluyó un colectivo simulador de sismos, para capacitar sobre la identificación de amenazas de terremotos. Ahí, los habitantes podían conocer qué hacer antes, durante y después de un sismo, y también cómo llevar adelante un plan familiar de gestión del riesgo. En las calles y ante el recuerdo, muchos afirman que Armenia le enseñó a Colombia cómo resurgir de entre las ruinas.

Armenia hoy, recuperada
Armenia hoy, recuperada

Lo Tártaro coincide con esta mirada y dice que es imposible olvidar lo vivido, pero que poco a poco se fue recuperando. “Cuando estuve en Chile (entre 2018 y 2021, en el cuerpo técnico de Rueda, a cargo de la Roja) hubo temblores. Uno trata de sobreponerse, pero el miedo está. La verdad que cada vez que hay sensación de movimiento me vuelve al cuerpo lo vivido aquel día”, dice.

Todavía habla con compañeros de aquella época, aunque elige evitar el tema. En aquellos días lo ocurrido aceleró sus decisiones. Junto con Juan Eugenio Jiménez, el técnico de Deportes Quindío, y sus compañeros, al día siguiente viajaron a Medellín. Allí surgió la posibilidad de cambiar de equipo. Pasó al Cortuluá, donde jugó hasta fines de 2000. Hoy, reflexiona: “A partir de ahí empecé a entender que muchas veces valoramos más cosas que son menos importantes que la vida, que pasarla bien y hacer lo que nos gusta, que superarnos o disfrutar de lo más preciado, que es la familia”.

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