Rory McIlroy es escolta de Adam Hadwin tras la primera vuelta del US Open y Mickelson se hundió en el tablero

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Rory McIlroy pega en el hoyo 6 del Country Club de Boston; quiere su quinto major luego de ocho años de sequía
Rory McIlroy pega en el hoyo 6 del Country Club de Boston; quiere su quinto major luego de ocho años de sequía - Créditos: @Jared C. Tilton

En tiempos de distorsión por el incontrolable flujo de dinero árabe, el golf volvió a su más pura tradición con el US Open, que arrancó ayer en una de las canchas fundadoras de la USGA. El Country Club de Brookline, emplazado desde 1882 en Boston, exhibe como uno de los perseguidores del canadiense Adam Hadwin (66, -4) a Rory McIlroy, el hombre que busca su elusivo quinto major y figura a un golpe de la punta. El norirlandés ya sabe lo que es llevarse esta copa –fue su primer gran logro, en 2011-, pero su sequía de majors comenzó en 2015 y desde entonces no pudo dar su siguiente zarpazo. Sin embargo, sus antecedentes son inmejorables para aumentar su galería de grandes trofeos: viene de ganar el Abierto de Canadá y concluyó 2º en el más reciente Masters, el título que le falta para completar el denominado “Grand Slam”.

Ahora, este deporte debe lidiar con la profunda grieta que generó el LIV Golf Series, la gira sostenida con fondos públicos de Arabia Saudita conducida por Greg Norman y que ya completó su primera fecha el sábado pasado, en Londres. El desbalance en los premios es tan indisimulable como insólito: mientras que el sudafricano Charl Schwartzel se llevó 4.750.000 dólares por haber ganado la competencia individual y por equipos del LIV Golf al cabo de 54 hoyos, el campeón de este US Open estará lejos de esa cifra: US$ 3.150.000. Y eso que hubo un incremento importante de un año a otro, porque el defensor del título, el español Jon Rahm, sumó a su cuenta 2.250.000 en 2021. Además, la bolsa total de este major trepó a un total de 17,5 millones, cifra que lo convierte en el más lucrativo de los cuatro grandes. Pero la gira árabe ya había impresionado a golpe de talón con un monto de 25 millones en su cita inaugural. Un despropósito, si se compara el prestigio de un major que data de 1895 con un nuevo circuito que es lo más parecido a una exhibición.

Justamente McIlroy viene siendo muy crítico con los jugadores que se vieron tentados por los petrodólares (“No significaba más que juntar una tonelada de dinero”), pero ayer se dedicó a jugar y lo hizo muy bien, excepto en el cierre: una mala salida en el par 4 del 9 –su último hoyo del día- lo llevó a revolear su palo por la bronca y sufrió el único bogey de la jornada. “Fue frustrante”, reconoció. Antes había funcionado sólido del tee al green, en una cancha llena de roughs imposibles, con bunkers siempre al acecho y donde es muy fácil encontrar un mal lie.

Rory ya había tenido otro ataque de furia durante el recorrido, después de una mala sacada de un búnker del hoyo 5 y de donde terminó salvando el par. “Le di un par de golpes a la arena con el palo porque ya estaba muy molesto; luego reinicié mi cabeza, jugué un tiro decente desde allí y tras eso fue realmente agradable embocar ese putt”, describió McIlroy, que amplió el sentimiento de todos los competidores: “Los roughs son muy altos y complicados de enfrentar, estaba casi maldiciendo a la USGA cada vez que me acercaba a la pelota. Solo tienes que aceptarlo, pasar de página y seguir adelante”.

Mickelson, sin brújula

La otra gran historia de la primera vuelta la protagonizó Phil Mickelson, el “líder de los rebeldes” que se entregó al LIV Golf y salió por la tarde, cuando sopló fuerte el viento. Se especulaba con que iba a ser maltratado por el público por haberle dado la espalda al PGA Tour, pero fue aplaudido, vivado y ovacionado como siempre. Aunque el zurdo de San Diego, que ayer cumplió 52 años, pareció haber jugado con demasiados pensamientos negativos –la suspensión que ya pesa sobre él– y tuvo una ronda muy errática de 78 golpes (+8). Todo su juego está descalibrado por la falta de competencia real y pagó con dos doble bogeys y cinco bogeys. Quizás, para él fue caer en la realidad...

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