Roland Garros: Rafael Nadal agigantó su leyenda, aplastó a Casper Ruud y levantó su 14° trofeo en París

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El reencuentro: Rafael Nadal besa la Copa de los Mosqueteros, después de ganarle la final de Roland Garros a Casper Ruud por 6-3, 6-3 y 6-0
Michel Euler

PARÍS.- Pasa el tiempo, los años, hasta una pandemia, las décadas, y Rafael Nadal es campeón de Roland Garros. Como en 2005, cuando era un chavalito de 19 años; como hoy, con 36 recién cumplidos. El mundo no es el mismo de 2005, y hasta el abierto francés ha cambiado muchísimo desde entonces. Tanto ganó ese zurdo español, que hubo que hacerle lugar a una estatua inmensa, a metros del estadio Philippe Chatrier que lo vio y lo ve festejar una y otra vez, ayer y hoy. Esta vez, la víctima en la definición fue el noruego Casper Ruud, que había edificado la mejor campaña de su carrera. Casi que no hubo final: Rafa arrasó con un 6-3, 6-3 y 6-0, en 2 horas y 18 minutos.

Sus números impresionan: 22 títulos de Grand Slam, 92 en total (63 en polvo de ladrillo), 1058 victorias (474 en canchas lentas). Algunos, asoman inalcanzables, como la marca de 112 triunfos (90 de ellos en sets corridos) y apenas 3 derrotas en París. Para igualarlo, alguien tendría que ganar el torneo durante 16 años consecutivos. O el récord de 14-0 en finales parisinas. Nadal convirtió el Grand Slam francés en su feudo, dominado con mano de hierro. Para darle más relieve a su logro: en la ruta hacia el título superó a cuatro Top 10: Felix Auger-Aliassime (9°), Novak Djokovic (1°), Alexander Zverev (3°) y Casper Ruud (8°). El único que había logrado algo similar aquí había sido Mats Wilander, en 1982.

Implacable, Rafael Nadal cedió apenas seis games en su duelo contra el noruego Casper Ruud
Matthieu Mirville


Implacable, Rafael Nadal cedió apenas seis games en su duelo contra el noruego Casper Ruud (Matthieu Mirville/)

Con 36 años cumplidos el viernes pasado, Nadal es el campeón de mayor edad en ganar aquí, tras superar la marca de su compatriota Andrés Gimeno, campeón en 1972 con 34 años y 10 meses de edad. Muchos se acordaron de aquella “profecía” que lanzó Nicolás Almagro en 2008, impotente en medio de un partido frente a Rafa: “Va a ganar Roland Garros 40 años seguidos. Va a tener 65 años y va a seguir ganando Roland Garros”. Acaso el murciano haya exagerado un poco… pero es cierto que Rafa ha llegado más lejos que nadie aquí. El zurdo no hace más que agigantar su leyenda en cada temporada.

Lo mejor de la final

La final se jugó a techo descubierto. En lo más alto, el clima hizo de las suyas: se mostró el sol, y minutos después densas nubes lo oscurecían todo, mientras el viento también aparecía de a ratos. Nadal, atento desde el comienzo, mostró las garras con un quiebre prematuro que condicionó al noruego. Casper Ruud llegó al número 8 del mundo con ocho títulos, casi todos en torneos de la serie 250; recién en marzo pasado jugó y perdió su primera final de la serie Masters 1000 en Miami. Saltar a una final de Grand Slam, en su superficie preferida, ya era un enorme salto de calidad. Como especialista en canchas lentas, buscó por dónde lastimar, y de a ratos consiguió estar a la altura en el desarrollo. Pero no era nada fácil debutar en una final grande con el desafío más difícil de sobrellevar en el tenis de hoy.

Rafael Nadal y su emoción tras la última pelota de partido
THOMAS SAMSON


Rafael Nadal y su emoción tras la última pelota de partido (THOMAS SAMSON/)

No se vio, al menos en el comienzo, la versión demoledora de Nadal, y Ruud tuvo algunos pasajes interesantes en los que mostró su condición de Top 10 establecido. Sin embargo, la final no levantó vuelo, salvo en algunos puntos aislados. Rafa, incluso sin estar en su mejor forma, era el amplio favorito y lo dejó claro en los momentos trascendentes. Se llevó el primer set sin problemas, y cuando Ruud ensayó una rebelión con un quiebre en el arranque del segundo (1-3), pisó el acelerador con once games seguidos (6-3 y 6-0). Si le faltó temperatura al duelo, es porque Rafa no necesitó extremarse como lo hizo ante Djokovic, en esa suerte de final que se anticipó bastante antes de lo esperado.

El zurdo encaminó la definición hacia lo inexorable. Los colores de España comenzaron a lucirse en las tribunas. Lejos de bajar la tensión o relajarse, Rafa le dio cifras de paliza a su consagración. Apenas seis games cedidos en la final, un número cercano a aquel memorable triunfo sobre Roger Federer en 2008 (6-1, 6-3 y 6-0), o el de 2017 sobre Stan Wawrinka (6-2, 6-3 y 6-1). Yendo de menos a más, hasta terminar con ese revés paralelo que besó el fleje y terminó por firmar la coronación.

Nadal, en el imponente Philippe Chatrier; el español recuperó la corona de Roland Garros con una actuación formidable
CHRISTOPHE ARCHAMBAULT


Nadal, en el imponente Philippe Chatrier; el español recuperó la corona de Roland Garros con una actuación formidable (CHRISTOPHE ARCHAMBAULT/)

Y entonces Nadal se tomó el rostro y se emocionó. Porque nunca se termina de acostumbrar al sabor de conquistar Roland Garros, y lo hace más especial el hecho de haber llegado aquí herido, sin la preparación que él considera ideal, por ese síndrome de Müller-Weiss que le provoca fuertes dolores en el pie izquierdo. Entonces surgieron las dudas sobre su futuro, que intentó disipar al expresar: “No sé lo que va a venir, pero voy a seguir luchando. Quiero seguir intentándolo”. Pero, al mismo tiempo, admite que jugó infiltrado la final: “Competí con el pie dormido. Y no puedo seguir así, tengo que encontrar una solución. Voy a hablar con varios médicos y contemplar las opciones”. A pesar de los dolores, y los problemas físicos [también se había fisurado una costilla hace tres meses], Nadal aún compite. Y gana. Y aplasta, como lo hizo aquí. Sólo el tiempo dirá cuánto más brillará la estrella que Rafa encendió en esta Ciudad Luz rendida a sus pies.

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