Remy Gardner, el campeón tranquilo que siempre busca el límite

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Cheste (Valencia), 14 nov (EFE).- El australiano Remy Gardner, nacido el 24 de febrero de 1998 en Sídney, es el campeón tranquilo, un campeón que siempre busca el límite, aunque llegó tarde al motociclismo, pues su padre, Wayne "Cocodrilo" Gardner, campeón del mundo de 500 c.c. en 1987, no quiso que ni él ni su hermano pequeño Luca disputaran carreras de motos, pero Remy llevaba la competición en sus genes y al final estos acabaron aflorando en una trayectoria deportiva con muchas singularidades antes de convertirse en campeón del mundo de Moto2.

Aunque nacido en Sídney, por la profesión de su padre vivió hasta los 4 años entre Mónaco y Australia, si bien al final de la carrera deportiva de su progenitor decidieron instalarse definitivamente cerca de Sídney, en Manly, en una casa frente al mar, en donde tanto Remy como su hermano Luca desarrollaron sus habilidades con el surf, el skate o la bici, sin que las motos apareciesen en sus vidas hasta que se mudaron a una granja a las afueras de Sídney.

Después de mucho insistir, Remy consiguió que su padre le permitiese disputar algunas carreras de Dirt Track (carreras en óvalo de tierra), aunque con el compromiso de no disputar ninguna de motocross, una especialidad que "papá" Gardner consideraba muy peligrosa.

Así fue como con 13 años Remy Gardner consiguió participar en su primera carrera de velocidad, algo tarde respecto a otros jóvenes valores que comienzan a "pisar asfalto" con sus motos a partir de los 5 o 6 años, pero Remy no desistió en su empeño y al final consiguió la atención de Honda Australia, que junto a su hermano Luca le invitó a disputar una carrera en España que no tuvo el final que el joven Remy se esperaba, pues acabó en las últimas posiciones, pero disfrutó tanto en esa carrera que tuvo claro que se quería dedicar profesionalmente a correr en moto.

Ya con catorce años decidieron trasladarse a vivir a España para que Remy Gardner comenzase a competir en el Mediterráneo de Velocidad y en el FIM CEV Repsol, antes de dar el salto al campeonato del mundo.

En esa temporada de 2014 disputó tres carreras de Moto3 en el mundial y en 2015, su primera temporada completa para en 2016 ascender a Moto2, en donde en su sexta temporada ha logrado proclamarse campeón del mundo después de adquirir experiencia en varios equipos hasta recalar en la escuadra Red Bull KTM de Aki Ajo que le ha permitido lograr el título mundial y también subir en 2022 a la categoría reina del motociclismo, MotoGP, de la mano de KTM y la escudería Tech 3 que dirige el francés Hervé Poncharal.

Remy Gardner, a pesar de vivir desde hace muchos años en España, tiene la típica personalidad australiana y de los viejos pilotos, de estilo surfero, tranquilo y trato fácil al que le gusta no hacer un drama de los inconvenientes que le puedan surgir y que suele llevarse bien con todo el mundo, amén de ser un gran amante de los animales y la naturaleza. No es raro verle llegar en solitario a los circuitos con un coche desvencijado, sin destacar en lo más mínimo y con la seguridad en sí mismo que le permitiría tomarse una cerveza instantes antes de salir a la pista, algo que obviamente no ha hecho nunca.

En 2018 Remy Gardner tuvo un fuerte accidente mientras practicaba motocross, la especialidad que su padre nunca quiso que practicase, en el que se rompió las dos piernas y por la que el traumatólogo le dijo que debería guardar reposo durante tres meses, pero apenas un mes más tarde estaba corriendo una carrera del Mundial de Moto2, que terminó vomitando y mareado, pero en los puntos.

Remy Gardner es un gran aficionado a los coches y en Sitges tiene una nave donde, además de preparar todo su equipo de entrenamiento y motos, trabaja en coches clásicos, al estilo del programa de televisión americano "Gas Monkey" que se dedica la restauración de vehículos de altas prestaciones.

En ese sentido, en 2017, se compró un Volvo Amazon del 69 que restauró por completo, después de fabricar y diseñar todas las piezas con su impresora 3D antes de fabricar las piezas definitivas. Las horas, mientras se encuentra allí, pasan lenta, muy lentamente, en muchas ocasiones sin que él mismo se aperciba de ello.

No es su única afición pues Remy Gardner afronta con decisión cualquier tipo de práctica deportiva pero siempre la acaba llevando hasta el límite. Ya sea practicando la pesca submarina a 30 metros de profundidad, que le encanta, no esquiando en agua o nueve, siempre buscando lo imposible.

Entre sus aficiones le encanta la música rock, toca muy bien la guitarra y su plan perfecto bien podría ser un día de pesca submarina, sin botella, y luego llegar a casa para hacer una barbacoa con lo que ha pescado.

Vive en Sitges, habla perfectamente español y tiene una novia catalana, Claire Möller, que compite con caballos en la modalidad de salto de obstáculos.

Por Juan Antonio Lladós

(c) Agencia EFE

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