Rebeca Andrade, el orgullo de la favela

Sao Paulo, 3 oct (EFE).- Rebeca Andrade logró coronarse como la primera campeona mundial de Brasil y de Sudamérica en el concurso completo individual de gimnasia artística, todo un hito para una mujer de 23 años que ha convertido su origen humilde en parte de su éxito.

Las raíces de Rebeca resuenan en todas las competiciones en las que participa a través de los acordes del "baile en la favela", un tema de música urbana que es todo un himno de los barrios pobres de Brasil. Esta canción se ha convertido en su música fetiche.

La usó en Tokio 2020 cuando logró ser la primera medallista olímpica de su país y este jueves ha vuelto a servirse de su ritmo en Liverpool, para conquistar el título Mundial.

Con esa canción se siente en casa, aprovecha su ritmo natural y su técnica para brillar en el suelo. Aunque es el salto el aparato en el que mejores resultados consigue y donde logra exprimir toda su potencia.

La canción no deja de ser todo un homenaje a lugar donde se crió, Vila Fátima, una barriada pobre en la periferia de Sao Paulo que vive bajo el ensordecedor ruido de los aviones que aterrizan o despegan sin cesar en el aeropuerto internacional de Guarulhos.

Allá, desde muy niña, se introdujo en la gimnasia sin darse cuenta, aprendiendo a equilibrarse en las literas del dormitorio que compartía con sus siete hermanos.

Todos ellos vivían bajo el único cuidado de su madre, que conseguía el sustento de su familia con trabajo doméstico. Su padre, aunque está vivo, siempre estuvo ausente.

Con 4 años, empezó de verdad en el deporte en un proyecto social de la alcaldía de Guarulhos, donde se formó durante cinco años iniciando una prometedora carrera en la gimnasia.

El siguiente paso, a los 9 años, fue mudarse a Curitiba, en el sur del país, desde donde recibió la invitación de un club que vio su talento. En 2012, con 13, se mudó de nuevo, a Río de Janeiro y ganó su primer trofeo de competiciones adultas.

Sus mayores logros hasta hoy fueron el oro olímpico que ganó el año pasado en Tokio en salto y la plata que se colgó en la categoría individual general.

Una fulgurante carrera que gana tintes titánicos si se tiene en cuenta que tiene la rodilla derecha cosida a cicatrices, después de haber tenido que pasar tres veces por el quirófano por tres graves lesiones.

La primera lesión, en 2015, la sacó de los Juegos Panamericanos y le causó tanto dolor que llegó a pensar en retirarse, una idea que dejó atrás gracias al apoyo de su familia, su equipo y sus amigos.

La lesión se repitió en 2017 y nuevamente en 2019. Sus esperanzas de continuar con el deporte llegaron a desvanecerse. Pero entonces, con la pandemia de por medio se dedicó a fortalecer la rodilla y a prepararse para los Juegos Olímpicos, el que sería su gran salto a la gloria.

Ahora, uniendo esas medallas al título mundial cosechado en Liverpool, Rebeca se ha convertido en todo un orgullo para la favela y para todo su país.

(c) Agencia EFE