Real Madrid - Liverpool, la final de la Champions League: la fiesta del fútbol que palpita en París, entre fuertes medidas de seguridad y precios exorbitantes

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Hinchas de Real Madrid en París, a la espera de la final y de la conquista y de su Orejona número 14; Liverpool es el obstáculo en la final de la Champions League.
Petr David Josek

PARÍS.– La primavera en la bellísima Ciudad Luz tiene lo suyo. El sol sale de a ratos en estos días de fresco, cielo plomizo, nubes por doquier y algunas lloviznas que toman desprevenido a más de uno. Aquí, en esta París acostumbrada a lucir bajo los ojos del mundo, se jugará en unas horas la final de la Champions League entre Real Madrid y Liverpool. Una definición de ensueño, en un escenario ideal: el Stade de France, en Saint-Denis, en la periferia norte de la ciudad. Una designación que llegó de rebote, porque la sede original elegida era el Gazprom Arena de San Petersburgo. Pero, hace tres meses, la invasión a Ucrania generó todo tipo de sanciones hacia Rusia, y la UEFA dispuso mudar el partido más importante de la Champions a la capital francesa. Una elección que tuvo como impulsor al esloveno Aleksander Ceferin, mandamás de la UEFA, y que contó con el beneplácito del presidente Emmanuel Macron.

Cuando se tomó esta decisión, muchos esperaban un protagonista local en la final. El Dream Team de PSG, claro. Pero Real Madrid, equipo copero –nunca una definición más atinada- tenía otros planes. A fuerza de remontadas se metió en la finalísima, fiel a sus pergaminos; la victoria sobre PSG en los octavos de final es aún recordada como una pesadilla por los fanáticos parisinos. Del otro lado, el Liverpool de Jürgen Klopp, otro gigante cargado de historia y de leyenda. Garantía de espectáculo, de un lado y del otro.

Hinchas de Liverpool en La Ciudad Luz: esperan unos 60.000 en el día del partido, este sábado.
THOMAS COEX


Hinchas de Liverpool en La Ciudad Luz: esperan unos 60.000 en el día del partido, este sábado. (THOMAS COEX/)

Como se dijo, París suele ser una excelente anfitriona de grandes encuentros y reuniones. No será la excepción esta final que atrae a multitudes, incluidos representantes del fútbol argentino: entre los espectadores estarán Marcelo Gallardo, Maximiliano Rodríguez y Oscar Ruggeri, entre otros; posiblemente Carlos Bianchi. Nadie quiere perderse el gran partido. “Hoy, ahora, es mucho más fácil conseguir una entrada para la final del Mundial de Qatar que para la de la Champions”, comentan colegas con décadas de experiencia en el tema. Será la tercera final en este escenario, tras la que ganó Real Madrid al Valencia (3-0), en 2000, y la de 2006, con triunfo de Barcelona sobre Arsenal (2-1). Aquella en la que Liverpool superó a Real Madrid por 1-0 fue en 1981, en el Parc des Princes.

Y el tema termina por convertirse en una cuestión de estado. Porque, más allá de que las localidades están agotadas, se esperan más de 60.000 fanáticos de Liverpool en París. Poco más de 20.000 ya tienen sus tickets, y los otros tratarán de seguir el encuentro… donde sea y como sea. Entonces, para evitar desmanes, la Prefectura de Policía anunció que este sábado desplegará a unos 6800 agentes para garantizar la seguridad; es el dispositivo de prevención más importante desde la final de la Eurocopa 2016, en este mismo estadio, en la que se impuso Portugal. Habrá, fuera del estadio, dos lugares destinados a los seguidores de cada equipo. Para los españoles, en franca minoría numérica, será en el parque de la Legión de Honor, a unas 15 cuadras del estadio; en el caso de los ingleses, el fanzone estará bastante más lejos: casi 10 kilómetros al sudeste, en Cours de Vincennes.

Cientos de esos hinchas ya están dando vueltas alrededor del estadio, a la espera de negociar con los revendedores de entradas. Por lo pronto, los que sí se han llenado los bolsillos son los hoteles y hospedajes cercanos al estadio: está todo agotado desde hace varios días, y los últimos en conseguir una habitación han tenido que pagar entre 650 y 690 euros sólo por una noche, una cifra exorbitante. Son precios que están por encima del triple o más en esta sección periférica de París, en la que usualmente se puede conseguir alojamiento por 130 a 150 euros.

La policía francesa hace guardia en la Avenida de Champs Élysées, cerca del Arco de Triunfo.
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La policía francesa hace guardia en la Avenida de Champs Élysées, cerca del Arco de Triunfo. (THOMAS COEX/)

Y, como mejor siempre es prevenir, se prohibirá la venta de bebidas alcohólicas en un perímetro bastante amplio alrededor de Saint-Denis desde las 18, tres horas antes del encuentro, y hasta las 2 de la madrugada. Como en todo, hay una paradoja: dentro del Stade de France sí se podrá beber. “Durante todo el encuentro”, se agrega en un comunicado. Para evitar encontronazos, estará prohibido el acceso de los hinchas españoles e ingleses a la zona de Champs Élysées, sector habitual de festejos de gestas deportivas, ya desde la tarde del jueves hasta la noche del domingo. Los que quieran pasear por la emblemática avenida sólo pueden hacerlo sin camisetas ni distintivos de los clubes finalistas.

“Un poco sí, hay algo de preocupación por evitar que los ingleses destrocen todo. No veo que la gente esté muy entusiasmada por esta final. Sí hay varios que hincharán por Real Madrid porque está Benzema, al que muchos ven como candidato para ganar este año el Balón de Oro. Otros van por Liverpool porque allí juega Sadio Mané, que aquí jugó en Metz y porque hay una fuerte colonia senegalesa”, cuenta Eric, un residente parisino. Para Antoine Domergue, otro vecino de la ciudad, será como un acontecimiento deportivo más. “Pero no es una locura como en España o en Inglaterra, eso seguro. Después, que no haya llegado PSG a la final aquí se vivió como un drama. Que este año sí, y luego no; que con Messi sí vamos a ganar, y tampoco, y siempre hay algo que no funciona, en cada temporada sucede lo mismo. Pero no toda Francia alienta a PSG, ¿eh?”, comenta. ¿Y Roland Garros? También tendrá su propia sesión nocturna. Para “competirle” al fútbol, la organización dispuso en la noche sabatina el duelo entre el francés Hugo Gaston -la principal carta que tiene el tenis galo en este momento- y el dinamarqués Holger Rune. Otro público, otro espectáculo, bastante más distante del ruido de pelota que tendrá lugar en Saint-Denis.

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