Florentino Pérez y su reino personal sobre el Real Madrid

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El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, durante el partido de La Liga Santander entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid en el Estadio Wanda Metropolitano el 8 de mayo de 2022. (Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)
El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, durante el partido de La Liga Santander entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid en el Estadio Wanda Metropolitano el 8 de mayo de 2022. (Foto: David S. Bustamante/Soccrates/Getty Images)

Dando zancadas, Florentino Pérez entró al plató de televisión con una apariencia sombría. Aunque sabía que su interlocutor sería un poco más informal (camisa y saco deportivo), el presidente del Real Madrid había elegido un sencillo traje negro para la ocasión. Incluso, usó corbata. Se trataba de negocios, no de placer; era algo serio, no algo trivial, y Pérez quería proyectar eso.

En las pantallas detrás de él, un espeluznante logotipo naranja representaba la caricatura de un balón de futbol con llamas saliendo de su corona rotatoria.

En Inglaterra, en Italia y, en particular, en Estados Unidos, una variedad de financieros, empresarios y magnates de varios niveles (todos ellos, como Pérez, entre la docena de miembros fundadores de la que sería conocida como la Superliga) observaron con horror.

Aunque Pérez ocupa una posición de poder casi sin igual en casa (presidente del Real Madrid y presidente ejecutivo de una de las firmas constructoras más grandes del mundo; su palco en el Santiago Bernabéu es un imán para las personas importantes), en el extranjero con frecuencia es considerado como rimbombante, arrogante, un poco ridículo. Su aparición en “El Chiringuito” (un programa nocturno de entrevistas a celebridades) pareció confirmar los temores de sus socios.

Algunos días después, el proyecto entero colapsó. Y luego, cuando habían pasado apenas un poco más de doce meses, todo ocurrió de nuevo.

Durante cuatro años, Pérez había anunciado con bombo y platillo que el Real Madrid firmaría a Kylian Mbappé e hizo todo lo posible para convencer al delantero francés (un fanático de los merengues durante su infancia). El club había reservado una parte considerable de sus ingresos por transferencias para la cuota por firma de contrato de Mbappé y su salario y, en marzo, Pérez hacía declaraciones no muy discretas a los medios informativos que indicaban que un acuerdo era inminente.

Cristiano Ronaldo recibe el premio MARCA Legend en Madrid de manos del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. (Foto: REUTERS/Juan Medina)
Cristiano Ronaldo recibe el premio MARCA Legend en Madrid de manos del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez. (Foto: REUTERS/Juan Medina)

Luego, a finales de la semana pasada, Mbappé envió un mensaje a Pérez para agradecerle su oferta e informarle que había decidido quedarse en el Paris Saint-Germain. Pérez apenas tenía el tiempo suficiente para alertar a su equipo sobre el cambio de parecer de Mbappé antes de que el francés de 23 años apareciera en el campo del Parque de los Príncipes para celebrar su nuevo contrato de tres años.

Por lo general, en un club tan orgulloso y exigente como el Real Madrid, ese par de humillaciones sería suficiente para generar alguna idea de motín. Sin embargo, Pérez sigue igual de poderoso e inexpugnable como siempre.

Por supuesto, en parte, eso puede ser atribuido al único aspecto del club que no está bajo su control directo. En última instancia, Pérez se mantiene o cae con base en la suerte del equipo. A pesar de solo haber hecho cambios cosméticos a la escuadra el verano pasado (las incorporaciones de Eduardo Camavinga, un joven mediocampista; el versátil David Alaba, y el regreso de Carlo Ancelotti como director técnico), esta ha probado, un poco de manera inesperada, ser una temporada clásica para el Real Madrid.

No obstante, Pérez, de 75 años, no es tan vulnerable a las vicisitudes de la forma y la fortuna como podría esperarse de un presidente elegido de manera democrática. Después de todo, el Real Madrid es propiedad de sus socios, pero se siente cada vez más como el reino personal de Pérez.

El verano pasado, una de las pocas figuras en el club que fungió como contrapeso de Pérez, el jugador de la era galáctica del club (un término que fue popularizado por los medios periodísticos españoles para referirse a la primera etapa del empresario como presidente del Real Madrid) y que se convirtió en entrenador durante la misma etapa, Zinedine Zidane, renunció y dio como razón que el club “ya no me daba la confianza que necesito”. En su proceso de salida, Zidane comentó que no había sido “valorado” como un “ser humano”.

El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, durante una visita al estadio Parc des Princes en París en febrero de 2022. (Foto: REUTERS/Gonzalo Fuentes)
El presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, durante una visita al estadio Parc des Princes en París en febrero de 2022. (Foto: REUTERS/Gonzalo Fuentes)

Al mismo tiempo, el capitán del equipo, Sergio Ramos, también se iba. Ramos rompió en llanto en la conferencia de prensa convocada para confirmar su partida, donde reveló que el club no había cumplido con la promesa de una extensión contractual de un año. “Nunca me comunicaron que la oferta tenía fecha de caducidad”, comentó Ramos. “Tal vez entendí mal”.

No son las únicas figuras definitorias en la encarnación moderna del Real Madrid que se sintieron un poco alienadas por Pérez. Sus relaciones con las estrellas de la era previa Iker Casillas y Raúl Gonzalez también han sido tensas a veces (aunque ambos han regresado al club).

No obstante, a Pérez ya no le preocupan los riesgos de traicionar a exjugadores venerados, no ahora que su dominio sobre el Real Madrid es, en esencia, inexpugnable, tanto de manera oficial como conceptual.

No obstante, lo más significativo es que Pérez ha anulado a casi cualquier medio crítico. Por ejemplo, ha sido aleccionador leer los relatos en gran parte de los medios informativos de Madrid sobre el acuerdo con Mbappé. En lugar de un fracaso para el Madrid, la decisión de Mbappé ha sido descrita como la de un mercenario y la de un traidor, un desertor que le dio su palabra a Pérez y luego lo traicionó.

Los familiares de Mbappé han estado tan preocupados por la manera en que los medios han mostrado al jugador que su madre dio un paso para hacer una corrección de esto públicamente, al afirmar en Twitter que su hijo nunca “dio su palabra” al Real Madrid.

El hecho de que eligió “El Chiringuito” para conversar sobra la Superliga por primera vez tampoco fue un accidente. El programa presenta con frecuencia a periodistas prominentes que respaldan al Madrid que son conocidos por comenzar a llorar por los éxitos del club o hablar mal de aquellos (Gareth Bale, Eden Hazard) que se considera que han deshonrado al club.

El programa en ese aspecto no es la excepción. Pérez supervisa una vasta red de medios informativos dóciles, dependientes no solo de su gracia y favor para obtener información y acceso, sino también acobardados por la magnitud y el peso de sus intereses comerciales. Pérez siempre ha asegurado que es poderoso solo porque es el presidente del Real Madrid, pero eso no es del todo cierto. Es poderoso de muchas otras maneras.

Eso le ha permitido dirigir al Real Madrid como a él le parezca conveniente. A pesar de su tamaño, la jerarquía del club es relativamente cercana, muchas decisiones de reclutamiento son supervisadas por Pérez; su director general, José Ángel Sanchez, y su “chief scout”, Juni Calafat. El Real Madrid es, en ese sentido, un caso único, casi como una involución, en una era en la que la mayoría de sus colegas han diversificado y profundizado su personal.

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