La vergüenza de que medio Novak Djokovic - Rafael Nadal nos pillara en la cama

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PARIS, FRANCE - MAY 31: Rafael Nadal of Spain reacts against Novak Djokovic of Serbia during the Men's Singles Quarter Final match on Day 10 of The 2022 French Open at Roland Garros on May 31, 2022 in Paris, France. (Photo by Ryan Pierse/Getty Images)
Rafael Nadal se concentra tras uno de los innumerables intercambios que se vivieron anoche en la Philip Chartrier (Photo by Ryan Pierse/Getty Images)

Durante décadas, el deporte global ha sabido dividirse entre los horarios americanos y los europeos, con pequeñas cesiones entre sí. Una cesión, por ejemplo, es que determinados partidos de la NBA se jueguen los fines de semana en horario de mañana en Estados Unidos para que aquí los podamos ver a una hora razonable de la tarde-noche, antes de acostarnos. Otra cesión sería adaptar los horarios de los partidos de los Mundiales o incluso los de las propias ligas nacionales de fútbol para que sean lo más tarde posible y se puedan ver a la hora de comer en Estados Unidos.

Ahora bien, la deriva que está arrastrando el tenis últimamente sobrepasa cualquier concepto de "cesión razonable". Desde siempre, cuando un torneo se ha jugado en Estados Unidos, se ha ceñido a los horarios que son más cómodos para los estadounidenses. Lo mismo ha pasado en Europa con los europeos... mientras que en Australia se han acostumbrado a no poder satisfacer a nadie y seguir adelante con su producto sin mirar demasiado a los lados. Sesiones nocturnas ha habido siempre, por supuesto, pero la moda de ponerlas en los grandes torneos y reservarlas a los grandes partidos es algo totalmente nuevo y hasta cierto punto indignante.

Lo vimos en la Copa Davis de 2019, con esos partidos que acababan a las tres de la mañana por la incapacidad de la organización. Lo hemos visto varios años en el torneo de Roma, de los pioneros en incluir estas sesiones nocturnas... y acabamos de verlo en Madrid, con varios partidos acabando de madrugada y perjudicando claramente el descanso y el sueño del ganador de cara a la siguiente ronda. Que le pregunten a Alexander Zverev, sin ir más lejos.

Dicho esto, lo de Roland Garros está yendo un paso más allá por el propio nivel y la importancia del torneo. Novak Djokovic y Rafael Nadal no son los primeros en acabar pasadas la una y media de la madrugada su partido, cortesía de los horarios impuestos por Amazon Prime, pero sí representan, de algún modo, la gota que colma el vaso. Este era EL PARTIDO del torneo. La 59ª edición de una rivalidad majestuosa entre dos tipos que han ganado 41 grandes y 15 Roland Garros. Un partido que, como el propio Nadal recordó en la previa, podría ser su último en París. Y a media Europa, incluidos los aficionados serbios, los españoles y los franceses, les pilló en la cama.

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¿Qué sentido tiene colocar el gran partido de la competición en un horario imposible? Si fuera fin de semana, aún se podría entender, pero ¿un martes? Si Djokovic llega a ganar alguno de sus set points en el cuarto set, el partido habría acabado a las dos y media. ¿Quién puede quedarse hasta las dos y media de la mañana viendo un partido de tenis si al día siguiente tiene que trabajar? Yendo aún más lejos, ¿cómo vamos a aficionar a los críos a este deporte si el partido de los partidos empieza justo a la hora a la que tienen que irse a la cama?

No tiene ningún sentido. Estamos poniendo obstáculos artificiales a los seguidores de un deporte cada vez más minoritario justo cuando, por talento, parece a punto de despegar de nuevo. Tienes un partido histórico entre manos... y te aseguras de que casi nadie en Europa lo pueda ver. Sí en Estados Unidos, claro, pero Estados Unidos tiene ahora mismo un problema con el tenis: desde 2003, ningún tenista masculino gana un Grand Slam. En la actualidad, solo hay cuatro entre los 58 primeros... y ninguno pasó de tercera ronda en París. Si el objetivo era complacerles, ¿no tendría más sentido haber programado a esa hora el partido de Coco Gauff y Sloane Stephens?

El caso es que no lo hicieron y el resultado fue el que fue: aunque Eurosport se fue a los 839.000 espectadores de media (un dato muy bueno, solo un poco inferior a las semifinales del año pasado o a la final de Australia de este año), Djokovic acabó quejándose del horario, Nadal hizo lo propio y las imágenes del público con mantas y abrigos mientras intentaban seguir el partido no fueron las mejores posibles. Los partidos de Nadal y Djokovic parecen condenados a irse a las cuatro o cinco horas, sobre todo en tierra batida. Programarlos a las nueve de la noche es una imprudencia.

Habría bastado, tal vez, con adelantar un poquito la hora. Si lo pones a las ocho, te garantizas cuatro horas de tenis en horario razonable. Incluso los niños podrían hacer un esfuerzo y descubrir un nuevo deporte o disfrutar con sus nuevos ídolos. La una y media de un martes se sale de todo intento de conciliación, ya lo siento. No ya en Nueva York (19.30 cuando acabó el partido, justo después de cenar) o en Los Ángeles (16.30, a la salida del trabajo), pero si en Europa, donde, ahora mismo, el tenis masculino tiene su hogar y su esplendor.

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