Racing - Boca: condenados al cero por los arqueros, la ineficacia y la negativa de Rapallini a dar un penal por VAR

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Rossi, la figura del clásico, tapa ante Hauche
Rossi, la figura del clásico, tapa ante Hauche - Créditos: @LA NACION/Mauro Alfieri

No hubo manera de quebrar el cero, si bien sobraron situaciones. En buena medida lo impidieron los dos arqueros, Agustín Rossi y Gabriel Arias. Cuando ellos parecían vencidos, algún compañero los salvó con despejes sobre la línea. La ineficacia se llevó otro porcentaje de la falta de festejos. Y la última posibilidad de que hubiera un gol, ya en el quinto minuto de descuento, quedó abortada cuando el árbitro Fernando Rapallini, tras revisar el monitor del VAR, consideró que la mano que Jonathan Gómez cometió en el piso -acomodó la pelota con la palma hacia su cuerpo- no era merecedora de penal.

En el clásico que llegaba precedido por las historias que involucraban a los dos arcos, sus ocupantes reclamaron la atención durante los 90 minutos al mostrarse inexpugnables. Como en las semifinales de la Copa de la Liga, Racing sabe lo que es someter futbolísticamente a Boca durante un largo rato, pero no tiene la fórmula para hacerle un gol. Y en el final, cuando ya había pasado su mejor momento en el partido, la Academia se encomendó a varias intervenciones decisivas de Arias.

La polémica del final: Gómez acomoda la pelota con una mano; Rapallini no vio penal
La polémica del final: Gómez acomoda la pelota con una mano; Rapallini no vio penal - Créditos: @LA NACION/Anibal Greco

Como si fuera una carrera de 100 metros, Racing salió a toda velocidad con el saque inicial. A los 11 segundos, el lateral Mena llegó hasta el área para sacar un zurdazo que solo porque se desvió en un defensor no llevó más peligro para Rossi. Y antes del minuto de juego, Boca se volvió a salvar, con el despeje sobre la línea de Fabra a un cabezazo de Galván.

Esos primeros movimientos marcaron tendencia porque Racing se hizo con el control. Boca sufría con la movilidad local, no cortaba el circuito de pases entre Alcaraz y Rojas. Las subidas de Mura y Mena, descuidados por Pol Fernández y Villa, ayudaban a crear superioridad numérica. Las llegadas de Racing empezaron a ser constantes, mientras Boca se defendía en un estado de emergencia permanente. Hauche y Copetti no eran referencias fijas y exponían más la lentitud de Zambrano y Figal.

Lo más destacado del partido

Rossi, suplente en la Copa Argentina, volvió sin perturbarse por todo el ruido que generó la contratación de Sergio Romero, como consecuencia de que Boca no le renovará contrato por considerar elevadas sus pretensiones económicas. En junio próximo se irá uno de los jugadores de rendimiento más parejo, y muy apreciado por los hinchas. Tras el partido, Rossi admitió que sus últimos días fueron “difíciles” y rescató únicamente el respaldo de su esposa e hijo.

El arquero de Boca fue lo mejor de su equipo en el primer tiempo con varias tapadas, sobre todo a un remate de Miranda. Lo que no despejó Rossi lo desperdició Racing por falta de precisión en la definición. Cabezazos que salían desviados, algún jugador que por centímetros no llegaba a conectar una asistencia. A cada rato, en el Cilindro se atragantaba el grito de gol, los hinchas se llevaban las manos a la cabeza por las ocasiones que no eran aprovechadas.

Insúa despeja de cabeza, con Benedetto por detrás
Insúa despeja de cabeza, con Benedetto por detrás - Créditos: @LA NACION/Mauro Alfieri

Las indicaciones que daba Hugo Ibarra para corregir a su defensa no surtían efecto. Boca se movía con pesadez y llegaba tarde a varias jugadas. Ni Pol Fernández ni Romero agarraban la manija, se veían desbordados por el despliegue local.

Gago desveló el misterio al devolverle la titularidad a Gabriel Arias, que no atajaba en primera división desde el 26 de noviembre pasado, cuando sufrió una grave lesión. Tras algunos encuentros en la reserva para entrar en ritmo, Arias volvió con buen sentido de la ubicación y rápido de reflejos. Boca solo inquietaba con algún tiro libre cruzado.

Incapaz de generar juego desde atrás, Boca se arrimó a partir del error que provocó al presionar en una salida de Moreno y en otra de Galván. De esa manera pudo tomar mal parado a Racing y se ilusionó con un gol que, por otras vías, le había quedado lejos.

Rapallini es advertido por el VAR del posible penal de Gómez
Rapallini es advertido por el VAR del posible penal de Gómez - Créditos: @LA NACION/Mauro Alfieri

Así como empezó el primer tiempo con una situación de gol, la Academia lo cerró con otra muy clara, con un cabezazo de Alcaraz en la boca del arco que se fue alto. Los flojos primeros 45 minutos de Boca quedaron reflejados en la dura charla de Benedetto con sus compañeros en el círculo central.

Como si se tratara de una continuidad sin que mediara el descanso, Racing volvió a tener el gol en el arranque del segundo período, en los pies de Alcaraz, que nuevamente no pudo con Rossi.

La falta de eficacia se transformaba en un severo condicionante para la ambición de Racing. Rossi tapó nuevamente a los pies de Rojas. Copetti se hacía un nudo cuando solo se trataba de empujarla frente al arco. A los lamentos por el despilfarro de situaciones se sumaba la ansiedad.

Más por el resultado que por el desarrollo, Boca seguía en partido. Era sobrevivir angustiosamente en defensa y apostar a algún destello individual en la ofensiva. Impacientado porque no encontraba el gol, Racing caía en algunos desacoples en la última línea. Se exponía a complicarse ante un destello de Romero, Villa o Benedetto.

Llegó el momento de los entrenadores con los cambios para intentar torcer el rumbo. Gago mandó a la cancha a Jonathan Gómez y Carbonero; Ibarra cambió a Benedetto, que salió con el rostro adusto, por Vázquez y al intrascendente Payero -uno de los últimos refuerzos- por Medina. El juvenil Langoni sumó piernas frescas en lugar de Romero.

Copetti forcejea con Fabra
Copetti forcejea con Fabra - Créditos: @LA NACION/Anibal Greco

Racing sintió el ritmo. Había buscado el triunfo de manera frenética. El desgaste sin recompensa también le fue minando la confianza. Había cansancio de los dos lados y cualquier roce podía ser la chispa que encendiera un incidente.

Cuando el partido se caía en un pozo, Medina puso zozobra en la defensa de Racing con un desborde que por poco no terminó en gol en contra de Galván. Medina, un juvenil que no termina de ser debidamente reconocido por los técnicos que pasan, volvió a inquietar con un remate de media distancia que Arias despejó al córner.

Sin gol de ambos lados, Racing y Boca sumaron poco meterse más de lleno en la pelea por la Liga Profesional.