Eso que todos quieren, pero nadie usa en realidad

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El presidente Barack Obama se prueba un anillo de la Serie Mundial de los Medias Blancas de Chicago de 2005 mientras recorre el Museo y Salón de la Fama del Béisbol Nacional en Cooperstown, Nueva York, el 22 de mayo de 2014 (Doug Mills / The New York Times).
El presidente Barack Obama se prueba un anillo de la Serie Mundial de los Medias Blancas de Chicago de 2005 mientras recorre el Museo y Salón de la Fama del Béisbol Nacional en Cooperstown, Nueva York, el 22 de mayo de 2014 (Doug Mills / The New York Times).

Es posible que algún día te encuentres en un restaurante, un aeropuerto o una tienda con un miembro de los Bravos de Atlanta de 2021. Tal vez lo recuerdes como parte de esa alegre multitud que saltaba en el césped del Minute Maid Park en Houston después de ganar la Serie Mundial. Y si le das la mano, es posible que notes que algo falta.

El anillo de campeonato. Todo el mundo lo quiere, pero difícilmente encontrarás a alguien que lo use.

“No lo he usado ni lo he visto desde que lo obtuvimos”, dijo Alex Bregman, tercera base de los Astros de Houston, equipo cuya temporada terminó el martes con una derrota por 7-0, en el sexto juego de la Serie Mundial. “Me he concentrado en el próximo”.

Su anillo, de 2017, es algo así como el sol: Bregman siempre puede disfrutar de su resplandor, pero es muy brillante y no puede mirarlo directamente. El anillo tiene 112 diamantes en la parte superior, uno por cada una de las victorias de los Astros en la temporada regular y los playoffs de ese año. También tiene un lema inscrito, “Historia ganada”, que adquirió una amarga ironía después de las revelaciones del plan de robo electrónico de señales de los Astros de esa temporada.

En Houston, al menos, los aficionados todavía veneran el anillo. Una réplica gigante se encuentra en la acera fuera del parque, en Texas Street, junto a ladrillos en honor al expresidente George H.W. Bush y a su esposa, Barbara, quienes eran apasionados seguidores de los Astros. De alguna manera, los anillos de la Serie Mundial se tratan, sobre todo, de la conexión que se tiene con los aficionados, esas personas leales pero desafortunadas que nunca tienen la oportunidad de ganar un anillo.

“Algunos de estos muchachos lo usarían con bastante frecuencia, pero yo siento que estoy presumiendo”, dijo Rod Gaspar, un jardinero suplente de los Mets de Nueva York de 1969, en una reunión del equipo hace dos años. “Pero un tipo con el que he hecho negocios a lo largo de los años me dijo: ‘Rodney, necesitas usar el anillo, no para ti sino para otras personas, porque nunca han visto un anillo de la Serie Mundial’. Muy pocos han visto uno”.

Steve Blass, quien ganó el partido decisivo para los Piratas de Pittsburgh en 1971, luego tuvo una larga carrera en la cabina de transmisión del equipo. Se ponía el anillo para ir a trabajar, según contó, y estaba encantado de mostrárselo a los aficionados que conocía en el estadio. También fue útil en otro trabajo, para Jostens, la compañía que fabrica los anillos, después de que su carrera como pícher terminó de manera inesperada en 1974 debido a una vida desenfrenada.

Ed Kranepool con el anillo que ganó como miembro de los Mets de 1969, en su casa en Jericho, Nueva York, el 4 de diciembre de 2017 (Uli Seit / The New York Times).
Ed Kranepool con el anillo que ganó como miembro de los Mets de 1969, en su casa en Jericho, Nueva York, el 4 de diciembre de 2017 (Uli Seit / The New York Times).

A mediados de la década de 1970, Blass no vendía el tipo de anillos que los equipos distribuyen hoy. Los anillos de 11 quilates de los Dodgers de Los Ángeles de 2020 —con 222 diamantes redondos, 10 diamantes corte princesa, 45 zafiros auténticos cortados a medida y 8 zafiros redondos auténticos— venían en una caja con una pantalla LCD interior que al abrirse reproduce un video, con audio, de cuatros minutos con momentos destacados de la temporada.

Y ese anillo ni siquiera se considera el más llamativo. Jeffrey Loria, un comerciante de arte que era dueño de los Marlins de Florida (ahora Miami) en 2003, encargó un anillo de campeonato con 228 fichas de diamantes y 13 rubíes, parte de una obra maestra masiva con el nombre del equipo escrito encima de un pez retorcido, con un diamante verde azulado como su ojo.

“Fue mucho más grande de lo que esperábamos”, dijo Rick Helling, un lanzador de ese equipo que ahora trabaja para la Asociación de Jugadores. “Era tan grande que de hecho hicieron uno más pequeño que podías comprar para usar. Lo que sucedió fue que el dueño dijo algo como: ‘Oye, si ganamos esto, tendremos el mejor anillo de todos los tiempos’. Así que muchos de los jugadores, como Josh Beckett y Dontrelle Willis, dijeron: ‘De acuerdo, ¡ya lo dijiste!’, y hay que reconocerlo, en realidad lo logró. Es un anillo asombroso. Cuando la gente lo ve, es como: ‘¡Vaya!’”.

Pero Helling no usa ese anillo, ni usa el anillo mucho más pequeño que obtuvo por jugar con el otro equipo de los Marlins que ganó el título en 1997, a pesar de que fue cambiado a los Rangers de Texas ese verano. Es costumbre, pero no obligatorio, dar anillos a todos los jugadores que estuvieron en un equipo durante una temporada de campeonato, aunque no siempre fue así.

Sal Fasano, un entrenador de Atlanta, tomó un turno al bate para los Angelinos de Anaheim (ahora Los Ángeles) 2002 y le dieron un anillo. Dijo el martes en Houston que simboliza todo lo que aprendió esa temporada y que es el ejemplo del espíritu ganador que los Angelinos le inculcaron.

“Pero un anillo aquí significaría quizás 100 veces más”, dijo.

Fasano prometió usar el anillo de los Bravos, aunque, por supuesto, no sabrá qué tan grande será hasta la ceremonia de la próxima primavera. Cuando lo vea, Fasano podría estar en la misma posición que A.J. Hinch, el gerente de los Astros de 2017, que ha usado su anillo como marcador de pelota para fastidiar a sus amigos en el campo de golf, pero rara vez lo tiene puesto en la mano.

“Quiero decir, es enorme”, dijo Hinch, quien ahora dirige a los Tigres de Detroit. “Y la segunda parte es, como dirían los chicos de hoy, es como lo más hinchado de todos los tiempos. Casi te sientes incómodo presumiéndolo”.

Incluso el propio Mr. October, el cinco veces campeón Reggie Jackson, no usa sus anillos de la Serie Mundial. El martes, en el campo antes del Juego 6, sus dedos estaban desnudos — “Soy un tipo que usa relojes”, explicó Jackson— pero si usara un anillo, tal vez sería el que obtuvo por ser incluido en el Salón de la Fama. Ese anillo es más discreto, con una simple pelota de béisbol sobre un fondo negro en la cara de la joya.

“El Salón de la Fama es más exclusivo”, dijo Jackson, ahora asesor del propietario de los Astros, Jim Crane. “Todo el mundo recibe un anillo de la Serie Mundial. George fue el tipo que se volvió generoso”.

Sin embargo, quizá ni siquiera George Steinbrenner, el antiguo propietario de los Yankees de Nueva York que amaba los gestos lujosos, haya comprado 1.332 anillos, el total que Crane distribuyó en 2017 a los jugadores de los Astros, el personal, los miembros de la oficina principal, entrenadores, los empleados de los vestidores, locutores, etc.

En 1995, los Bravos fueron generosos del mismo modo, pues otorgaron anillos a miembros del personal de ligas menores como Brian Snitker, quien ahora es su mánager. Snitker lo guarda en una caja fuerte.

“Los anillos no son muy cómodos de usar, si quieres saber la verdad”, dijo.

© 2021 The New York Times Company

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