Los Pumas 7′s, en Tokio: la intimidad del día después de la medalla de bronce y la cancelación del vuelo de regreso

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Rodrigo Etchart, Gastón Revol y Marcos Moneta, con LA NACION en Tokio
Santiago Filipuzzi

TOKIO.- El día después del bronce olímpico tuvo mucho de desahogo y cierta relajación, pero también de bronca, de lamento por ver cómo se posterga el regreso a casa. “La idea era terminar de competir, dormir y salir”, cuentan. Pero no será así. Ni hoy, ni mañana, ni pasado. Los Pumas 7′s están varados en Tokio. Mientras, y con el lamento a cuestas de no poder volver, intentan tomar conciencia de lo que sucedió en el Tokyo Stadium. De esa medalla que se consiguió tras un puñado de días de actividad, pero años de trabajo silencioso. “Teníamos tranquilidad y confianza porque habíamos hecho todo lo que podíamos hacer para llegar en perfectas condiciones, y lo mejor era confiar en eso para que los resultados lleguen solos”, coinciden Marcos Moneta, Rodrigo Etchart y el experimentado Gastón Revol en un extenso diálogo con LA NACION en la Villa Olímpica. Una charla entre aplausos cerrados y reconocimientos de cada uno de los deportistas u oficiales que los identificaban. Allí estaban ellos, orgullosos de sus medallas. Parte del equipo que venció a las potencias, que se entregó en cuerpo y alma por un compañero para el épico triunfo ante Sudáfrica. Los Pumas de bronce.

El vuelo KL862 Tokio-Ámsterdam salió con apenas cuatro minutos de demora. Programado para la mañana del jueves en Japón, partió desde el aeropuerto de Narita con gran parte de sus pasajeros, pero con algunas ausencias de peso: el equipo argentino no pudo subirse el avión porque fueron notificados que no se podía cumplir la ruta Ámsterdam-Buenos Aires. Así, horas después del bronce olímpico saben que la próxima salida de la aerolínea neerlandesa podría ser el domingo, según la información que maneja el equipo. En la lista de vuelos autorizados de ANAC aparece la salida de Ámsterdan el 3 de agosto. Con solo 48 horas de permiso para seguir durmiendo en la Villa Olímpica, desde el equipo están haciendo lo posible para poder estirar la estadía.

Revol, la voz de la experiencia, dice que no es tiempo para pensar en futuro y que ahora solo quiere disfrutar lo conseguido
Santiago Filipuzzi


Revol, la voz de la experiencia, dice que no es tiempo para pensar en futuro y que ahora solo quiere disfrutar lo conseguido (Santiago Filipuzzi/)

¿Cómo fue las horas tras el podio? Primero, tuvieron un emotivo recibimiento en la Villa, con cantos y aplausos del resto de los integrantes de la delegación argentina. Después, con algo de insomnio por los mensajes por Whatsapp y redes que no dieron respiro durante la madrugada nipona (la tarde argentina), y ya con el rayo del sol, con un despertar de gloria. “Nos dormimos tarde y amanecimos con una medalla en el pecho”, dice Moneta, entre risas. El joven coleccionista de preseas (obtuvo la dorada en los Juegos de la Juventud 2018) que impactó estos días por su velocidad y destreza. “La medalla nos cumplió el sueño. Desde que nos juntamos dijimos que el premio era todo bien durante el camino, pero la medalla es un lindo reconocimiento a la dedicación, a la pasión y a esta familia de jugadores”, valora Etchart. Eso sí, reconocen que se deben una charla grupal tras el tercer puesto en el torneo olímpico, y que eso se dará cuando puedan regresar a la Argentina. “Una emotiva charla de cierre, con muchas cosas para destacar y para seguir agradeciendo”, cuentan.

En la previa del partido ante Gran Bretaña no hubo un mensaje o una arenga particular. La medalla no cambiaba la idea de fondo. Casi como una rutina, el grupo fue repitiendo el mantra de “poder mirarse a la cara, sabiendo que dimos todo por el otro”. “Desde la experiencia, siempre traté de transmitirle tranquilidad al equipo”, aporta Revol. Un referente que el martes pasó de “estar en el piso a volar de emoción”. Su expulsión ante Sudáfrica y el triunfo con seis (y hasta cinco) jugadores sigue siendo tema de conversación en los pasillos de la Villa Olímpica: “En un momento se me vinieron muchos fantasmas a la cabeza, de momentos difíciles de Río 2016, de todos estos años. Sentía que el partido se nos había ido, que estaba perdido y era imposible levantarlo, que el partido estaba terminado. Pasé del piso a la emoción gracias a la entrega del grupo en esos 12 minutos que dieron todo contra uno de los mejores equipos del mundo”.

"El Rayo": Marcos Moneta, el coleccionista de medallas olímpicas (había conseguido la dorada en los Juegos de la Juventud Buenos Aires 2018)
Santiago Filipuzzi


"El Rayo": Marcos Moneta, el coleccionista de medallas olímpicas (había conseguido la dorada en los Juegos de la Juventud Buenos Aires 2018) (Santiago Filipuzzi/)

Saben que el camino hasta acá no fue nada sencillo. Por la preparación, por la pandemia, por las restricciones para poder enfrentarse a los mejores. Por el esfuerzo extra que significa trabajar sobre un objetivo en tiempos de coronavirus. Un enemigo silencioso que puede hacer caer cualquier planificación deportiva. Días de extremo cuidado y estrés, por ellos y por la salud de sus familiares. “De nuestro lado sabíamos todo lo que teníamos que hacer, pero al mismo tiempo se desconoce mucho. Uno usa barbijos, se lava las manos, usa guantes para buscar la comida, y después no sabés cómo puede entrar el virus. Sí está claro que tomamos todas las precauciones como equipo”, señala Etchart. “Durante todo este año nos tomamos a nosotros como una burbuja”, remarca Revol. Y agrega: “Es una variable más para el atleta. Te tenés que preocupar por entrenar, por rendir, por estar al máximo de tus condiciones… y al mismo tiempo si uno se contagiaba generaba una cadena de contagios que nos dejaba afuera”.

Ya con la medalla a cuestas, y sin inconvenientes con el coronavirus durante la estadía en Tokio, los próximos días serán de extremos: del disfrute por lo conseguido y de espera hasta la partida. Por su parte, Revol todavía no confirma un retiro: “Tengo 34 años y solo tengo muchas ganas de disfrutar esta medalla con mis afectos. Pensaré bien lo que tengo que hacer y, más tranquilo, tomaré las decisiones que tenga que tomar”.

Rodrigo Etchart y la medalla, un logro que ahora quieren disfrutar
Santiago Filipuzzi


Rodrigo Etchart y la medalla, un logro que ahora quieren disfrutar (Santiago Filipuzzi/)

En la espera de volver a casa, la convivencia olímpica irá llegando a su fin. La experiencia en Tokio 2020 le dejará lugar a la actividad tradicional, a nuevos destinos y objetivos. Pero siempre rescatarán lo vivido estos días en el complejo construido en la bahía tokiota. Un estilo de vida del que no están acostumbrados. “Estamos encerrados en el rugby todo el tiempo, y acá compartimos detalles de la preparación con atletas de todos los deportes. Una conexión muy valiosa. Estamos todos en la misma, y al mismo tiempo cada uno está en la suya”, señala Etchart. “El recibimiento que tuvimos fue uno de esos momentos que emocionan”, lanza Revol. “Acá te van empujando y te hacen sentir parte de una delegación”, remarcan en conjunto. Una delegación que ayer consiguió su primera medalla olímpica en esta edición de los Juegos Olímpicos. Y ellos tres fueron forman parte del grupo que alcanzó la deseada conquista. Tres compañeros que cumplieron un sueño del que no piensan despertarse.

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