El Puma de Oro presume fajín de México

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Gabriel Cruz

CIUDAD DE MÉXICO, julio 24 (EL UNIVERSAL).- El niño que con el tiempo se convirtió en el Puma de Oro, supo desde la primera vez que piso un ring que su vida estaría poblada de hazañas.

En la vida y en el pancracio, humilde abajo del enlonado, duro arriba del mismo. "La lucha me ha dado todo pero me ha quitado mucho como persona", acepta, "al final se lo agradezco porque me ha enseñado a ser responsable".

Quien lo conoce, dice que es un joven luchador de la "vieja escuela", que abrazó su sueño durante cinco años de entrenamientos hasta alcanzar un cuadrilátero. "Ser luchador es lo máximo, es mi prioridad".

La empresa IWRG le dio la gran oportunidad y lo valora, "le debo mucho, es mi casa y la voy a defender siempre", advierte el campeón de México. "Es un cinturón nuevo, soy el segundo portador y es un premio a todo el esfuerzo que he puesto para ser luchador. No cualquiera es campeón y menos lo es de México, quiero hacer historia".

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