El profeta de los fichajes: el periodista Fabrizio Romano y su influencia en el mercado de pases de futbolistas

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Fabrizio Romano, uno de los periodistas de fichajes más reconocidos del fútbol, junto a camisetas y premios en su casa en Milán, Italia, el 24 de enero de 2022. (Alessandro Grassani/The New York Times).
Fabrizio Romano, uno de los periodistas de fichajes más reconocidos del fútbol, junto a camisetas y premios en su casa en Milán, Italia, el 24 de enero de 2022. (Alessandro Grassani/The New York Times).

La forma más rápida de comprender el alcance de la influencia de Fabrizio Romano, un periodista italiano de 28 años con una barba incipiente y un iPhone sobrecargado de trabajo, es reducirla a una lista de números fáciles de digerir.

Romano tiene 6,5 millones de seguidores en Twitter, más del doble que, digamos, el Inter de Milán, el equipo involucrado en el momento decisivo de la carrera de Romano, o Bruno Fernandes, la estrella del Manchester United que, sin darse cuenta, convirtió a Romano en un fenómeno global.

Además, tiene 5,6 millones de seguidores en Instagram y otros 4,5 millones de devotos en Facebook. También tiene 692.000 suscriptores en YouTube y 450.000 en Twitch, la plataforma de emisión en directo de video.

O al menos esas eran las cifras la última vez que las revisamos. Lo más probable es que, durante el tiempo que pasó entre la escritura de ese párrafo y su lectura, los números de Romano se hayan disparado inexorablemente hacia la estratósfera. Después de todo, estamos en enero, uno de los dos momentos anuales con mayor actividad para un periodista que cubre el multimillonario y frenético mercado de fichajes del fútbol. Todos los días, las cuentas de Romano atraen a cientos de nuevos fanáticos, quizás incluso miles, que buscan con desesperación noticias de los jugadores con los que su equipo podría firmar, o no.

Sin embargo, a pesar de que estas métricas de redes sociales brindan un panorama inmediatamente comprensible y algo intimidante de la magnitud de la popularidad de Romano (los autoproclamados expertos que cubren la NBA y la NFL podrían hacer afirmaciones similares), no nos dicen mucho sobre cuán profundo es su impacto.

El mes pasado, el delantero español Ferran Torres publicó en Twitter un video que lo mostraba realizando un entrenamiento ligero en las instalaciones deportivas del club de su ciudad natal, Valencia. Torres había pasado las fiestas decembrinas en una especie de limbo suave, mientras esperaba que su antiguo club, el Manchester City, accediera a venderlo al Barcelona.

Para el 26 de diciembre, las cosas se habían movido lo suficiente como para que Torres quisiera que sus seguidores supieran que una decisión era inminente. “Preparándome en casa… Valencia”, escribió en un mensaje publicado junto al video. Y luego, en la siguiente línea, una sola frase: “¡Aquí vamos!”.

Fabrizio Romano, uno de los periodistas de fichajes más reconocidos del fútbol, en su oficina en casa en Milán, Italia, donde graba algunos de sus pódcasts y apariciones en televisión, el 24 de enero de 2022. (Alessandro Grassani/The New York Times).
Fabrizio Romano, uno de los periodistas de fichajes más reconocidos del fútbol, en su oficina en casa en Milán, Italia, donde graba algunos de sus pódcasts y apariciones en televisión, el 24 de enero de 2022. (Alessandro Grassani/The New York Times).

Esas dos palabras pretendían ser el equivalente del mercado de transferencias digitales al humo blanco que sale de una chimenea. Han llegado a significar que un trato no está solo casi listo, sino completado. Y provienen, indiscutiblemente, de Romano: son su sello de aprobación, su carta de presentación, lo que denomina (con un pequeño toque de arrepentimiento) como su eslogan.

Eso, más que el número de seguidores que ha acumulado Romano, es el mejor indicador de su influencia. Cada vez más, tanto para los jugadores como para los fanáticos, un fichaje no ha ocurrido en realidad hasta que tenga el visto bueno de Romano (“Aquí vamos” es ahora utilizado, en algunos casos, como sustantivo: los corresponsales a menudo le preguntan a Romano si está en condiciones de “dar el ‘aquí vamos’”).

Su poder en la actualidad es tan grande que ha dado el salto, no del todo de manera intencional, de ser un simple reportero que cubre el mercado de fichajes de fútbol a algo más cercano a una fuerza dentro de la industria. Y en el proceso, ha difuminado la línea entre periodista e influente, entre observador y participante.

La delgada línea

El verano pasado, cuando el equipo español de Valencia se dispuso a cerrar un trato para fichar a Marcos André, un delantero brasileño que jugó la temporada anterior para su rival en La Liga, el Real Valladolid, la división de mercadeo y comunicaciones del club, VCF Media, recibió la tarea de encontrar una forma inesperada e impactante de anunciarlo.

Después de todo, un fichaje es una oportunidad para que un club llame la atención, gane algunas miradas y quizás obtenga algunos nuevos fanáticos en lo que ya es una batalla global por la captación de audiencia. Valencia no solo compite con rivales nacionales como el Villarreal o el Sevilla por ese público, sino también con equipos de Italia, Alemania e Inglaterra.

El problema, hasta donde pudo determinar el equipo, era que el interés del club por fichar a Marcos André no era nada nuevo. Desde hace semanas, los medios ya venían generando contenido en el que se rumoraba el fichaje. Para llegar a la audiencia más amplia posible con la confirmación, VCF Media decidió hacer algo un poco diferente.

Una vez concluidos los trámites burocráticos del acuerdo y que el jugador había aprobado con éxito el examen físico, el club se puso en contacto con Romano y, con el visto bueno de Borja Couce, agente de Marcos André, le preguntó si le gustaría formar parte del anuncio. Romano accedió y filmó un video corto en el que dio un breve adelanto del trato. El video concluyó, por supuesto, con su frase característica.

Este mes, Romano apareció en videos tanto del Augsburg de Alemania como del Toronto FC de la Major League Soccer, en los que anunció los fichajes del delantero estadounidense Ricardo Pepi y el enganche italiano Lorenzo Insigne, respectivamente. Sportfive, la agencia de mercadeo con sede en Nueva York que produjo el anuncio del Augsburg, no respondió a una solicitud de comentarios sobre si se le había pagado a Romano.

Esas apariciones son evidencia del estatus híbrido de Romano. Por lo general, los clubes europeos prefieren mantenerse alejados de los periodistas de cualquier tipo; el acceso a los vestuarios que suelen ofrecer las grandes ligas de Estados Unidos está vetado. Mantienen sus planes de fichajes en secreto, por temor a que una filtración inoportuna pueda poner en peligro un acuerdo que tiene meses en gestación.

Pero Romano ha sido aceptado por todos los participantes en el mercado. Las cuentas oficiales de redes sociales de los clubes citan su frase característica. Disfruta de interacciones regulares con propietarios, agentes —hace unos días, el agente de Mohamed Salah, Ramy Abbas, le dijo a Romano, de manera espontánea, que estaba “un poco aburrido estos días”, una aparente referencia al estancamiento en el nuevo contrato del delantero del Liverpool— e incluso los propios jugadores.

El mercado global de fichajes es una industria de 6.000 millones de dólares. Los acuerdos pueden llegar a valer millones solo en comisiones, pero son frágiles e impredecibles. Y una palabra de alguien como Romano puede concretarlos o evaporarlos.

Romano sabe que existe cierto riesgo en que la gente le dé “su visión de la verdad”.

“Pero, por otro lado, yo no tengo un programa de televisión que deba llenarse de contenido o un titular que tenga que escribirse”, dijo. Él puede esperar hasta “el momento adecuado” para todos los interesados. “Un periodista no tiene por qué ser el enemigo”, afirmó.

Así es como se ve a sí mismo, incluso ahora con todo ese impacto y alcance. Rechaza el término “influente”, pero cruzó esa línea hace ya algún tiempo. Sin embargo, lo que separa a un observador de un participante, de estar dentro y fuera, es una línea muy delgada. Romano ya la cruzó. Ni él mismo podría decir, con plena certeza, cuál será su siguiente paso.

© 2022 The New York Times Company

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