Preocupaciones, denuncias y un suicidio estremecen al Chelsea

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LONDRES— Tras meses y meses de tensión, los problemas se acumularon dentro del Chelsea Football Club.

Casi una docena de empleados del departamento de mercadeo del club afirmaron que en este punto ya esperaban ser reprendidos por su jefe frente a sus colegas. Otros dijeron haber enfrentado su ira de maneras más humillantes, como cuando les ordenaba que se levantaran y abandonaran de inmediato las reuniones del personal.

La presión pasó factura. Ya para el año pasado, varios empleados del Chelsea habían desaparecido por semanas o incluso a veces meses con permisos médicos. Al menos 10 miembros del personal —de un departamento que emplea alrededor de 50 personas— habían abandonado el club por completo, contó un empleado. Luego, a principios de enero, un exmiembro muy querido del personal se suicidó.

Si bien se desconoce si la culpa fue de la presión laboral, su muerte sorprendió a los empleados del Chelsea que habían llegado a considerarlo un amigo y alguien con quien debatir ideas. Durante las conversaciones en un funeral organizado en su honor a principios de este año, la sensación de conmoción y tristeza se transformó en indignación.

“Esto nunca debió haber pasado”, sentenció un empleado.

En medio de una creciente presión interna para solucionar los problemas, el Chelsea contrató esta primavera a una consultoría para realizar lo que describieron como una “revisión cultural” del departamento de mercadeo. Sin embargo, pocos miembros del personal le tuvieron confianza al proceso: se les informó que la revisión de su lugar de trabajo sería supervisada por el ejecutivo que, según ellos, era el culpable del peor de sus problemas.

Tiempos complicados

Es difícil pensar en un equipo deportivo profesional cuyos empleados hayan tenido que soportar el tipo de incertidumbre que ha enfrentado el personal del Chelsea este año.

El mundo del club quedó patas arriba en marzo, cuando el antiguo propietario del equipo, el multimillonario ruso Román Abramóvich, fue sancionado por el gobierno británico justo cuando anunciaba sus planes de vender el club de la Liga Premier. Hasta que se completó ese proceso, quienes trabajaban para el Chelsea —desde jugadores y entrenadores hasta ejecutivos y miembros del personal de niveles más bajos— estuvieron preocupados sobre cómo hacer su labor, acerca de si todavía se les pagaría por ello y si sus trabajos seguirían existiendo una vez que apareciera un nuevo propietario.

Parte de esa incertidumbre desapareció en mayo, cuando un grupo liderado por el copropietario de los Dodgers de Los Ángeles, Todd Boehly, pagó un monto récord para adquirir al Chelsea y se levantaron las restricciones más pesadas impuestas a los negocios del equipo. Pero mientras todo eso dominaba los titulares, una situación más preocupante se enconaba tras bastidores.

The New York Times entrevistó a casi una docena de actuales y antiguos empleados para la elaboración de este artículo. Al hablar de forma individual, todos retrataron una situación de un entorno laboral disfuncional en el Chelsea marcado por la infelicidad, la intimidación y el miedo. Sin embargo, fue el suicidio en enero de Richard Bignell, el exdirector de Chelsea TV, lo que sacó a relucir las preocupaciones de larga data sobre el ambiente dentro del departamento de mercadeo del equipo —un grupo compuesto por aproximadamente 50 empleados— y el comportamiento de su líder, Gary Twelvetree.

En un comunicado difundido el miércoles 29 de junio, dos días después de que el Times contactara al club sobre las acusaciones de los empleados, el Chelsea informó que su nueva junta directiva había designado “un equipo de revisión externo para investigar las denuncias que se han realizado bajo el propietario anterior”.

“La nueva junta directiva del club cree firmemente en un ambiente laboral y una cultura corporativa que empodere a sus empleados y garantice que se sientan seguros, incluidos, valorados y considerados como confiables”, dice el comunicado.

Si bien el club afirmó que “los nuevos propietarios han tomado las medidas iniciales para inculcar un ambiente consistente con nuestros valores”, no queda claro si la nueva junta ha tomado alguna decisión en respuesta a las denuncias de los miembros del personal contra Twelvetree. El club dijo que Twelvetree no estaba disponible para hacer comentarios.

Si bien la familia de Bignell prefirió no hablar con el Times cuando fue contactada, casi una docena de empleados actuales y antiguos del Chelsea hablaron de una cultura laboral tóxica bajo el mando de Twelvetree que, dijeron, hizo que muchos miembros del personal se sintieran menospreciados, intimidados y, a veces, incluso temerosos de simplemente asistir a las reuniones.

Los empleados hablaron bajo condición de anonimato porque algunos todavía trabajan en el Chelsea o en el fútbol y temían represalias o ataques a su reputación profesional por detallar sus experiencias públicamente. Pero el informe de un forense compilado tras la muerte de Bignell en enero y revisado por el Times vinculó su suicidio a la “desesperación tras la pérdida de su trabajo”.

En marzo, debido a la presión tras la muerte de Bignell y en medio de la creciente frustración entre los colegas y amigos que había dejado, el Chelsea contrató a una empresa externa para investigar la cultura dentro del departamento, así como las acusaciones de intimidación y abuso realizadas por varios empleados contra Twelvetree. Pero, para frustración de algunos empleados, el club no reconoció en ningún momento que la revisión estuviera relacionada con su muerte o con alguna denuncia específica.

Un miembro del personal que se fue del departamento de mercadeo del Chelsea aseguró que la experiencia de trabajar con Twelvetree simplemente se convirtió en algo demasiado difícil de soportar. Temiendo por su salud mental, el empleado renunció al club a pesar de no haber conseguido otro empleo. Sin embargo, la experiencia había sido tan estresante que el exempleado se lo detalló por escrito a Bruce Buck, el presidente del Chelsea. Otros afirmaron haber expresado preocupaciones similares en comunicaciones con otros altos ejecutivos o en entrevistas de salida con el personal de recursos humanos del club. Pero al parecer poco cambió más allá de una rotación de empleados que se había vuelto tan común que se convirtió en un secreto a voces entre los reclutadores que a veces dirigían a los candidatos hacia los puestos vacantes en el Chelsea.

Los miembros del personal dijeron que aún no han recibido ninguna conclusión de la revisión ya completada y que no ha habido cambios en las prácticas laborales.

“Me considero una persona bastante fuerte y antes de trabajar con el Chelsea nunca sentí que tuviera preocupaciones sobre mi salud mental”, afirmó un exempleado del departamento de mercadeo. “Pero poco después de unirme al club comencé a no dormir bien y eso empeoró cada vez más”.

Esa ansiedad se hizo visible en Bignell, según varios de sus excompañeros. Bignell había sido un miembro popular del club y dirigía su proyecto televisivo, Chelsea TV. Inicialmente, el canal estuvo a cargo del departamento de comunicación del club antes de pasar al de mercadeo, como parte de una nueva estrategia digital implementada por la directiva del club.

Esa modificación significó cambios profundos para Bignell, quien había pasado una década dirigiendo un canal de televisión y ahora le habían exigido cambiar su enfoque para producir contenido digital para las redes sociales, cuentas que estaban bajo la dirección del personal de mercadeo del equipo. La relación entre Bignell y Twelvetree, recordaron los miembros del personal, era tensa: Bignell, como otros, tuvo problemas para lidiar con el estilo de gestión del director de mercadeo, que podía incluir críticas mordaces y gritadas sobre su trabajo que, según contaron algunos empleados, en ocasiones hacían llorar a sus colegas.

Bignell, un hombre casado y padre de dos hijas pequeñas, les ocultó en gran medida a sus compañeros de trabajo el tormento que sentía, afirmaron los empleados. Lo describieron como alguien que tenía una disposición alegre y positiva, un colega siempre dispuesto a escuchar o compartir un chiste. Pero poco a poco, según personas que lo conocieron, su estado físico se había estado deteriorando de forma notable.

“La última vez que lo vi caminaba por Stamford Bridge y estaba hecho un desastre”, contó un colega que se encontró a Bignell en el verano de 2021, por la época en que se había ausentado del trabajo por permiso médico. “Lucía enfermo. Había perdido mucho peso”.

Bignell regresó al Chelsea en septiembre y fue despedido abruptamente al día siguiente. A principios de enero, se quitó la vida. El equipo, cuando anunció su muerte en su sitio web, dijo que el “muy querido” Bignell había sido “un miembro muy popular y respetado de la amplia familia televisiva del fútbol y los deportes”. Luego, el informe del forense vinculó su estado mental en el momento de su muerte con su despido del Chelsea. “Richard estaba profundamente afectado por la ansiedad, la depresión y la desesperación tras la pérdida de su empleo”, sentenció el informe.

Un éxodo en curso

Incluso después de la muerte de Bignell y la revisión cultural del club, el personal del departamento de mercadeo del Chelsea ha seguido perdiendo empleados.

Los que se han ido afirman que ya se han acostumbrado a brindar apoyo emocional a los colegas que se han quedado. Por ejemplo, una exempleada del Chelsea afirmó que, tras asistir a una fiesta reciente organizada por la partida de varios empleados, había hablado con tantas personas que estaban teniendo dificultades con la vida en el trabajo que sintió que el evento se había convertido también en una sesión de terapia.

Mientras tanto, el nuevo grupo propietario del Chelsea informó el miércoles que se había comunicado con los familiares de Bignell a través del abogado de la familia. “Nuestro corazón está con toda la familia de Richard”, dijo el comunicado del equipo. “Su fallecimiento ha sido profundamente sentido por sus colegas en el club y en toda la comunidad futbolística”.

© 2022 The New York Times Company

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